Me hablas, te miro, sonríes. Nuestra conversación es fluida, hablamos el mismo idioma, el de la amistad. Sé que cuento contigo del mismo modo que tú sabes que estoy ahí, que te encanta alagarme y corresponder cuando yo lo hago, que estás atento a mis movimientos, no sea caso que tropiece y me haga daño. Me cuentas tus aventuras y luego me miras a los ojos para que te dé mi opinión…

Hoy me preguntaba si eso era amor. Porque recorrí senderos que me hicieron sufrir y yo creía que era amor. Deseé besar, abrazar y dejar salir toda la pasión retenida dentro de mí, y estaba segura de que eso era amor. Lloré decepcionada por no tener a mi lado el hombre de mis sueños; cuanto más lo necesitaba más se alejaba de mí. Había soñado vivir con él grandes aventuras, recorrer juntos nuestro camino, que él fuera mío y de nadie más y yo solo viviría para él ¿Era amor?

Te conocí y tuve de ti todo cuanto necesité para recuperar mi equilibrio. Miro tus ojos y veo en ellos un afecto limpio, veo tus manos tan hermosas y no deseo que me acaricies, veo tus labios y no espero tus besos, solo me alimento de tus palabras, de tu esencia, del hecho de que existas y por nada del mundo deseo que seas para mí.

Y sigo preguntándome si esto es amor, porque me liberas y te doy libertad. Porque simplemente estás y llenas mi vida de ilusión y serenidad ¿Será la amistad una amor más real que aquel otro sentimiento encadenante que también llamamos amor?

 

Mi pasión, mi necesidad: escribir, comunicarme, penetrar en el mundo de las pequeñas cosas; unirme a la vida y contagiar.

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