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He leído relatos sobre el futuro, he visto película, debates y no sé cuantas cosas más.

Y, es curioso, porque todo responde al mismo patrón. Por un lado:

Destrucción total. Pequeños grupos de supervivientes que se esconden para salvar sus vidas. No tienen agua, ni comida, pero tienen armas. A veces los destructores son los de fuera del planeta, otras veces es el mismo hombre. Tal vez algunos, los más egoístas, consiguieron salir, rumbo a otra galaxia, en naves que guardaron escondidas en túneles excavados a grandes profundidades, para que nadie los descubriera. Lo podemos animar con zombis, o con animales enormes  y de gran crueldad que han revivido de la prehistoria.  La imaginación humana no tiene límites para la destrucción.

Y, por otro lado:

Ya no hay que trabajar. Los robots lo hacen todo. En nuestras huertas en lugar de tomates y pimientos, las plantas tendrán colgadas latas de frutas y de hortalizas. No tendremos enfermedades porqué llevaremos implantado un chip y seremos todos transgénicos. Tal vez no tendremos que ir al baño a evacuar, no habrá restos; en todo caso otro chip se encargará de ello y nosotros solo tendremos que cambiarlo cada día como si fuera una camiseta. Nos volveremos ociosos, vagos y turumbas porque sin nada que hacer o que pensar nuestras mentes se atrofiaran. Tampoco existirá el amor. ¿Para qué?, menudo rollo, tener que pensar en los demás.  Los niños se fabricaran en probetas así las mujeres no perderán su figura y no tendrán la lata de amamantar a los peques. Tampoco cuidarán de ellos, para esto estarán los robots.

Deprimente ¿No?

Pocas mentes humanas están preparadas para “crear” futuro y mientras, divagan con idioteces que empobrecen y anulan.

La raza humana, la que se gesta en este planeta es la cosa más maravillosa de la creación.

Vean sino, las maravillas de las que ha sido capaz. Un concierto, por ejemplo, con cincuenta maestros tocando sus instrumentos al unísono sin fallar en una sola nota. La gimnasia rítmica, o el patinaje artístico. Los malabaristas y contorsionistas, cada vez más perfectos. Los retos que se marcan los aventureros, marinos, ciclistas, escaladores. Los grandes inventores, científicos, escritores y, aunque yo no soy amante del futbol, hay goles que parecen bordados por un ángel.  Y no acabaríamos la lista.

A parte de que nadie sabe si llegará el caso de que se destruya el planeta, cosa que no creo, porque la madre tierra es un ser vivo con conocimiento de causa y sabe cuidarse a pesar de sus inconscientes hijos,  la verdadera construcción  y destrucción está dentro de cada uno y es el resultado de ser conscientes, y para ello hay que trabajar, trabajar con uno mismo, y no enredarse con las trampas que nos impiden acceder a las cualidades de nuestro interior.

Yo veo el futuro como debió ser el origen, pero con la diferencia de que la evolución ha llevado al hombre a conectar con su interior. Seguro, seguro que hay un por qué de la creación  y también un futuro  que, con perdón, puede ser la “ostia”.

No tendremos robots, no nos harán falta, tendremos las necesidades básicas cubiertas porqué  trabajaremos en unidad, y el trabajo tendrá otro nombre  (Crear, colaborar, construir,) No necesitaremos estar pegados al móvil porqué nos conectaremos mente a mente. Tampoco tendremos que recodarnos que nos queremos lo sabremos mirándonos a los ojos, y si estamos separados lo percibiremos como un estallido de luz a la altura del corazón. Tampoco nos dedicaremos a tener hijos, pero cuando lo hagamos será la capacidad más sagrada y hermosa de la que nos dotó el creador: construir un vehículo para que un alma nueva pueda experimentar y evolucionar.

No seremos vagos, ni perezosos, ni ociosos; nuestras mentes estarán creciendo, creciendo y creando lo que todavía no existe.

Y tal vez conozcamos a nuestros hermanos del Cosmos y nos vayamos de vacaciones a otros planetas para contarles nuestras experiencias  y recoger las de ellos.

A mí me parece una maravilla porque este futuro lo siento dentro de mí.

Mi pasión, mi necesidad: escribir, comunicarme, penetrar en el mundo de las pequeñas cosas; unirme a la vida y contagiar.

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