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Los jääy somos uno: cuerpo y mente. Eso lo sé porque lo he oído decir al anciano más anciano. Por eso cuando camino por el monte para llegar a la escuela, respiro profundo el aire húmedo que me recuerda que estoy vivo. Después de una hora llegaré; cansado, pero contento de la travesía.

Tengo hambre, salgo de madrugada para llegar a tiempo tan solo con un café en el estómago. Muy a menudo, me distraigo en las veredas. Me detengo a ver la milpa, o en el río a los pececitos. Me gusta oler las flores y pescar en el arroyo. Mi cabeza piensa en mixe, el castilla lo uso para la escuela y a menudo olvido palabras, por eso no entiendo todo.

Extraño al maestro Juan. Él era como nosotros, hablaba en nuestra lengua y era simpático. Dicen que ya no va a regresar porque faltó tres días por andar de mitotero. A veces cuando todos llegábamos con hambre, empezaba la clase en el campo. Recolectábamos algunos frutos y él nos preparaba un rico atole para comenzar el día. Parece que estoy oliendo el champurrado.

Mi abuela nos cuenta que nuestro pueblo viene del maíz, por eso trabajamos el maíz. Mi padre me ha enseñado cuándo debemos preparar los zurcos, cuándo sembrar y cuándo cosechar. Con mi madre hemos aprendido a preparar los alimentos que nos da la tierra, por eso la cuidamos y vivimos con ella. No sé por qué otros la ensucian y agotan por eso a veces no nos da suficiente.

Ayer mi hermana y yo fuimos al monte; acompañamos al abuelo a recolectar sus yerbas. Él me está enseñando a prepararlas para curar algunos males que aparecen cuando no respetamos a la naturaleza. Si soy uno y no atiendo a una parte de ese todo, mi alma o mi cuerpo se enferman. Todavía estaba oscuro; en nuestras caras sentíamos el rocío del amanecer, el olor de cada planta se mezclaba en el ambiente, la estrella matutina nos guiaba.

En el pueblo los ancianos siempre nos dicen que debemos madrugar, que no basta desear algo, debemos trabajar para alcanzarlo; por eso yo estoy trabajando para ser doctor. Me gusta ver sana a la gente. Aunque hay tanta pobreza, sé que puedo porque aprendo todo lo que me dice mi abuelo. No soy tonto como dice la persona que mandaron en lugar del maestro Juan. Lo que pasa es que a veces me distraigo recordando el nombre de alguna planta y se me olvida el castellano.

Además nos cansa mucho estar sentados encima de ladrillos. Dicen que debemos estar agradecidos porque manden hasta acá a ese señor Luis. Yo sé que viene a fuerzas, sé que no le gusta lo que hace. La semana pasada le oí decir a la persona que lo trajo para que viera la escuela, que somos unos cochinos porque no hay baño. Tampoco hay mesas, ni luz, ni  agua; ¿entonces cómo quiere que tengamos limpio ese salón con piso de tierra?

En casa, cada uno debe pensar en lo que hace y en las consecuencias. Yo no quiero sembrar; por eso me fijo más en las plantas que curan; aun así ya sé, por qué mi padre ve la luna cuando siembra, por qué usa maíz azul, blanco o pinto en un parcela o en otra; yo sé que no es la misma tierra. Para ser doctor tengo que ver, oír, tocar, oler cada planta; así cuando estudie en la universidad, porque quiero estudiar ahí, voy a saber más que los otros; al menos eso pienso.

La verdad es que no sé si lo consiga. Estoy dudando porque el señor Luis no para de decirme tonto. Él no es maestro, bueno tampoco Don Juan lo era pero nos tenía paciencia y preguntaba cuando no sabía algo que los alumnos quisiéramos saber, por eso le decíamos maestro porque a él si le gustaba lo que hacía. Nadie quiere venir a este lugar de la sierra, tan apartado de la ciudad.

También oímos que al maestro Juan tal vez lo detengan si se descuida, porque anda en las marchas allá en Oaxaca; que ya no puede regresar porque lo cesaron. Cuando le pregunté a mi papá qué era cesar y supo que hablaba del maestro se enojó muchísimo. Dijo que hacía mucho tiempo que no llegaba alguien como él. Don Juan era querido por todos, nos entendía y aprendíamos como nunca en las dos lenguas.

Me siento triste porque papá va a ir a Oaxaca; nos dijo que no puede quedarse aquí cruzado de brazos. ─Los mixes, nunca abandonamos a los nuestros─ esas fueron sus palabras. Mi madre le pidió que se cuidara. ─ Por qué, le pregunté; ella se quedó callada, pensando con la vista al cielo.

Acá no llegan los periódico, no hay televisión y sólo Don Nicanor tiene radio; pero las noticias vuelan. Hace días que el consejo se viene reuniendo por las tardes. Por mi padre sabemos que todo se puso muy feo allá en Oaxaca. Habló de muertos y muchísimos heridos, dice que él la libró de pura casualidad porque se retiró un rato a buscar vinagre para aliviar un poco a la gente por los gases.

─¿Qué gases?─ le pregunto. Mi papá me explica como puede y yo quiero saber por qué los policías atacan a los maestros si quieren que los dejen trabajar y que los tomen en cuenta. También me dice que están bloqueando carreteras y que el problema no es sencillo; hay mucho detrás.

Yo no entiendo. Creo que debo ver, escuchar, oír mejor; todavía me falta mucho para entender algunas cosas. Lo único que sé es que todos extrañamos a Juan y que Luis ya no vendrá mañana.

Lorena Guadalupe Páez Aguirre

Lorena Guadalupe Páez Aguirre

Cuando pequeña, soñaba y escribía. Jugaba con mis hermanos a "la escuelita" y yo era la maestra, esto último se cumplió. Durante muchos años gocé de las satisfacciones que deja la docencia en casi todos los niveles, en consecuencia, la escritura se fue postergando. Mis circunstancias cambiaron. Ahora, escribir por fin es prioritario y mi país México, siempre me regala un motivo para hacerlo.
Lorena Guadalupe Páez Aguirre

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Comments

  1. Esta historia ha conseguido un doble objetivo: transportarme a un ambiente y una cultura de la que tengo un gran desconocimiento y hacerme reflexionar acerca del menosprecio que tantas veces la “cultura occidental” ejerce sobre otros pueblos, con su preptencia y arrogancia. Pero no solo eso, sino que lo has envuelto en una situación totalmente actual que nos ayuda a estar informados y llamar nuestra atención (tu relato me ha llevado a informarme de lo que sucede por allá; aquí, en España, no se habla mucho del tema). Enhorabuena por tan buena conjunción, Lorena Guadalupe.