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La noche desdibujaba la silueta de una ciudad maldita, incapaz de hacer dormir el vicio y el devaneo de los pecadores. Como una sombra más, erguida sobre las cumbres de cemento gris, el hombre convertido en héroe vigilaba el sueño de los justos con la mirada atenta y los sentidos a flor de piel. Su cerebro, siempre activo, trabajaba incesante, procurando no atender a la tentación de doblegarse ante la angustia que se forjaba en su mente.

Momentos antes, agentes del crimen organizado pusieron a prueba su temple en un callejón de los suburbios. Lo vieron aparecer envuelto por una columna de vapor proveniente del subsuelo, una visión fantasmal que les recordaba que esa noche iban a enfrentarse a su peor pesadilla. El tiroteo que resonó por las callejuelas cercanas contrastaba con el sigilo y la agilidad del justiciero enmascarado. La pugna se resolvió en pocos minutos, suficientes para recordarle que cuanto más se esforzaba en castigar el mal y frenar sus avanzadillas, más hijos corruptos engendraba este, modelando una sociedad que agonizaba sin remedio.

Esperaba en cualquier momento un nuevo combate contra el perturbado homicida disfrazado de payaso, capaz de acercar al superhéroe a los límites de su integridad, mientras siembra el caos y la destrucción allá por donde pasa. No importaba la apariencia que tuvieran sus enemigos, si de espantapájaros, pingüinos o sujetos de dos caras. Sabía que la corrupción y la depravación no podían estar quietas mucho tiempo, igual que el viento no cejaba en hacer ondear su capa, confiriéndole la imagen de un espectro en la oscuridad. Sin embargo, lo que le atenazaba era lo que vendría después del amanecer.

Antes que el sol se alzase sobre los edificios sucios de la metrópoli, el héroe se refugió en su morada, atravesando el umbral por una misteriosa y oscura cueva. Un acceso secreto le permitió llegar hasta un espacioso estudio, a través del reloj de pared que ocultaba la escalinata. El silencio, que en otros momentos le resultaba agradable, ahora le parecía lúgubre y molesto. Atravesó diversas estancias hasta llegar a aquella que le producía escalofríos. Observó con perturbación el paisaje que esta nueva habitación le ofrecía. En ese mismo momento, una figura femenina de formas esculturales se acercaba por su espalda.

— Llegas tarde.

El héroe se giró impasible al escuchar su voz. La esperaba. La miró a los ojos sin mencionar una palabra. La mujer, de belleza exótica y vestida con un traje impecable, sostenía un pequeño maletín en su mano.

— Debo dar una conferencia en el otro extremo de la ciudad y he de salir en cinco minutos. El niño duerme, pero dentro de una hora hay que despertarlo para darle el biberón y cambiarle los pañales. Siento lo de los platos sin fregar, pero anoche vinieron invitados y no me dio tiempo. Además, los jueves te toca a ti, y lo sabes.

Un gruñido casi imperceptible escapó del paladín de la justicia. Con la seriedad impregnada en el rostro, se remangó, dejando desnudos sus musculosos brazos. La mujer avanzó sobre sus zapatos de tacón y le dio un beso en la mejilla, dejándole una marca de carmín, a la vez que le susurraba al oído:

— Eres mi superhéroe.

Tras ello, se esfumó como una exhalación, dejando el único rastro de su perfume en el ambiente. El héroe ni siquiera se molestó en quitarse el traje; únicamente lo cubrió con un delantal a cuadros que colgaba de la pared. Miró con desolación los platos sin fregar y, con resignada determinación, abrió la llave del grifo y continuó su hazaña.

Juan Sauce

Lector y dibujante de cómics desde que tengo memoria, descubrí mi interés por los libros a una edad tardía, casi acabada la adolescencia, con dos obras muy concretas: “El Principito”, de Antoine de Saint-Exupéry y “El joven peregrino”, de Helen L. Taylor. Ambos relatos repletos de metáforas; quizá por eso es mi forma favorita de narrar, una manera imaginativa de compartir mis ideas. Me gusta la fantasía, la ciencia ficción y la aventura. Me interesa la psicología, la religión y la naturaleza. Sueño con escribir para niños y jóvenes, aunque desde esta ventana voy a intentar llamar la atención de lectores de todas las edades. A ver si lo consigo...

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