TENGO QUE CONTAROS ALGO…

TENGO QUE CONTAROS ALGO…

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Tengo que contaros algo. No quiero que os asustéis, esto le puede pasar a cualquiera. Y no se trata de agarrarle miedo a la vida… Se trata de vivir. Precisamente la idea de contarlo es para que lo hagáis. Veréis, parece que cierto rumor se ha extendido a una velocidad insospechada. Alguien ha dado la voz de alarma, y ahora todo el mundo quiere… Bueno pues…

Lo voy a contar para que tengáis cuidado…. Esta mañana han llamado a la puerta de casa a eso de las 7h. Vivo sola con mi perro. El susto ha sido tremendo, me he quedado en silencio, pensando qué hacer. Pero ante la insistencia del «tocador» de timbres, mi perro Alfredo, ha salido corriendo hecho un ariete hasta la puerta. Yo me he puesto una camiseta al vuelo, no está bien abrir casi desnuda, y me he asomado por la mirilla. Ha sido inútil, no se veía nada, pero ante la insistencia con el toqueteo del timbre, he abierto…

Al hacerlo, me he encontrado a un señor muy alto, vestido de salchicha Bratwurst. Sin mostaza, ni curry, vamos, una salchicha a pelo. Y lo primero que he pensado ha sido… ¿donde están los panecillos?

Me ha dicho que lo registrara, y yo le he dicho que sin panecillos parecía que iba disfrazado de otra cosa, y que no estaba bien registrar a un tipo que parecía… bueno… parecía.. otra cosa, ya sabéis.

Alfredo ha empezado a olisquearlo, a darle lenguetazos en los tobillos, cada vez con más interés… hasta que le ha soltado un bocao a la altura del culo, justo donde la salchicha se hacía más gorda… La verdad es que el señor parecía más bien un morcón y nosotros aquí sin desayunar. No somos de piedra, oiga.

Bueno, ¡¡¡Pues no sabéis cómo se ha puesto la salchicha!!! Ha empezado a emitir unos grititos, que por cierto, no me han sonado nada masculinos, la verdad. Parece que le ha dolido… pero entre gimoteos he logrado entender que lo que quería era que  yo lo registrara en ¡¡¡EL CONCURSO DE CUENTOS A LA PORRA!!! ¡¡Anda que!!

Pero, alma de Diosssss, ¡¡hay formas más fáciles de hacer las cosas!! Escribe tu relato para el concurso y mándalo ya, a desafiosliterarios.com. No hace falta que te disfraces, pero si tú quieres, ¡¡adelante, no te cortes!!

¡¡No esperes más, manda tu relato al Desafío, y deja de hacer cola en la puerta de mi casa!!

¡Voy a mandar a todos los escritores a la porra!

UN TRÍO PARA DOS

UN TRÍO PARA DOS

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Teruel, 2.30 de la madrugada, en algún lugar indeterminado del bosque, en una cabaña junto a un río, no digo más.

No duermo, es un hecho. Y el caso es que mi insomnio no obedece a unas razones claras. Será por eso que los ansiolíticos no funcionan conmigo. Aumentaré la dosis. Sí, o quizás debería salir a caminar por más tiempo. Respirar y pensar con claridad. La montaña siempre regala pensamientos frescos, o eso dice la gente rancia. El aire limpio del bosque lo sana todo, excepto los recuerdos.

Ha pasado un mes desde el primer ataque. Está resultando más dura de lo que pensaba, los tobillos son delicados, pero sus fracturas ya han comenzado a soldar sin el yeso. Me provoca cierta ternura pensar en todos esos huesecitos intentando encontrar el camino correcto a su base. Esas pocas terminaciones nerviosas intentando conectar, sin éxito.  ¡Caramba! estoy impaciente por verla caminar. Con un poco de suerte su cojera será irreversible.

Respecto a las lesiones oculares, no lo tengo tan claro. Es cierto que me precipité al pegarle los párpados con pegamento para porcelana, quizás debería haber experimentado antes con la aguja y el hilo de algodón. El resultado habría sido mucho más estético, sin duda. Pero bueno, ya falta poco. En unos días levantaré su vendaje y podremos comprobar que tal ha resultado mi atrevimiento. Temo que la ceguera sea solo parcial, que hayan quedado algunos claritos que dejen entrar la luz. Pero seguiré intentándolo. Ella lo merece. Merece todo mi esfuerzo para hacerla inútil.

Anoche volvió a despertarme, como todas las noches en realidad. Eso no me ayuda a la hora de dormir. Nota mental : “Debo usar tapones de silicona”.

