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¿AMOR DE CUENTO?
A María le encantaba leer, era una de sus pasiones. Cuando se quedaba sola en casa, entre aquellas paredes envueltas en silencio, se vivía el mismo ritual. Se iba a la cocina dónde, ceremoniosamente, preparaba una infusión de chocolate y menta, luego se dirigía a la sala de estar, tomaba un libro entre sus manos y arropada con una manta en el sofá se disponía a viajar. Era el momento de vivir aventuras, desengaños amorosos, algún que otro romance e incluso escenas de pasión descontrolada. Aquél era su refugio, los minutos que le dedicaba a perderse entre las páginas eran magia para ella. Las letras se apoderaban de ella arrastrándola a un mundo donde el tiempo no existía, en el cual sentía y vivía cada una de las historias como si fuesen suyas. Disfrutaba mucho, aunque había libros que no le parecían del todo agradables, otros la apasionaban. Por momentos se sentía águila surcando la inmensidad de un cielo azul salpicado de nubes de algodón. Otras veces era agua fresca que corría saltarina y alegre río abajo, sintiendo el cosquilleo de los peces mientras nadaban en ella. Disfrutaba mucho acariciando el rostro de los niños cuando como brisa fresca alzaba las cometas en la playa. Era muy feliz siendo la protagonista de la historia, le entusiasmaban las intrigas, las aventuras pero sobre todo las historias de amor con final feliz. Esas en las que un joven y apuesto caballero acaba seduciendo a una hermosa dama. Bella doncella que se deja cautivar y se pierde en el mar de unos ojos llenos de amor. Mar que susurra al mirarla y que la embruja dejándose atrapar. Hechizada se pierde en los cálidos y tiernos brazos del amor, un amor que lo transforma todo, que hace que la magia irrumpa de golpe y haga desaparecer cualquier cosa que no sean ellos dos. Entregada a ese amor buscaba sus labios, unos labios cálidos y deseosos de rozar los suyos, de jactarse de la dulzura de un sentimiento cargado de pureza e inocencia.
Cuando llegaba el momento de cerrar el libro, cogía la taza entre sus manos y al primer sorbo suspiraba tomando conciencia de su realidad. Sin querer alguna que otra lágrima se escapaba tímidamente de sus ojos. Lágrimas que salían cual manantial cuando los cerraba y se percataba de la realidad de un libro que no le gustaba para nada, pero que era parte de ella. Allí no había novelas de amores maravillosos, sólo quedaban los restos de una historia de amor que no entendía por qué se esfumaba como lo hace el humo cuando el viento lo hace bailar. Un amor de cuento de hadas en el que había vivido una hermosa historia llena de instantes maravillosos. Historia que había tenido como fruto una pequeña que, con su alegría y desparpajo, se convertía en un torbellino alegría que envolvía sus vidas en un halo de magia y felicidad. No dejaba de preguntarse por qué, qué había fallado, dónde estaba la magia, por qué se había ido, hacia donde se había ido. No entendía que aquél amor tan grande, aquella llama que lucía alta, erguida y flamante se hubiese ido apagando con el tiempo hasta el punto de que apenas quedaban rescoldos. Cuando le miraba, su alma se entristecía al descubrir que todo aquello que un día sintió se estaba muriendo y que apenas le quedaba un soplo de vida.

Begoña de la Rosa

Begoña de la Rosa

El susurro del mar es mi nana favorita mientras me dejo atrapar por sus idas y venidas incesantes. Soy parte de su bravura en los días de tormenta y remanso de paz en las tardes de verano en las que el sol coquetea con la luna antes de sumergirse lentamente entre sus aguas. La exquisitez del aroma del chocolate, su fuerza y su cuerpo forman parte de mí como lo hace el aire. Sin oponer resistencia soy presa de su embrujo como lo soy de las palabras, que se agolpan en mi pensamiento pidiendo a gritos a mis manos que las deje volar. Y como un soplo de aire fresco que entra por la ventana las libero y permito que viajen por un folio en blanco que en pocos segundos recibe parte de lo que soy capaz de crear.
Begoña de la Rosa

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Comments

  1. Puede ser que no somos capaces de vivir una historia de cuento. O que los cuentos no cuentan toda la historia. ¿Qué pasó después del “y fueron felices y comieron perdices”? El resultado de la segunda parte de la historia dependerá mucho de nosotros.

     

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