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La barba blanca, su porte gallardo y la mirada franca decían todo de aquel hombre. Caminaba despacio, sujeto a un bastón cuya empuñadura era una bola del mundo en plata; sus pasos no eran los de un anciano sino de quien disfruta de la ausencia del reloj y la reflexión. Había quedado en el café Gijón con una persona que no conocía pero su voz en el teléfono le había gustado; por lo visto, era escritor y estaba recabando información para su próximo libro ¿Cómo habría dado con él? ¿Quién le habría hablado de su existencia?

-Si me permite don Ignacio, siéntese aquí, sé que le gusta mirar por el ventanal mientras escucha o habla.

-Sabe de mí y yo, nada de usted.- Su voz era queda, sin reproches.

-¿Recuerda a Amador González? Le conocí en un viaje a Uruguay, invitado por la comunidad vasca que allí reside. Un hombre que me impresionó, de los mejores conversadores que he conocido y, mire usted por dónde, me habló de Ignacio Taibo; comentó que si alguna vez quería escribir algo que mereciera la pena, que le buscara. De eso hace un par de años. En el mes de julio, un amigo me llamó para decirme que Amador había muerto y, entre sus cosas había un sobre cerrado con mi nombre; fui a recogerlo y él, me ha traído hasta aquí. Desvelado el misterio, don Ignacio.- La cara de Ignacio mientras hablaba su interlocutor, se iba iluminando por momentos y, en su boca se dibujo una sonrisa entre el agrado y el misterio.

-¿Por dónde empezamos?- Preguntó sin preámbulos.

-Por donde usted quiera, sienta o desee…

“Yo era un adolescente provinciano, bueno, mejor dicho, un pueblerino sin recursos, que no le gustaba trabajar la tierra y amaba la lectura. Gracias a que mi madre era una beata, muy amiga del párroco del pueblo, Turégano, logró una plaza para mí en el seminario de Valladolid. Fui feliz no porque amara a Dios, sino por librarme de los sabañones que me salían en invierno. Pretender que a los doce años, un chiquillo tenga vocación, es de mermados cerebrales, además, en aquellos tiempos, mandar a los seminarios a los chavales sin recursos era una buena salida para esas familias y no menos para la iglesia que así veía engrosadas sus filas ¡Cuánta suerte me ha acompañado a lo largo de la vida! Me pusieron un tutor excelente, eso sí, lo único que me daba a leer eran Las Santas Escrituras pero, nadie sabe hasta qué punto aprendí en aquellas lecturas farragosas y que pacientemente don Críspulo me explicaba. No creas que las interpretó a su libre albedrío porque, una vez que fui un adulto con cabeza, al releerlas, me di cuenta que era exactamente las explicaciones de mi antiguo tutor. Me enseñó a leer mi corazón, a interpretar la palabra de Dios como ha de ser y no, en tu propio interés, los sacerdotes muchas veces caen en ese error pero, hay que perdonarles ¿no crees? Son seres humanos como cualquier otro y, sus debilidades pueden ser pecaminosas, destructivas…”

-¿Un coñac, orujo? ¿Eres vasco, Josu?

-Sí, don Ignacio y a mucho honra. Tengo 34 años y para ganarme la vida, soy profesor de Relaciones Internacionales en la UNED, ya sabe que de escritor no se vive bien mientras no hay oportunidad y ésa, aún no ha venido a mí.

-La suerte no existe Josu, sí, las oportunidades que hay que saber detectar. Recuerdo que…

“Me hice soldado de Cristo; amaba mucho a mi profesión, me gustaba y para colmo, no se me daba mal. Recorrí varios pueblos de España, la pena es que no me daba tiempo a encariñarme demasiado con mis feligreses, pues enseguida me cambiaban de destino; era como si constantemente estuviera oyendo la palabra de Abraham *Sal de tu tierra y de tu parentela, deja la casa de tu padre y vete a la tierra que yo te mostraré* así, llegué en un otoño de frío y lluvia a lo que me dio por llamar la tierra prometida. Hay una leyenda india, Josu, que cuenta que cada otoño, los cazadores del cielo matan al Gran Oso y, al derramar su sangre, mancha de rojo las hojas de los árboles. El rojo se va diluyendo y ofrece una gama de colores que iluminan las montañas. Pues bien, cuando llegué al valle del Baztán vi y sentí como esa leyenda se hacía realidad. La belleza que Dios dio a la naturaleza es grandiosa, el problema del hombre es tener sensibilidad para saborearlo…”

-Don Ignacio, le sienta bien la chápela. Mientras le estaba esperando, me he fijado en ese hombre ¿le ve? Siempre que venimos, él está; no hace nada, sólo observa.

-¡Hoy hace un frío del carajo! Es su trabajo, Josu.

-¿Qué me quiere decir con eso?

-Llevo media vida bajo sospecha y, estoy convencido de que el día que muera, alguien estará apostado en la tumba de al lado para saber quién me lleva flores. Los caminos de Dios son inescrutables y, muchas veces sólo la fe ciega te hace seguir hacia delante.