No fui a atenderla, ni pensarlo. Yo estaba ocupada y embelesada porque “En aquel momento, estaba leyendo el “Tratado de filosofía casera para una generación obtusa». Un libro muy especial de Enrique Brossa”. No pensé ni por un momento en dejar mi lectura por sus quejas.

El caso es que ya se hace pesada, debería cortarle de un vez la lengua y zanjar esos molestos ruiditos que no me dejan dormir, pero la necesito con voz. Quiero oírla gritar de terror. Quiero que ella misma se oiga en voz alta. ¡Que resuene en el viento su lamento! Estos pensamientos me están resultando incluso poéticos. ¡A ver si al final voy a terminar empatizando con ella!

He buscado entre sus mensajes, intentando encontrar su comida favorita, para atenderla bien el tiempo que dure este encierro, pero no he tenido suerte, solo hallo conversaciones puramente sexuales. No sabía que mi marido fuese tan pasional. A mí nunca me hizo ese tipo de guarradas, ni siquiera me lo sugirió, pero claro, es como todos, solo piensa en hacer cochinadas con la mujer de otro.

Bueno, una vez siendo novios, sí que me propuso hacer un trío, pero yo me negué, ¡por supuesto! ¿Qué clase de novio te pediría algo así? Está claro, el tipo de futuro marido que solo piensa en ponerte los cuernos, en cuanto pueda.

Pero, y ella… ¿De dónde había salido ella?

Ah, sí, lo olvidé. Ella es una de esas mamás del cole. Una de esas que no tienen otra cosa que hacer, más que leer folletines eróticos para petardas insatisfechas y buscar entre los papás de otros nenes a su galán trasnochado.

Suelen ser mujeres que no salen de noche. Vampiresas de día, que atacan a sus victimas entre Croissanes y Capuccinos. ¡Qué simpáticos son todos al calor del café matinal! Y si encima tiene perro, el tiempo de conquista se acorta considerablemente.

Pero esta perra, no tiene perro. Aunque podría decir que ha cogido una perrera que vaya…

Entre sus cosas encontré dos billetes de avión para Pukhet. Ya ves, mi Manu, ¡que nunca me ha llevado a mí de veraneo! Pues parece que ya tenían previstas sus vacaciones, y ahora llego yo y les condeno a otro verano a la porra. Bueno, pues que se jodan, como mis veranos de toda la vida, haciendo tortillas de patatas para ir a la piscina.

Claro que… ahora que ella lo ha dejado, mí Manu me ha pedido que vuelva. Es que… ¡Qué bien me quedó la nota de despedida que le hice escribir! A veces estoy tan orgullosa de mis ocurrencias…  Ahora él cree que ella lo ha abandonado. Sufre su ego, pero se recuperará pronto.

Pasará el verano, entre tanto yo me haré la dura, y en septiembre regresaré a casa con él. Total, si son todos iguales, para qué voy a buscar a otro.

Y tampoco lo estoy pasando tan mal, estamos aquí su amante y yo en esta cabaña veraniega. Y tengo tantas ganas de jugar con ella a “Hostel”. Espero que me aguante viva y no se muera a mitad de agosto, eso me cortaría un poquito el rollo.

¡Ay! Hoy me siento realmente bien, con un poco de sueño, sí, pero creo que me daré un relajante paseo en bicicleta por el bosque. Porque las bicicletas son para el verano, y este verano yo no pienso mandarlo de nuevo a la porra.

 

PARTICIPA TÚ TAMBIÉN EN ESTE CONCURSO. AQUÍ TIENES LAS BASES:

La erótica mirada del jaguar

La erótica mirada del jaguar

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Tiene algo este antro de hotel, me hace sentir tuya, sucia y morbosa. Es un templo digno para este campo de batalla tuyo y mío.

Llevo tu camiseta, la que te robé de la maleta la última vez que te vi. Me abrazo a mi misma, intentando atraparte entre mi cuerpo y tu ropa. No estás, pero noto tu presencia. Oigo las puertas de al lado, abrirse, cerrarse… murmullos, risas, trasiego de amantes, viernes noche.

Estoy impaciente, no llegas. Percibo los gemidos de otras parejas,  atraviesan descaradamente la pared del cuarto. Podría llamar a alguna de esas puertas e invitarme a su fiesta. Tengo  hambre de todo y de ti. Recibo tu mensaje: “ATASCADO, llegaré un poco más tarde”.

¡Vaya!, debería calentar esta espera, pero antes respondo a tu mensaje: “He vendado mis ojos con el lazo de terciopelo negro que me regalaste. Voy a dejar la puerta entreabierta. Entra cuando llegues”. Enviar—> Sonrío y me encojo de hombros, me divierte.

