5.00 Promedio (97% Puntuación) - 1 voto

Vértigo. La sensación es absolutamente comparable. Lo que siento es vértigo.
No se puede caminar por el vacío. Si uno llega hasta el borde, o salta o retrocede, pero es imposible explorar el aire y volver. Mientras tanto, uno puede quedarse quieto y hacer de cuenta que no pasa nada. Y así evitarse el tener que tomar decisiones.
Mis piernas pesan en la cama como dos durmientes de quebracho. Me abandonó toda energía. Mi mente gira tan activa como improductiva. Gira, en una rueda sin fin repasando argumentos ya ajados por la frecuentación.
En el televisor comienza el cine de trasnoche. A mi lado, ella duerme, y tal vez sueña con un mundo feliz, en el que yo no soy quien efectivamente soy. Su piel ya me es conocida, e indiferente, como la mía propia. En otro lado duerme quien tiene mi corazón apretado en un puño, quien aprendió el secreto de mis emociones. Quien me espera. Tal vez ella también sueñe con un mundo feliz en el que yo cumpla algún rol que ansío, pero desconozco.
Frank es un hombre invisible. Un experimento desafortunado convirtió a su sustancia, todavía sólida, en traslúcida. Ahora visita a quien ama, cubierto con un impermeable, con bufanda, anteojos oscuros y sombrero. Ella toma su mano en un movimiento inesperado y se queda con un guante. Frank se retira, sin la suficiente prisa. De su manga no sale nada. Tras sus anteojos oscuros no hay nada.
Si tan solo pudiera liberarme del pasado. Empezar nuevo, sin desgaste, cada vez que sea necesario. Devolver a las relaciones su más pura esencia tangencial. Hoy nuestras curvas se tocan, mañana fatalmente se bifurcan. Y nada: tan nuevos como entramos, salimos.
Parecía una comedia, pero está tomando carácter de tragedia. El pobre Frank no parece tener otro destino que espiar. Y tan paradójico, su manera de pasar desapercibido totalmente es andar en pelotas por la vida. Su novia lo dejó; mujer de poca fe, debe ver para creer.
Y se deben dar pruebas, todo el tiempo, para hacer patente al amor. Parece mentira que no se perciba de afuera algo que modifica hasta nuestro perfil. Evidencia del amor. Presencia, sobre todo presencia de lo amado para que el amor se crea. Exclusividad, excluyente exclusividad del amor.
Ayer quise caminar en el abismo. Tenía en las venas la presión justa como para decir las fórmulas más comunes de la evasión, y salir casi escapado antes que ella comenzara a llorar. Caminata en el vacío con unos brazos que me estaban esperando del otro lado, en una nueva cornisa.
Pero ella me recibió a la vuelta del trabajo sentada en el sillón principal del living. Sus manos tenían un sobre. Contenía dificultosamente una emoción especial. Me miró a los ojos con los suyos húmedos. Yo repasé en pocos segundos todas las posibilidades de derrumbe de miles de coartadas, o el peligro de momentos de confiada soltura. Pero no.
“Vas a ser padre”, dijo. Y comenzó a llorar y a reír.
Frank escapa de alguien que encontró un aparato especial para distinguirlo en la multitud. Es perseguido hasta una cornisa a unos treinta pisos de altura. Mira hacia abajo, mira a su perseguidor, recuerda a la novia que ya no será.
Miro mi mano. No puedo verla. La acerco casi a mi nariz pero sigo sin verla. Es más, a través de ella sigo viendo a Frank que duda entre saltar o enfrentarse al maldito que lo acecha. Me levanto despacio de la cama. Camino hacia el baño. Mi esposa no se mueve, y si despertara no podría saber dónde estoy y cómo desaparecí.
Me paro frente al espejo sobre el lavatorio. Me mira una versión desaliñada de mi rostro, el pelo revuelto, los ojos enrojecidos. No veo la puerta tras de mí, sino mi rostro. Miro mi mano, abierta. Visible. Efectivamente ahí.
Se escucha un grito en el televisor. Corro, es el final de la película.
Frank ha saltado. Su cuerpo destrozado contra el piso se ha vuelto visible. Algunas personas a su alrededor hacen comentarios. Algunas se aterrorizan. Otras simplemente miran con curiosidad.

Photo by heiyo

Guardar

Mario Pinto
Creo haber encontrado la más poderosa idea de ficción de mi vida: soy un escritor. Claro, falta desarrollarla. Mientras tanto escribo sobre lo que ignoro: las paradojas del tiempo, la naturaleza del amor, el alivio de las nostalgias.
Mario Pinto

Últimos post porMario Pinto (Ver todos)

Deja un comentario