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Setenta años de alquimista sin un logro trascendente.
Su investigación llenaba cuatro volúmenes con notas y dibujos crípticos, incluso para él, porque olvidaba con el tiempo los códigos de cifrado.
No logró convertir metales en oro; apenas había causado explosiones accidentales y cambiado el color de algunas piedras. Punto.
Con respecto a su anhelo de vida eterna, sus experimentos por poco lo matan.
Sin embargo, de vuelta del entierro de un colega tuvo una revelación: la única muerte que nos consta es la de los otros. Mientras se supiera vivo, nada lo diferenciaba de un inmortal.
Lo había logrado, digamos.

Mario Pinto
Creo haber encontrado la más poderosa idea de ficción de mi vida: soy un escritor. Claro, falta desarrollarla. Mientras tanto escribo sobre lo que ignoro: las paradojas del tiempo, la naturaleza del amor, el alivio de las nostalgias.
Mario Pinto

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