“Desde el primer momento, me gustó aquella gente sencilla y noble, trabajadora, orgullosa de sus tradiciones y profundamente religiosa. Créeme Josu que, es difícil para un sacerdote con mis ideas, separar política y religión, porque la genuina filosofía de la iglesia católica está íntimamente unida al pueblo, a la conciencia de clases y por tanto a la defensa de la justicia. En poco tiempo, mi parroquia se fue llenando los domingos de gentes de otras zonas, me enorgullecía que la palabra de Dios arrastrara a personas hasta allí, hiciera calor o frío. Josu, les hablaba del amor a sus raíces, al consuelo del que sufre, diera igual el motivo de su dolor, era obvio que la primera víctima de sus propios sentimientos es quien sufre. Les suplicaba el diálogo entre hermanos, sobre todo entre los que pensaban de manera diferente, había que aprender una palabra con muchos matices: la del respeto. Sentía que era muy importante testimoniar serenidad y tolerancia. No sé por qué conducto, mis homilías llegaron hasta el vicario de San Sebastián que solicitó mi presencia aunque yo perteneciera a la diócesis de Navarra. No iba temeroso, no tenía por qué, sin embargo, al tener a aquel hombre delante, me di cuenta que había algo en él que no me gustaba, como si la parte de hombre que lleva todo sacerdote, pesara más que la de Dios ¿Me explico, Josu? Me dijo que hacía bien en defender públicamente el derecho del pueblo vasco a preservar su identidad, eso sí, debía medir y estudiar antes cada palabra que iba a comunicar. Por último, me ofreció ir al seminario de Derio a formar a los futuros soldados de Cristo, cosa que desestimé; sí, era importante enseñar a futuros sacerdotes pero yo aún era demasiado joven para que el poso de la experiencia fuera transmitido en su justa medida. Creía que al lado del pueblo llano podría ayudar más a mi Dios y seguir aprendiendo. Empezábamos a vivir en aquel entonces, una época de debilitamiento de la fe y del sentido moral, presentía que de un momento a otro la justicia divina podía ser manipulada. Había en la mirada de algún feligrés la decisión de valorar la vida de otros a favor de una causa, que se me escapaba a mi entendimiento ¿Por qué digo esto? Josu, el confesionario es un libro abierto a ciertas verdades ocultas. El ser humano allí muestra su alma, sabe que de la boca de un sacerdote no saldrá sino el silencio. Había muchos corazones atormentados, que necesitaban descargar sus incertidumbres; yo, escuchaba, trataba de meterme en su piel y, humildemente aconsejaba la palabra de Dios que transmitía un profundo respeto a la vida y, el rechazo firme a la violencia. Se tilda aún, que en las sacristías se han fraguado insurrecciones, que se ha ocultado a criminales y no es verdad. Se hablaba mucho eso sí y, se luchaba porque el rebaño tuviera las ideas claras, el amor a la tierra no puede hacer olvidar la historia y distorsionarla en beneficio de unas ideas y de unos cuantos. A los míos les enseñaba, porque no lo sabían, que ya en el año 19 de nuestra era, Augusto sometió a los vascones y cántabros, instaurando la Pax Romana y, convirtiendo en provincia romana a toda Hispania; Desde entonces, toda la historia nos habla de acontecimientos repletos de personajes que con su vida y su heroísmo, nos hacen presente la unidad de esta tierra llamada España; la unidad no está reñida con tu cultura y tus tradiciones, muy por el contrario, enriquece al conjunto. En las noches oscuras con el farolillo de la fe, les proporcionaba una alternativa viable a la paz y a la convivencia. La retórica de los políticos vascos iba por un lado, el estado franquista atacaba y cada vez era más peligroso decir la verdad, tu propia opinión. No te perdonaban que tuvieras un discurso negativo cuando la pluralidad de tendencias es el enriquecimiento de un pueblo. Se comenzó a presentar las cosas fuera de contexto, los medios de comunicación se hacían eco pero sus dedos y su voz estaba maniatados…”

-Veo que llevas alianza, Josu ¿Es adorno o un compromiso adquirido?

-Compromiso, don Ignacio. Por cierto ¿Por qué cree usted que hoy el amor es tan vulnerable, frágil?

-Hoy somos más sinceros, más egoístas, quizá, más auténticos. En mis tiempos, portar una alianza en tus manos era signo inequívoco de fidelidad eterna, en muchos casos, aún después de la muerte. Recuerdo que…

