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Cuando se desata la tormenta y enormes gotas de lluvia rompen sobre mis cristales. Cuando los rayos rasgan el cielo y el trueno hace que tiemblen las paredes de mi hogar. Cuando el viento se lleva alguna rama y arrastra las hojas barriendo el suelo, algo se mueve dentro de mí, algo que no traduzco como temor o miedo. Porque a veces me siento así, agua mansa que construye, agua enfurecida que limpia para sacar de dentro lo que es verdadero. Me siento rayo que destruye las mentiras y busca la forma de iluminar mi mente para comprender lo que parece incomprensible. Me siento viento viajando hacia los mundos aún no descubiertos y un enorme deseo de lanzarme al remolino de lo incierto.

¿Qué nos estarán diciendo los elementos?

A muchas personas les producen, por lógica, temor porque se llevan vidas y arrasan y destruyen todo lo que levantaron con esfuerzo.

¿Es esta la forma que tiene la madre tierra de decirnos que llevamos un camino equivocado?

Dice el refrán “Quien siembra vientos recoge tempestades”.

También me pregunto si hemos aprendido la lección o seguimos erre que erre, reforzando nuestro ego. Tal vez se nos ha acabado el tiempo. No hemos sido capaces de leer las señales que se escriben en los cielos y ahora llega la recolección de lo que hemos sembrado en nuestro recorrido por esta maltratado bola azul que navega por el espacio.

Seguimos sin reconocernos habitantes de una única nación. Somos un único pueblo, con diferencias, sí, porque ahí está la riqueza del hombre. La diversidad nos hace únicos en todo el Universo.

¿Quien diseñó tan bella criatura? ¿Quien puso esa capacidad de aprender de todo y de todos? ¿Por qué razón pensamos que solo es bueno lo nuestro y los demás están equivocados? ¿Por qué seguimos cristalizados en unas ideas que nos llevan a dar vueltas sobre nosotros mismos? Rechazamos las ideas de los demás, las culturas, los idiomas, el color, la religión, y vivimos queriendo imponer nuestros criterios.

Y este no es el plan. No se construyó la raza humana  para que los hombres se mataran entre ellos. Si “El hombre será salvado por el hombre”  dijo Jesús, aquel gran maestro, tendríamos que preguntarnos ¿Qué estamos haciendo?

¿Cómo utilizamos esta mente creativa que tenemos? ¿Para evolucionar o para seguir creando y viviendo en la inercia, el inmovilismo, el orgullo, las ansias de poder, el individualismo, la crueldad, la sinrazón y la separatividad que crea muros entro unos y otros y nos priva de aprender la grandeza de lo que cada uno es?

Y es que solo si todos nos unimos mirándonos como habitantes de una sola nación, la tierra, seremos poderosos, sino, ahí estan los elementos para decirnos que, separados, no somos nada, somos tan débiles como una de estas hojas que se lleva el viento.

 

Mi pasión, mi necesidad: escribir, comunicarme, penetrar en el mundo de las pequeñas cosas; unirme a la vida y contagiar.

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