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No he dejado de quererte . Lo digo aquí, con este altavoz que acciono a mi conveniencia, pero cuya eficacia depende del resto. Es posible que te alcance el mensaje, que pueda calar gota a gota hasta llegar a las proximidades de tu alma, aunque es mucho más probable que quede oculto a la vista de todos, como aquellos corazones que grabamos en el árbol que marcaba la entrada a nuestro lugar secreto.

Pero la antítesis del amor no es el odio, sino la razón. La reflexión, la sensatez, la lógica, esos eufemismos a los que se apela para evitar el riesgo, el arrojo y la pasión. Dimos por hecho, como usted, amigo argonauta, como todos, que la vida sigue, que nos espera el futuro. Es curioso. Si el futuro es desconocido, si es una página por escribir, si el destino no existe, ¿por qué hemos decidido que lo que nos espera ha de ser una vida carente de alma?

Aceptamos el día a día, las ocupaciones, las preocupaciones, y cabalgamos por la vida como un caballo sin nombre, sintiendo el peso de un jinete invisible en cada salto, dolidos por una fusta oculta que nos golpea en los peores momentos, aquellos en los que  empezamos a pensar en la posibilidad de buscar la encrucijada en la que nos desviamos del camino hacia el arco iris.

Y, día a día, golpe a golpe, renunciamos de facto a la hipótesis y nos aferramos a la certeza, sin pensar que lo estable suele ser enemigo de lo vivido, y que nuestro libro de memorias, nuestro álbum de fotos, nuestra caja de zapatos, asomará completamente vacía en las estribaciones de nuestra vejez. Y que no hay mayor condena que la de la impotencia, la frustración y la ausencia. Que la condena no es dejar la vida, sino dejar de vivirla, y que eso ya lo hicimos, allá, cuando renunciamos a la sorpresa, a los sobresaltos y a la pasión.

Nosotros teníamos una cita previa, con el amor adolescente, con la inconsciencia y el ardor de los chiquillos. Y la cancelamos, pensando que el deber y el querer eran términos sinónimos, como la seguridad y la infelicidad.

Ahora, a la sombra de ese nuestro árbol, en nuestro lugar oculto y secreto, me besas en el alma, o eso quiero creer, porque yo estoy aquí, sólo, contemplando nuestros nombres, mientras que las lágrimas amenazan con borrar su grabado. Me retiro, porque hoy, alguien, ha de saber que te he querido y te he sentido.

allamas2000

Escribir me relaja, no tengo otra intención. Me permite añadir un tema de conversación a las tertulias con los amigos, especialmente a aquellos que están más alejados o cuyas agendas colisionan más con la mía.

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Comments

  1. Belleza de relato, que me lleva a preguntarme si cuando dejamos que el riesgo y el arrojo se esfumen los condenamos a quedarse en tierra de nadie .. Ya me has puesto a pensar!
    ¡Enhorabuena, Antonio!

     
    1. Muchas gracias. El problemas de estas reflexiones es que mientras buscamos la verdad (o alguna verdad) en las profundidades, lo hacemos erosionando o taladrando la superficie.Y eso duele.
      P.D. No me olvido