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Fue en aquella esquina, donde alguna vez se besaron y ahora soplaba un aire helado como surgido del aliento de la luna, que él se dio cuenta de su desdicha.
Ya no podría olvidarla.
Nunca, ni aunque sometiera a su cuerpo a la disciplina o su mente entendiera al fin el sobrehumano concepto del desapego. No había forma, no podía engañarse. Debería, de ahora en más, vivir con esa certeza. Caminar con su fantasma al lado, ver los colores a través del prisma de aquella piel dorada, poseer su recuerdo ya que nada más le sería otorgado. Su recuerdo y lo que pudiera hacer de él. Quizás lo mejorara hasta el punto de creer que la historia de ambos había sido feliz y la separación, lo único real y comprobable, se había originado en una distracción del espacio y el tiempo.
Pero no, se negaba al refugio de la memoria. Una cosa es aceptar lo inevitable de ahora en más y otra la ilusión de vivir mirando hacia atrás. El recuerdo es una espada que lastima más al que la blande que al adversario, que no está ahí, nunca lo está. No: evitaría todo recuerdo como a un veneno. No frecuentaría los rincones que los vieron juntos. No perdería el tiempo en desbrozar los diálogos que los llevaron, primero a reconocerse, luego a extrañarse. Desconfiaría, como si de un genio maligno se tratara, de toda nueva versión de lo vivido.
Tan sólo aceptaría el hecho de que ya no podría olvidarla. Tendría que acostumbrarse a su nueva condición, como un ciego puede hacer de la noche un hábito y hasta descubrir sus ventajas. Quizás esa tristeza adherida podría convertirse en una nueva piel de exquisita sensibilidad. Y descubrir secretos del lado oscuro de la vida, de donde viene la música en tono menor y la belleza de la sombra.
De algo estaba seguro: él ya no sería el mismo. El que pudo o quiso ser. El que se insinuó en la lectura distraída y errónea del destino.
En aquella esquina supo que, de ahora en más, le tocaba afrontar la paradoja de un futuro negado a los recuerdos, pero ocupado por una única ausencia.

Mario Pinto
Creo haber encontrado la más poderosa idea de ficción de mi vida: soy un escritor. Claro, falta desarrollarla. Mientras tanto escribo sobre lo que ignoro: las paradojas del tiempo, la naturaleza del amor, el alivio de las nostalgias.
Mario Pinto

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