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Doscientos años de nostalgia hoy llegan a su fin. Te encuentro aquí, sentada en la mesa de un café por el que pasa toda la ciudad en algún momento del día. No puedo creer lo que veo, ya que el recuerdo te había puesto en una dimensión irreal, en la que tu piel no era un límite y tus ojos estaban siempre abiertos, iluminando el mundo.
Me acerco y ante la falta de argumentos para mi emoción, te cuento la historia. Nuestra historia. Me es difícil explicarte cómo te encontré en el éxodo de aquel pequeño pueblo francés saqueado por los normandos. De hecho mi nombre medieval era casi impronunciable y hoy en día suena como un ruido. Te ofrecí mi protección de caballero al verte tan hermosa y tan desamparada en tu único vestido de lana rústica.
Intento con el recuerdo de nuestra común embajada en Flandes (tú acompañabas a tu esposo, un mercader de paños) y yo era un pintor al servicio de un obispo. Junto al canal, en Brujas, te confesé mi amor y te invité a escapar hacia Alemania.
Tal vez, esto sí, te conmueva evocar cómo te salvé por poco de la guillotina. Por una de tus condiciones de nacimiento, la aristocracia, merecías la pena; por la otra, tu belleza, rogué hasta liberarte. Con palabras simples te ofrecí los modestos lujos de mi condición de ciudadano.
Me miras. Dudas si ceder a la primaria reacción del rechazo o a la más elaborada de la risa. Eliges ésta y regalas nuevamente a la vida una imagen inolvidable. Encuentro en tu actitud un acicate para contarte con detalle algunas coloridas anécdotas de nuestras circunstancias pasadas. Pero no me dejas. Te levantas y con excusas desapareces con cierto apuro del lugar.
No importa, tengo todo el tiempo del mundo y la esperanza me sostiene. Siempre sucedió igual: ya conocí tu negativa en varios idiomas y tu figura alejándose en distintos paisajes. Pero claro, siempre omito contarte esta parte de la historia.

Mario Pinto
Creo haber encontrado la más poderosa idea de ficción de mi vida: soy un escritor. Claro, falta desarrollarla. Mientras tanto escribo sobre lo que ignoro: las paradojas del tiempo, la naturaleza del amor, el alivio de las nostalgias.
Mario Pinto

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