Oigo gente en el pasillo, no dejan de pasar. Me da risa pensar que se cuele alguien y que me encuentre así, desnuda en la cama, con los ojos vendados, abandonada a mi suerte… La verdad es que me da cierto morbillo. Y si cuando llegues resulta que estoy… No, no… antes comprobaría por debajo de la venda que eres tú… Nunca dejaría que otro me…

Pero, ¿y si… alguien entrara y me obligara a pasar  mi pie por su entrepierna?… Eso podría ponerme cachonda, creo que ya no podría frenarlo… Ese modo de sentirme atrapada entre los muslos de mi amante. ¡Agh, prefiero no pensarlo! Te espero.

Pero, ¿y si llegaras y al ver la escena, te quedases a mirar, escondido tras la puerta? Me pregunto ¿qué sentirías al ver como gozo de otro cuerpo que no es el tuyo? Imagino cierta rabia y sorpresa al principio, pero acto seguido te excitaría observar lo que pasa, mi forma de poseer a otro cuerpo.

Podría notar tu presencia en cualquier situación. No necesito desprenderme de la venda para saber que estás cerca. Te huelo a lo lejos. Como un depredador a su presa. No hay cuerpo, ni mente que yo desee poseer, que no sea el tuyo. Todo lo demás son personajes sin papel alguno en lo nuestro. Estás llegando, puedo olerte, cierro los ojos, me dispongo a esperarte… Pienso… ¡¡qué suerte la mía!!

¡¡Al fin llegas!!

—Cariño ¿por qué estás tan solita y a oscuras?… ¿No será que esperabas visita? ¡Ven aquí majadera mía! ¡Tengo hambre de todo!

—Joder, Alvarito ¿cómo que por qué estoy a oscuras? Pues, creando ambiente cari, creando ambiente.. ¿Cómo que por qué estoy a oscuras? Llegas tarde y también tengo hambre, ¿lo sabes? – le digo encaramándome a su cuerpo.

—¿Ah, sí? ¿Y qué tipo de hambre tienes tú eh?… a ver… tienes hambre… ¿por aquí… o por aquí? o…

—Álvaro, ¿te das cuenta que nosotros nunca nos hemos tapado con una sábana? ¿Te das cuenta lo bien que tú y yo nos orientamos en cualquier situación, incluso en la oscuridad? Me hago tantas preguntas cuando estoy contigo. ¿Te das cuenta que no tenemos miedo a la tormenta? que nosotros sabemos mirar directamente al Sol a los ojos, sin quemarnos. ¿Te das cuenta, que tu cuerpo es mi santuario?, ¿has pensado siquiera alguna vez, que para mí eres un templo donde meditar y orientar mis plegarias hacia las estrellas, casi por instinto. ¿Y te has parado a pensar, que algo así solo acontece en La Tierra cada ciento cincuenta millones de años, pero que sin embargo, sucede en mi cuerpo cada vez que sonríes. Que  mi mirada cambia cuando me besas, cuando introduces tus dedos en mi boca, y te observo… Te observo como un jaguar a su presa. Que somos insaciables, generosos e ilimitados en la posesión de nuestros cuerpos. Que somos criaturas hambrientas, realimentadas por nuestras fantasías que se complementan sin esfuerzo. Y que no tenemos que ponernos de acuerdo en nada, porque no hay pactos previos en nuestra cama…

Que nuestra cama es ancha, sin leyes. Sin borde definido. Y que la única opción que impera entre estas cuatro esquinas, es amarnos despacio, pero con mucha prisa… El hambre es así, no respeta espacios ni tiempo. Dos cavernícolas con una chuleta de brontosaurio entre las manos…Ese es nuestro acuerdo, ese es nuestro retrato.

¿Te has dado cuenta que estamos encadenados en la profundidad de la misma caverna?, dos seres, un muro y una hoguera. Pero sin mitos, ni leyenda. La más real de las fantasías, no somos una ficción proyectada por la luz de la hoguera… No existen figuras borrosas, ni sombras falaces, ni zonas oscuras. Hay una luz blanca presente, hay verdad sin espejismos, sin que por ello deje de reinar la más dulce de las fantasías, por eso acabamos siempre en el suelo… imposible contener tanta pasión en un espacio tan limitado. Nuestra cama es ancha, sí… pero siempre acabamos en el suelo.

—Joder, cariño, cuando te pones profunda… Te pones… Me pones…

—¿Quieres saber cómo estoy de profunda?… Pues ponte, ponte Alvarito, que estoy hambrienta.

