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La tortuga ganó a la liebre en una carrera debido a que ésta, en un exceso de confianza, se quedó dormida. A su vez, la liebre ganó al camaleón en un concurso de camuflaje, porque el camaleón se olvidó de que los pigmentos de su piel no pueden volverse blancos como la nieve.
El camaleón, curiosamente, había ganado a la rana en una competición de saltos, ya que al batracio, con los nervios, le dio un calambre en la pata justo cuando tomaba carrerilla. Sin embargo la rana hubo ganado al canario en una prueba de canto, simplemente porque el canario se dio un buen empacho a la hora de comer y le dio hipo en el momento más inoportuno.
Aunque el canario había ganado a la sardina en un reto de natación, y es que la sardina se equivocó de camino porque no distinguía la diferencia entre el este del noreste en su tridimensional mundo submarino. La sardina ganó al colibrí en una apuesta para ver quién aleteaba más rápido sus extremidades, porque el pajarillo tuvo la mala suerte de competir fuera de su ambiente, donde tuvo frío y no fue capaz de separar las alas de su cuerpo para moverlas.
El colibrí ganó a la zarigüeya a la hora de hacerse el muerto porque en su demostración, la zarigüeya se dejó caer sobre un matorral lleno de espinos y os podéis imaginar el grito que soltó. Y por último, la zarigüeya venció a la tortuga en una muestra para ver quién tenía la casa más práctica y original, simplemente porque cuando pasó el jurado junto al cansado reptil, éste se escondió en su caparazón para que la vieran bien pero la confundieron con una simple roca…
Esto me lleva a pensar que no importa lo bueno que sea en una cosa, siempre me pueden ganar. Que no importa cuántas veces pierda, volveré a tener oportunidades para vencer. Que el orgullo, la mala suerte, las circunstancias, un descuido, una absurda equivocación o las propias limitaciones pueden echar a perder lo que mejor sé hacer. Que siempre encontraré gente más capacitada y con más talento que yo pero eso no me impide participar y lograr. Que debemos intentarlo siempre porque no sabemos cuáles serán los imprevisibles resultados. O simplemente que, a veces se gana y a veces se pierde, y hay que saber vivir con eso.

Juan Sauce

Lector y dibujante de cómics desde que tengo memoria, descubrí mi interés por los libros a una edad tardía, casi acabada la adolescencia, con dos obras muy concretas: “El Principito”, de Antoine de Saint-Exupéry y “El joven peregrino”, de Helen L. Taylor. Ambos relatos repletos de metáforas; quizá por eso es mi forma favorita de narrar, una manera imaginativa de compartir mis ideas. Me gusta la fantasía, la ciencia ficción y la aventura. Me interesa la psicología, la religión y la naturaleza. Sueño con escribir para niños y jóvenes, aunque desde esta ventana voy a intentar llamar la atención de lectores de todas las edades. A ver si lo consigo...

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Comments

  1. Aunque ya te lo dije en el facebook, te lo repito aquí (comienzo a cansarme del “cara-libro”), me encantó la reflexión.Tus textos tienen el poder de esas películas que te dejan pensando a la salida del cine…nos haces pensar, barajar neuronas y eso, dicen los médicos que alarga la vida, así que, supongo que te debo un par de horitas al menos jejejejje.

     
    1. ¡Me alegra mucho! Si puedo inspirar, animar o hacer reflexionar, ese es mi objetivo (es un vicio personal, me gusta ser didáctico). Gracias por tus palabras. Respecto a lo que dices del facebook, prefiero escribir comentarios en la misma página porque así quedan mejor registrados. Al fin y al cabo, la información de facebook se pierde conforme se añaden más posts y notificaciones, pero en la página, el autor (o autora) puede regresar cuando quiera a un escrito antiguo y recordar lo que otros opinaron sobre él. ¡Creo que eso es muy bueno para dar ánimos a los escribientes!

       

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