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Nos detuvimos únicamente cuando ya no escuchamos pasos. Teníamos suerte, la noche era tan oscura que apenas alcanzábamos a percibir algunas sombras alrededor. Llevábamos horas caminando entre ríos y cañaverales,  después de mucho pensarlo, por fin  dejaríamos el pequeño rancho.

La luna se dejaba ver entre las gruesas ramas del árbol. Era una minúscula uña de luz iluminando el camino; ya tranquilizados pensé que podíamos tomar un descanso. El amanecer se acercaba y deberíamos continuar hasta llegar a la población más cercana donde nos esperaba un transporte para huir lo más lejos posible. Lo había planeado bien, don José, al menos eso pensé

Tomé mi gabán y lo acomodé en el suelo junto al tronco para que Lucía descansara. ─Duerme un poco, creo que los perdimos, conozco el lugar como ellos pero yo soy más hábil para no dejar huellas─; le dije, más para convencerme que para sosegarla, sabía que no lo estaría hasta verse lejos del pueblo.

Por años ni siquiera pasó por mi mente acceder a las invitaciones del Pintado; por más que me llamara la atención verlo con esas gruesas cadenas de oro y relojes de marca, no me veía participando con el narco. Si bien la pobreza corría siempre paralela a nuestras vidas, mi madre se encargaba de hacerme sentir a gusto con lo poco que llegaba a la mesa.

De mi padre nada sabíamos. Le perdimos la huella a pocos meses de haberse ido, supuestamente para buscar trabajo y mejorar nuestra condición. Nunca recibimos nada, pero ella, siempre risueña y esperanzada, trabajó de sol a sol en los cañaverales para darme comida y vestido. Nunca fui a la escuela, aprendí a labrar la tierra como muchos en Amatlán. Ahí apareció el Pintado. Al principio pensé que también era jornalero como nosotros.

Los terratenientes pagaban lo suficiente para cubrir el día a día. De alguna manera yo era feliz. Entonces mi madre enfermó, la vi acabarse lento, muy lento. Lo poco que teníamos desapareció en un dos por tres con los médicos y las medicinas. Al principio me fiaban, después tan luego me veían, se hacían los disimulados para evitar oír mis súplicas. El Pintado era quien me daba lo necesario para salir del gasto.

─Cuando quieras salir de pobre me avisas, yo te consigo chamba─ Me decía siempre después de entregarme unos billetes. Yo sonreía y le daba las gracias, en verdad que no pensaba en su propuesta; corría a buscar el doctor y la medicina para ella. Los demás compas sólo meneaban la cabeza. Creo que ellos sabían en qué terminaría todo.

No teníamos parientes, mi abuela paterna estaba muerta hacía al menos veinte años, casi no me acordaba de ella; y mi mamá no tenía alguno cercano, mi padre la alejó de Chiapas de donde era. Alguna vez platicó que una tía suya estaba en El Paso, Texas, nunca dijo más, yo no pregunté. Me gustaba tanto verla cocinar su tochito y ofrecérmelo segura de que me lo comería todo hasta dejar reluciente el plato.

Sí, éramos felices, viendo el verde esmeralda de los montes, oyendo el correr del agua en el río. Para mí eso era la vida: el campo, mi ranchito, mi madre,  su comida hecha en el fogón con leña seca y tortillas de mano; el humo esparciéndose en el cielo azul.

Sin embargo, cuando mi madre enfermó, la vi sufrir tanto en silencio que sentía el corazón apachurrado, sin aliento. Ella no decía nada, me sonreía cuando le llevaba al doctor, cuando le daba la medicina, me agradecía con la mirada. Fue acabándose despacio. Quería darle todo, ofrecerle un mejor lugar, un hospital, una cama limpia y cómoda. ¿Cómo?

Lorena Guadalupe Páez Aguirre

Lorena Guadalupe Páez Aguirre

Cuando pequeña, soñaba y escribía. Jugaba con mis hermanos a "la escuelita" y yo era la maestra, esto último se cumplió. Durante muchos años gocé de las satisfacciones que deja la docencia en casi todos los niveles, en consecuencia, la escritura se fue postergando. Mis circunstancias cambiaron. Ahora, escribir por fin es prioritario y mi país México, siempre me regala un motivo para hacerlo.
Lorena Guadalupe Páez Aguirre

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Comments

  1. Lorena, siempre nos traes historias «de lo cotidiano», quiero decir, que son reales, que suceden aunque sean duras. Pero además, con esa introducción, la de esta historia, has sabido darle un estupendo toque de intriga.
    El tema de esta serie, con alguien necesitado que se mete en el narcotráfico, promete mucho. ¡Adelante y a por ella!