Marley

PARTICIPA EN NUESTRO CONCURSO DE ESCRITURA, PREMIO EN METÁLICO

Obsesión, bergamota y cayena picante

Obsesión, bergamota y cayena picante

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Imaginaba como  sería mostrarse desnuda frente a un hombre, clavaba sus ojos verdes en el espejo, absorta, descubriendo su cuerpo reflejado, tras el paso de sus propios dedos, mientras se soñaba cabalgando sobre el pan caliente del panadero.

Sigue…

En ocasiones, cuando se acariciaba, mordía con rabia algún trozo de pan. Se figuraba que parte del sabor y el olor del muchacho, estarían mezclados con la masa horneada, y que de algún modo, al morderlo, la esencia de Salvador entraría en ella, como el Espíritu Santo al comulgar. Imaginaba a su panadero con el mandil y las manos llenas de harina, agarrando sus muslos y torneándolos a la par… dándole forma humana al fuego divino que abrasaba su piel, amasando sus pechos como dulces “mediasnoches» que cobraban forma entre sus manos.

Soñaba con sentarse en su regazo y hablarle al oído, mientras él rodeaba su cuerpo para despojarla de su ropa, y allí mismo, tumbada sobre la mesa, entregarse extasiada a él, con las piernas encaramadas en la encimera, como mártir consentida que espera ser travesada por la espada de un ángel justiciero o vengador, y pagar, pagar con gusto su pecado.

Pero la realidad es que estaba sola frente al espejo. Ella a solas con sus voluptuosos pensamientos, preparándose para una cita incierta. Ya que Salvador no estaba al tanto del fuego interno que calentaba las entrañas de la dulce y cándida Monny.

Noches atrás, en la comunidad, se había formado un gran revuelo. Al parecer, una nota con una extraña receta había aparecido entre las hojas del suelo en el patio de naranjos, junto al pozo de piedra. Margot, la compañera de cuarto de Penny, fue la afortunada descubridora. Nada más hallarla se inclinó con rapidez y la atrincheró entre sus manos, como un preciado tesoro al que solo ella debería tener acceso. La leyó en silencio y acto seguido corrió a su cuarto, ocultando la nota entre la blusa y el pecho. A simple vista, se trataba de una sencilla receta de cocina, una mezcla de condimentos para un asado quizás. Aunque algo dentro de ella se despertaba rugiendo como fiera dormida. Y se sintió llena de emoción, sin saber muy bien porqué.

El tiempo entre aquellas paredes parecía pasar despacio, mucho más despacio de lo que las impacientes hormonas de las novicias deseaban. Y ocurrió lo que tenía que suceder, que la imaginación de las chicas voló sin remedio, buscando refugio en lugares más cálidos.

20 gotas de aceite esencial de almendras dulces.

2 gotas de alcohol de romero en flor.

10 gotas de agua de rosas + 1 de agua bendita.

5 gotas de perfume de bergamota, una ramita de lavanda, 1gr de cayena molida y media cucharilla de miel de castaño.

Frotar previamente el frasco con guindilla antes de poner a macerar todos los ingredientes.

La joven Margot se deslizó como un ladrón sigiloso hasta las despensas del convento y reunió cada uno de los elementos necesarios, llevándolos hasta su cuarto ocultos en un paño de cocina. Dispuso todos los ingredientes de tal receta sobre la mesilla de noche, y fue rellenando el frasco siguiendo cuidadosamente las instrucciones allí escritas. Los dejó reposar todo el día, mientras afuera se dedicaba a las tareas propias de la comunidad, el estudio y la contemplación. Al caer la noche cuando se retiró a dormir, descalza ya, deshizo el nudo de su ligero hábito y lo dejó caer al suelo y se recostó impaciente, desnuda en la cama, sin dejar de mirar el frasco.

Aquella receta despertaba gran interés en la impulsiva muchacha, que en lugar de pensar en asados, pensaba en perniles. Destapó el frasco con miedo, como si esperara que pudiese brotar de él un genio o un extraño maleficio. Al hacerlo, el perfume de aquellas esencias inundó la estancia, tornando el aire algo plomizo y dulzón. El calor de su cuerpo bajo las mantas de lana le hizo destaparse sofocada, y dejó su figura desnuda a la vista, ofrecida a sus propias manos en misión de reconocimiento.

