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AMOR A PRIMERA VISTA
Cuando eres la recién llegada, el primer día que acudes a un trabajo nuevo, intentas pasar desapercibida. Desde el lugar que te corresponde en la oficina, te dedicas a observar. Mi puesto está junto a la mesa del redactor jefe, desde allí, una vez instalada examino cuanto se encuentra a mí alrededor. Todo está correctamente colocado, lejos de haber desorden en las mesas y folios escritos por doquier en cualquier espacio libre, hay un orden que para ser una redacción de periódico, me asombra. Cada uno desempeña su trabajo a la perfección, están tan sincronizados que funcionan como el engranaje de un reloj, cada uno desempeña su actividad y todos avanzan al mismo tiempo. Siempre he creído estar totalmente llena de talentos hasta que un día le vi. Mientras recorría cada rincón de aquella redacción, mi mirada se detuvo en él, en el perfil hermético de mi pisapapeles favorito. Yo tan moderna, de líneas de diseño que daban a mi estética un aspecto seductor, caí rendida a sus encantos. La robustez de un cuerpo vigoroso, en un instante se adueñó de mi corazón. Esbelta figura que me deleitaba observando durante las horas que pasábamos juntos. Me fascinaba verle allí erguido, luciendo su complexión mientras sujetaba con sutil delicadeza la pila de folios que acariciaban la frialdad de su superficie. Era tan hermoso ver como el sol de la montaña que entraba por la ventana acariciaba su perfil, que perdía la noción del tiempo y los días pasaban sin apenas darme cuenta. Me perdía en las distintas tonalidades que ofrecía cuando la claridad bañaba su cuerpo, era como un arcoíris tras una tormenta. Me enamoré perdidamente aquella tarde en la que me pude poner a su lado. Tenerle tan cerca y ver la magnificencia de su perfil delicadamente definido hizo que entrara en fase de bloqueo. Fue un instante tan intenso que casi me provoca una parada funcional. Comencé a tartamudear, emitía luces como si fuese el neón de una discoteca. Tenerle tan cerca, aún sin apenas habernos rozado, me había descontrolado por completo. Es tan hermoso, tan esbelto, que si algún día consigo no entrar en parada cuando le tengo cerca, puede que me declare.
Photo by r0bz

Begoña de la Rosa

Begoña de la Rosa

El susurro del mar es mi nana favorita mientras me dejo atrapar por sus idas y venidas incesantes. Soy parte de su bravura en los días de tormenta y remanso de paz en las tardes de verano en las que el sol coquetea con la luna antes de sumergirse lentamente entre sus aguas. La exquisitez del aroma del chocolate, su fuerza y su cuerpo forman parte de mí como lo hace el aire. Sin oponer resistencia soy presa de su embrujo como lo soy de las palabras, que se agolpan en mi pensamiento pidiendo a gritos a mis manos que las deje volar. Y como un soplo de aire fresco que entra por la ventana las libero y permito que viajen por un folio en blanco que en pocos segundos recibe parte de lo que soy capaz de crear.
Begoña de la Rosa

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