Te he visto de frente, por primera vez te miro directamente sin huir ni bajar la mirada como tantas otras veces. Mantengo la cabeza erguida y te observo. Estamos aquí cara a cara, inamovibles. Tú intimidador, desafiante, sintiéndote fuerte y poderoso ante mí. Yo te miro desde la serenidad, he decidido observarte y por primera vez, ver que tanto daño puedes hacerme. Quiero comprobar hasta dónde eres capaz de llegar, hasta qué punto eres capaz de dominarme y apoderarte de mí. Aquí me tienes, no voy a escapar, ya no más. Estoy cansada de correr hacia ninguna parte, de huir de ti rasgando mi piel con tanta carrera desesperada. Mírame, puedes hacerlo con toda tu fuerza aniquiladora, no voy a irme, no quiero hacerlo. En ese duelo de miradas, mi cuerpo se estremece, se agita mi respiración y mi corazón se acelera, pero aun así no me muevo, no doy un paso atrás. La boca se me seca, me pesa la lengua, me cuesta respirar, y me tiembla hasta el último rincón de mi cuerpo. Los ojos se llenan de lágrimas que brotan sin poder evitarlo, pero no bajo la mirada, esta vez no. Se acabó la huida, se terminó la desesperación por escapar de ti y de tu poder, ese que aunque me hacía huir de ti a toda prisa, al mismo tiempo me impedía moverme. Ese que me petrificaba dejándome atrapada como estatua que, pese a su incapacidad para moverse, se sacudía por dentro ante tu presencia. Se retorcía al saberte cerca e intentaba con todas sus fuerzas escapar de ti. Hoy al verte de nuevo, he tomado una decisión, y es que me voy a rendir pero no ante ti. Hoy quiero dejar de luchar contra mí misma y me doy cuenta de que no puedes hacerme daño, de que ya no me vas a aterrorizar como lo hacías hasta ahora. Hoy al ser capaz de levantar la mirada y verte de frente he comprobado que has perdido tu poder, que ya no vas a volver a dominarme. Quizás tenga momentos de debilidad, pero cuando eso suceda recordaré ese día en el que fui capaz de mirarte por primera vez. Recordaré que, aunque mi cuerpo temblaba como un cachorro cuando tiene frío, no pudiste conmigo. Recordaré que apareciste porque yo te lo permití, pero que, de esa misma forma, te haré desaparecer porque no eres otra cosa que una cortina de humo tan efímero que con sólo un soplo puedo hacer desaparecer. Dejarás de ejercer tu poder aniquilador sobre mí, dejarás de dominarme y de impedirme que viva. Ya no habrá más días en los que las lágrimas eran mis únicas compañeras, porque ahora mis ojos quieren ver el sol. Ahora es tiempo de vivir, de experimentar una nueva vida, una vida que siempre ha estado ahí, pero que tú impedías que viera. Un mundo lleno de experiencias nuevas me espera y esta vez iré a por él sin ti.

Begoña Rosa

Begoña Rosa

El susurro del mar es mi nana favorita mientras me dejo atrapar por sus idas y venidas incesantes. Soy parte de su bravura en los días de tormenta y remanso de paz en las tardes de verano en las que el sol coquetea con la luna antes de sumergirse lentamente entre sus aguas. La exquisitez del aroma del chocolate, su fuerza y su cuerpo forman parte de mí como lo hace el aire. Sin oponer resistencia soy presa de su embrujo como lo soy de las palabras, que se agolpan en mi pensamiento pidiendo a gritos a mis manos que las deje volar. Y como un soplo de aire fresco que entra por la ventana las libero y permito que viajen por un folio en blanco que en pocos segundos recibe parte de lo que soy capaz de crear.
Begoña Rosa

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