Volcó unas gotas del elixir sobre su dedo índice, y humedecido, lo pasó por su boca para probarlo. La punta de su lengua se apresuró a recorrer la comisura de sus labios, haciendo que cambiara de expresión varias veces en pocos segundos. Un dulce picor punzante se apoderó de sus sentidos. La mezcla se prometía interesante, se sintió jovial dejando caer algunas gotas también sobre su ombligo. Las gotas siguieron el cauce natural de su cuerpo hasta llegar a la zona sagrada e intocable, esa que una chica como ella, jamás debería tocar con intenciones impuras… Margot apretó los muslos intentando atrapar las gotas que se deslizaban por sus ingles hasta las sábanas. El calor de la guindilla y la suavidad de los aceites esenciales, facilitaron el roce de su dedo índice, que patinaba sin pudor, sobre el pequeño botón impuro, culpable de su arrebato.

La puerta se abrió de golpe, y Monny sorprendió a Margot jugando con su expresivo cuerpo, un torso cálido y pletórico que dibujaba gozosamente bajo sus dedos. Abrió los ojos de par en par y asustada cerró la puerta de nuevo… Se quedó quieta observando a la muchacha, no supo que decir, pero pudo sentir el galope agitado de su corazón. Margot más impulsiva, aunque algo avergonzada, le sonrió, y extendió su brazo ofreciéndole el frasco ya abierto…Y con un susurro que apenas podía entonar con sus temblorosos labios le dijo… ¿Quieres probar? Continuará…

Obsesión, jabón caliente

Obsesión

Obsesión, jabón caliente

Obsesión, jabón caliente

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Aquel domingo Penny se propuso entregarse a su salvador… Y preparó una cita, en la que él no tendría más remedio que concederle todos sus deseos, y amarla suciamente, como se ama solamente a una cándida aprendiz…

Pero no siempre el maestro resulta ser un experimentado guía, ni el aprendiz tan cándido, como se presupone…Y es que nunca hay que infravalorar a unas manos inexpertas, ni a una torpe boca, hambrienta…

La mañana de aquel domingo de noviembre se propuso muy fría. Los últimos pronósticos del hombre del tiempo no habían sido nada alentadores. La gente se aprovisionó de leña y víveres para esperar sin miedo, a lo que se prometía la peor nevada en 50 años… La naturaleza salvaje tan solo se hacía eco de la fuerza interior de aquella criatura, desecha en deseos de probar la carne erecta de su adonis panificable, y encontrar así, sentido a la vida misma, y a la torcida voluntad de Dios.

Monny se levantó urgida en dirección al baño, a la búsqueda de su pastilla de jabón de aceite de magnolia. Al tenerla entre las manos comprendió que ya iba siendo hora de reponerla, desgastada de tanto uso…

Y es que la lozana y novicia andaluza, a falta de otros instrumentos con los que jugar, encontró un amable consuelo en la magnolia jabonosa. La delicada y aterciopelada pastilla de jabón que hundía sin compasión en el agua hasta humedecerla, para acto seguido deslizarla sinuosa y rítmicamente, y dejarla atrapada  durante unos segundos entre la curvatura ondulante de sus muslos. De atrás hacía delante… como una ancha lengua lamiendo un incitante helado. Así, tal y como le habían recomendado las hermanas mayores de la comunidad, con el fin de asegurarse una correcta higiene, nada más.

Los impetuosos labios vaginales de Penny afloraban como molletes recién horneados… gruesos, de borde redondeando. Luciendo como impacientes mofletes que desean ser pellizcados. Penny disfrutaba jubilosa de su pequeño descaro volcánico, ese con el que la madre naturaleza le había obsequiado por ser mujer. Su anatomía perfecta le proveía de un sinfín de terminaciones nerviosas, receptivamente dispuestas para deleitarse con el menor roce… El pequeño botón al que ella misma no sabía ponerle nombre, sobresalía como un caramelo que se sostiene derretido entre los labios. Empapando de azúcar todo el borde algodonado de su piel.

Desde que Penny conoció a Salvador, cada una de sus caricias correspondían a un pensamiento fijo, una imagen, la del hijo del panadero. Frente al espejo engarzaba sus dedos con su cabello ondulado. Desnuda, dejando ocultos sus pezones tras una briosa cabellera rojiza y ensortijada. Suspiraba, imaginando como sería mostrarse desnuda frente a un hombre. Volvía a suspirar y clavaba sus hechizantes ojos verdes en el espejo, absorta, redescubriendo su limpio y caliente cuerpo reflejado, tras la caricia de sus párvulas manos, mientras se soñaba cabalgando sobre el apetecible pan caliente, del panadero.

Continuará…. Pero mientras puedes participar en nuestro CONCURSO LITERARIO 

1ª Parte: https://desafiosliterarios.com/columnas/el-alma-de-marley/obsesion/

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