Hoy no ha sido un día grato. ¡Nada grato! ¡Un calvario, os digo! Noto mis lomos cargados bajo la ignominia sufrida al no distinguir mi limitación, por no analizar mi causa. ¡Soy un individuo normal! Mas no han razonado mi dificultad… ¡Conozcan mi traba, y no hagan un juicio rápido y malsano! ¡Discurran una opinión cauta y apropiada a mi situación!

A continuación, voy a transcribir lo ocurrido:

Nada más abrir los ojos por la mañana, ya intuyo qu· algo ·stá fallando. No sonó la alarma d·l d·sp·rtador. Raudo como un rayo, comunico a mi j·f· la infortunada situación, “sin pr·t·nd·r d·f·nd·rm· por ·l r·traso”, l· digo. No sólo no admitió mis disculpas, tambi·n m· sugirió, con muy poca amabilidad, qu· m· lavara bi·n la cara por las mañanas ant·s d· ·nviar m·nsaj·s il·gibl·s.

Ya ·n la oficina, comi·nzo la jornada mandando un mail a nu·stro prov··dor para solicitar la partida de pi·zas qu· faltan ·n la fábrica. ¡Con toda ironía m· r·spond·n pr·guntando si las qu·ría margaritas o carbonaras y qu·, si t·n·mos hambr·, acudamos al r·staurant· d· la ·squina! ¡Vaya falta de r·sp·to!

Vi·ndo qu· habría d· cons·guir ·l mat·rial por mí mismo, introduzco ·n ·l buscador la palabra “tu·rcas” para hallar una ti·nda on-lin·. ¡Y ni Googl· m· compr·nd·! La pantalla abrió un cúmulo fotográfico d· ·xóticas damas tapadas con su v·lo, al mismo ti·mpo qu· pasaba ·l ·ncargado con cara d· pocos amigos para cu·stionar si hacía un uso ad·cuado d·l ti·mpo y la maquinaria d· la compañía.

Abochornado por la situación, ·scribo al chico d· los r·cados para qu· vaya a comprar ·l mat·rial usando ·l v·hículo d· la casa. Pr·ocupado por ·l din·ro, l· indico qu· mir· por ·l capital. ¡D· la ·mpr·sa, claro! ¿Por qu· usaría tal palabra? ¡A Madrid acudió a comprar! ¡Imagináos ·l gasto d· gasolina, si nos ubicamos ·n Zaragoza!

Y para rizar más ·l rizo, m· llama ·l dir·ctor con la int·nción d· r·dactar un comunicado para una important· firma, por la ocasión d· un contrato. “L· ·xpr·samos nu·stros d·s·os f·rvi·nt·s d· ·stabl·c·r ·str·chos ·nlac·s d· int·r·s”… ¡Cómo s· puso ·l hombr·!  ¿Y qu· culpa t·ngo yo si al tipo l· da por usar unas palabras tan complicadas?

Yo ya s· qu· t·ngo un probl·ma, qu· falla una l·tra ·n ·l t·clado d· mi ord·nador. ¡P·ro no pu·do ir por ahí proclamándolo a todo ·l mundo! Mas opino qu· si r·capacitáramos ·n las limitacion·s d· los d·más, y p·nsáramos ·n qu· hay circunstancias, muchas v·c·s ocultas, qu· provocan qu· nos comport·mos d· una forma distinta a lo habitual, podríamos ·mpatizar m·jor y analizar las cosas con consid·ración, ·n lugar d· s·ñalar y cond·nar inoc·nt·s al ostracismo. ¡Qu· a todos nos pu·d· fallar una l·tra d· v·z ·n cuando! ¿O no?

 

Juan Sauce

Lector y dibujante de cómics desde que tengo memoria, descubrí mi interés por los libros a una edad tardía, casi acabada la adolescencia, con dos obras muy concretas: “El Principito”, de Antoine de Saint-Exupéry y “El joven peregrino”, de Helen L. Taylor. Ambos relatos repletos de metáforas; quizá por eso es mi forma favorita de narrar, una manera imaginativa de compartir mis ideas. Me gusta la fantasía, la ciencia ficción y la aventura. Me interesa la psicología, la religión y la naturaleza. Sueño con escribir para niños y jóvenes, aunque desde esta ventana voy a intentar llamar la atención de lectores de todas las edades. A ver si lo consigo...

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