La vida, en sí misma, es una aventura. Arriesgarse a nacer de nuevo en un planeta lleno de contrastes, donde la vida y la muerte van cogidas de la mano, la belleza se codea con la fealdad y el desamor con el cariño, denota la valentía de las almas que deciden volver.

Imagino que antes de nacer uno sabe dónde se va a meter, y lo acepta, porqué es valiente, arriesgado y amante de la aventura, vamos un guerrero cósmico, porqué luego no nos acordamos de nada. De dónde venimos, quienes somos y si es verdad que existimos en otras vidas o tal vez esta que desgranamos día a día como las cuentas de un rosario es la única y nada más.

Hay muchísimas personas que viven sin pensar en todo esto. El trabajo, cuando lo hay, las hipotecas, los hijos, los problemas personales, la familia…Un cóctel que vacía nuestra mente de un sentido real de la vida y la convierte en una rutina.

Otros despiertan. (Se supone que quien no piensa es que está dormido) Quienes despiertan lo hacen lentamente y por una necesidad interna que los impele a preguntarse constantemente por qué suceden las cosas.

¿Por qué amo? ¿Por qué sufro? ¿Qué hago bien? ¿Qué hago mal?… Y ahí comienza una guerra con uno mismo que nos hace desear seguir dormidos. Pero no hay marcha atrás. No puedes esconderte debajo de la cama, ni huir a otra ciudad, ni cerrar los ojos y los oídos para no ver ni escuchar.

Un día sale el sol dentro de ti y te ves. Ves que estás prisionero de la opinión de los demás,  que sufres cuando te insultan, cuando no te valoran, cuando amas y no eres correspondido, cuando las cosas no salen como tú quieres. Descubres que tienes miedo, que eres egoísta, indeciso, inseguro, que juzgas a los demás…¡Dios! ¿Y ahora donde me meto?

Hay un hermoso lugar que espera dentro de nosotros para ser habitado: nuestro corazón. Ahí están las respuestas. No es fácil, pero si posible, además es la única salida.

Ahí dentro en este lugar, te haces fuerte, aprendes que el miedo no existe, que es un invento para que no te sientas libre. Que amar es dar y no esperar, que responder a un insulto es seguir alimentando lo que te encadena, que mientras juzgas a los demás te estás perdiendo el mirarte a ti mismo.

Y cuando encuentras la puerta de salida ves el mundo con otros ojos; descubres que naciste para aprender, conocer, evolucionar… Y lo único que se te ocurre es sonreír: llenar de sonrisas a todo lo que te rodea, escribir poemas, reconocer lo bello, lo amable, lo que hace felices a los demás… y te sientes bien, te sientes seguro aunque se derrumbe el mundo a tu alrededor. ¡Te liberaste! Ya no hay cadenas. Ahora empieza la verdadera aventura porque eres consciente de ti, y te apasiona descubrirte, conocer tus capacidades, experimentar con ellas y ver que estas caminando sin mirar atrás porque lo que tienes delante  es tan, tan grande, que te hace sentir eterno.

 

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Mi pasión, mi necesidad: escribir, comunicarme, penetrar en el mundo de las pequeñas cosas; unirme a la vida y contagiar.

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