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Mi hermano vive en el campo. Buscó una granja grande porque quería tener muchas habitaciones. Una de ellas para los libros y sus más queridos objetos.

De joven pertenecía a un grupo roquero y viajaba e. Era uno de los  guitarristas. Tocaba con gran énfasis y se desmelenaba moviendo la cabeza al ritmo de su guitarra. Pero los tiempos cambiaron. Todos los componentes del grupo se casaron, tuvieron hijos y, poco a poco fueron dejando de lado aquella afición que creían iba a ser el sustento para su futuro.

Ahora mi hermano, soltero todavía, tiene otra afición: sale a cazar conejos y perdices en el bosque que tiene detrás de la granja. Su escopeta es de madera fina y de un color muy parecido al de su guitarra, e igual que hacía con ella, limpia y pule la madera cada vez que la utiliza. Aunque parecen dos objetos distintos  que no concuerdan con un mismo carácter, mi hermano ha sabido entrelazarlos como si fueran un solo objeto.

Recuerda cuando en el barrio celebraban las fiestas: rasgaba su guitarra hasta obtener acordes nuevos que erizaba a la concurrencia. Los cohetes que iluminaban la noche dibujando colores en el cielo y explotaban sin que él dejara de tocar.
Ahora sale a cazar cuando hay tormenta. Aunque sabe que es peligroso caminar bajo los árboles, sigue con este impulso frenético. Con la escopeta por delante, acariciando su culata de madera recuerda la guitarra  que rasgó en su juventud. El chapoteo de sus botas en los lodazales, la lluvia resbalando de hoja en hoja, los truenos, el movimiento de las ramas de los árboles  fustigados por el viento, la melena que nunca se cortó, pegada a la cara por efectos de la lluvia… son para él como un concierto.

Sigue viviendo su historia. De vez en cuando, en la terraza de su enorme casa, toca la guitarra, pero está atento a los sonidos, sobre todo a principios de verano cuando las perdices llaman a sus polluelos. A veces pienso que algún día se equivocará de instrumento y saldrá a cazar con la guitarra en lugar de coger la escopeta.
Creo que a mi hermano le hace falta formar una familia para encontrarse con la realidad.  Aunque, tal vez, viva con más intensidad que alguno de nosotros.

Mi pasión, mi necesidad: escribir, comunicarme, penetrar en el mundo de las pequeñas cosas; unirme a la vida y contagiar.

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