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“Hay tanta mujer ajena…”
Cuentan que escucharon decir a Felipe antes que hundiera su cara en un guiso de lentejas para no levantarse jamás.
A su velatorio acudieron por lo menos una docena de mujeres que sus amigos no conocíamos ni se conocían entre sí. Algunas calladas, otras escandalosas, pero todas, de una manera u otra, habían amado a Felipe.
Lejos de cualquier rivalidad, intentaron hacer un retrato del difunto para consuelo propio o figuración. Resultó un rompecabezas de personalidades, estilos y memorias.
Felipe había sido múltiple para sus mujeres como la idea de Dios. Pero no intangible. Sólo ajeno.

Mario Pinto
Creo haber encontrado la más poderosa idea de ficción de mi vida: soy un escritor. Claro, falta desarrollarla. Mientras tanto escribo sobre lo que ignoro: las paradojas del tiempo, la naturaleza del amor, el alivio de las nostalgias.
Mario Pinto

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