“Tenía a mis adorables beatonas confesándose un día sí y otro también, de esta forma, tenían la sensación de estar en paz con Dios ¡pobres mujeres! Había una que estuve mucho tiempo sin ver su rostro, sólo conocía de ella su voz y su corazón; era muy rígida en sus costumbres, se confesaba los martes y los viernes; me hacía gracia que no sintiera arrepentimiento por su conducta, tampoco había nada por lo que arrepentirse, sin embargo, puntualmente después de la misa de 9, se arrodillaba y comenzaba a contar fragmentos de una vida dura, cabal y con mucho arrojo, en definitiva, una mente bien amueblada. El día que la reconocí dándole la comunión, fue por sus manos decoradas con dos alianzas y tendidas para recibir el cuerpo de Cristo; sentí que mi corazón se arrugaba y, ahí comenzó un calvario personal entre la sospecha política, el servicio a la iglesia y mi corazón de hombre. Pedí el traslado, me daba igual donde me mandaran con tal de salir del influjo que me producía aquella mujer. Me mandaron al seminario de Derio, de ahí a Bilbao… Sin duda, me había convertido en un hombre atormentado cuyo celibato pesaba más que su amor a Dios. Sí es cierto que recobré algo la calma espiritual, cuando creyeron conveniente destinarme al valle de Aezcoa; allí, encerrado entre bosques de hayas y robles, pastos y cabezas de ganado, me sentí de nuevo libre y al servicio de Dios en cuerpo y alma. También, te puedo decir Josu que comenzaba a haber un difurcamiento de mi vida como sacerdote, me explico: Sí, es verdad que parecía superado mi amor por aquella mujer pero, cada vez me veía más comprometido con la causa del nacionalismo vasco, eso sí, por supuesto sin dejar de amar a Dios ¡Es gracioso! Más que nunca le sentía a mi lado, según me iba alejando del compromiso de la iglesia que, lógicamente me iba dando toques de atención y yo, cada vez me sentía más ahogado. Recuerdo como si fuera ahora mismo aquel día de principios de octubre; era media noche cuando aporrearon la puerta colindante a la iglesia donde yo vivía, me asusté pero salí precipitado a abrir. Mis ojos contemplaron a un hombre malherido, sujetado por otro en cuya cintura reposaba una pistola; le pedí que dejara el arma en la calle, en la casa de Dios no podían entrar semejante violencia. Entre los dos, le dimos los primeros auxilios al herido. Pregunté si deseaba la confesión y me dijo *Padre, no hay arrepentimiento, también Cristo dio la vida por su pueblo* y, cerró los ojos para siempre; obligué al compañero a que saliera pitando de allí. Llegó la guardia civil y me inventé una historia entre lo real y lo ficticio; ahí me di cuenta que no podía seguir con las vestiduras de sacerdote…”

-¿Hay consenso en su alma actualmente, don Ignacio?

-¡Qué cosas preguntas, hijo mío! El hombre si camina no está en paz jamás, el demonio sale en cada esquina. He estado en la cárcel, perseguido, en la sombra, pero tratando siempre de luchar por mis ideas, por Dios y por el amor a mi mujer.

-¿Se casó, don Ignacio?

-No, me excomulgó la iglesia pero lo gracioso, es que sé que Dios me ama y, yo trato de que su palabra y su verdad estén siempre en todo lo que hago.

-¿Cómo es que vive en Madrid?

-En el año 70, las cosas estaban tan feas, recuerde el juicio de Burgos, que me aconsejaron irme de España. Ayudado por un simpatizante de Acción Nacionalista Vasca, Amador González, me fui a Uruguay hasta que en 1975 volví. No me gustó lo que encontré al regresar; se me puede tachar de idealista pero, no puedo estar de acuerdo con gente que se toma la justicia por su cuenta y decide sobre la vida de otros, decretando la muerte para atemorizar a la sociedad; suprimir físicamente a quienes no comparten la propias ideas o, se resisten a su predominio en un pueblo, en un barrio, en una ciudad o, en una nación entera. Josu, Dios me enseñó que los zarpazos del terrorismo no son el camino. Me desvinculé de ellos totalmente, aunque traté de continuar con mi labor pastoral, visitando a los presos en las cárceles, dando consuelo a sus familiares…

-¿Y ahora?

-Ambos bandos me odiaban, pero nunca he llegado a sentirme incomprendido, he hecho lo que he creído conveniente, sin más. Mis huesos han venido a parar a esta gran ciudad que aunque no me gusta, y ame la paz del campo, aquí, el anonimato es bueno.

-Y ¿Su compañera?

– Itziar sigue, muy arrugadita aunque tan hermosa como siempre, en el Baztán; ya le dije que las alianzas de antes no son las de ahora.

-¿Entonces?-Nada. La amé, la amó en cuerpo y alma y precisamente por eso, no puedo obligarle a renunciar a su propia esencia.

-¿Algo más? Sí *Yahvé, mi Señor, es mi fortaleza, que me da pies como de ciervo y me hace correr por las alturas*

Mª Ángeles Cantalapiedra
¿Qué voy a decir de mí?No soy seria, me gusta la vida, reírme, viajar... Soy de Valladolid, pero no vivo allí, que no sé decir ya si no es escribiendo. He ganado algún premio y me he sentido la reina del mambo pero cuando han dado las doce campanadas pues vuelvo a la realidad. Tengo dos novelas publicadas SEVILLA...GYMNOPÉDIES, que ha recibido el premio en la feria del libro de Madrid 2016 como MEJOR AUTORA NOVEL. En 2017 publiqué MUJERES DESCOSIDAS y nada que si alguien me necesita pues estoy por ahí zascandileando. http://angelesysuscuentos.blogspot.com/ http://mellamolola.blogspot.com/ http://contartecosas.blogspot.com.es/
Mª Ángeles Cantalapiedra

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