0.00 Promedio (0% Puntuación) - 0 Votos

Descubrieron, en su andanza, veinte o treinta gigantes que acercábanse adonde don Quijote y Sancho Panza estaban; y así como los vio el escudero, díjole a su señor:

— Mire vuestra merced, que allí veénse desaforados y terribles gigantes; pues acierto a descubrir treinta dellos o algunos más, que con paso grande lléganse al encuentro nuestro.

Mas viendo Sancho Panza que su señor no reponía palabra a cuanto decía, insistió en ello con mayor apuro.

— ¿No es de los caballeros, como de los que vuestra merced representa, el acometer a los desta simiente, que es esta la buena guerra, y de cuyos despojos enriquécense los que los enfrentan, aunque sea en fiera y desigual batalla?

Levantó el hidalgo la cabeza para otear por debajo de la bacía, mirando a las viles criaturas.

— Engáñante tus ojos, amigo Sancho —respondió resuelto don Quijote—; que los que allí se parecen no son sino molinos, que voltean sus aspas empujadas por el viento para echar a andar la piedra.

— Perdone que insista, mi señor —respondió Sancho—. Mas digo yo que lo que en ellos parecen aspas, son de cierto largos brazos, cuales los del gigante Briareo, y temo que están puestos a alcanzarnos para despaldarnos y darnos buena tunda.

— ¡Calla, amigo Sancho! —respondió don Quijote—. ¡Que molinos son de viento, y lo ignora quien llevare otros tales en la cabeza!

Diciendo esto el valeroso caballero, continuó de largo, a pesar de la resistencia de su cabalgadura. Mas no así su escudero, que escondióse tras unos cipreses que por allí se erguían, hallando cobijo cierto de los sucesos que siguieron. Pues vino a arremeter el primero de los mentados contra el ingenioso caballero, vapulándole y llevándose tras sí al caballo y al caballero; con tal presteza que el pobre caballero no tuvo tiempo de encomendarse a su señora y bien amada Dulcinea del Toboso; e hízole rodar por el campo, dejándolo maltrecho y rota su lanza en pedazos.

Acercóse a toda priesa su escudero, tanto como le daba el correr de su asno, a socorrer a su señor, cuando hubo ya pasado el peligro. Y le halló que no se podía menear, según tenía brumado todo el cuerpo.

— ¡Válgame Dios! —dijo a voces Sancho—. ¿No dije yo a vuestra merced que mirase bien lo que hacía, que no eran sino gigantes, y no molinos, lo que allí se parecía?

Ayudóle a levantarse y tornó a subirle sobre Rocinante, que medio molido estaba. Y se llegaron a una venta, adonde pudo recomponerse de sus feridas y hallar sosiego de su desventura. E mientras encaminábanse a su aposento, el caballero de la Triste Figura daba buena cuenta de sus cavilaciones:

— Esto sírvanos de lección a ti y a mí, amigo Sancho: que necios son quienes no atienden a las razones de su compañero cuando éste se atendiere a avisale de peligro o cosa alguna que avanzare en su desventaja. Pues los tozudos y los obcecados que no oyen a sus prójimos, son prestos a recibir palos en esta vida que Dios nos da.

— Largas palabras las de mi señor —respondió Sancho Panza.

Mas al entrar al caramanchón, quedó éste pálido al ver adentro a un descomunal gigante que miraba del revés, como si fuese bizco, lo que daba aún más espanto de mirarlo; y cimitarra en mano amenazábales en darles de cuchilladas.

— ¡Atiéndase, mi señor! –gritó Sancho—. ¡Que pienso que éste debe ser el gigante Pandafilando de la Fosca Vista, enemigo de la señora princesa Micomicona, y sería certero el momento en que tajara la cabeza suya de cercén a cercén!

— No, amigo Sancho —respondió don Quijote—. Que no son sino cueros de vino amontonados, e non estaría bien que pusiéseme yo a dar de cuchilladas con la espada, dando lugar a derramar y llenar todo el aposento de vino, para enojo del ventero.

Y desta manera dio comienzo una nueva aventura de nuestro famoso hidalgo don Quijote de la Mancha.

Juan Sauce

Lector y dibujante de cómics desde que tengo memoria, descubrí mi interés por los libros a una edad tardía, casi acabada la adolescencia, con dos obras muy concretas: “El Principito”, de Antoine de Saint-Exupéry y “El joven peregrino”, de Helen L. Taylor. Ambos relatos repletos de metáforas; quizá por eso es mi forma favorita de narrar, una manera imaginativa de compartir mis ideas. Me gusta la fantasía, la ciencia ficción y la aventura. Me interesa la psicología, la religión y la naturaleza. Sueño con escribir para niños y jóvenes, aunque desde esta ventana voy a intentar llamar la atención de lectores de todas las edades. A ver si lo consigo...

Últimos post porJuan Sauce (Ver todos)