dibujo de Juan Sauce

Ella entró con paso elegante y seductor. Los espléndidos tonos de su plumaje, de vivos azules, verdes y rojos, le otorgaban una deslumbrante belleza exótica. Lucía el envidiable aspecto de una hermosísima guacamayo de colores. A su alrededor, multitud de figuras y formas, grandes y pequeñas, fornidas y lánguidas, de todo tipo de razas y familias, llenaban el lujoso salón donde se celebraba la fiesta. Era el baile de máscaras de los animales.

Caminó con garbo acercándose a una de las mesas rebosantes de frutas, cereales y suntuosos manjares de todos los rincones del planeta. Contempló por un instante los adornos de flores y velas que decoraban el lugar mientras acariciaba suavemente una de las copas de champán dispuestas sobre el mantel. Se dio la vuelta, apoyándose sobre la mesa, y perdió su mirada entre la muchedumbre que la rodeaba risueña. No conocía a nadie; estaba sola.

Por un costado se aproximaba un labrador de pelaje marrón claro, probando de aquí y de allá los canapés y los bombones que encontraba a su paso. Ella no le prestó atención, por eso se sintió repentinamente incómoda cuando percibió que le estorbaba el paso.

— ¡Oh, disculpe! —dijo el ave, apartándose para dejarle sitio. Ni siquiera le miró. Sus ojos estaban puestos en las distintas parejas que bailaban y reían juntas, a pesar de ser de especies diferentes.

El can terminó de masticar una tostada untada de fina confitura y trató de romper el hielo iniciando una conversación:

— ¡Menudo ambiente!, ¿eh? Estas fiestas suelen reunir a animales de todo el mundo. Bailan, comen y ríen juntos… Creen conocerse y después acaba todo como el rosario de la aurora.

— Perdone, ¿cómo dice? —dijo ella tratando de dejar su ensimismamiento—. No acabo de comprenderle.

— Me refiero a ellos —respondió él, señalando a las diferentes parejas que bailaban a su alrededor—. Parece mentira que todos se olviden de algo tan básico como que nos encontramos en un baile de máscaras. Quiero decir que en el exterior tienen la apariencia de ser un espléndido animal, pero por dentro se encuentra otro muy distinto. Parece que ya nadie recuerda la historia del lobo que se vistió de oveja para ofrecerse un buen festín. Qué olvidadizos nos volvemos cuando queremos.

— ¿Qué pretende usted decirme? ¿Qué no puedo fiarme de nadie?

— No hablo de todos, por supuesto. Pero hay quien aprovecha su disfraz para atrapar a cualquier incauto. Otros, al contrario, esconden tras la máscara sus defectos, los mismos que saldrán a flote cuando las cosas se vuelvan difíciles…

— Y, por supuesto —dijo ella haciendo una mueca que simulaba una sonrisa—, usted es un experto en detectarlos para que nadie le pueda pillarle desprevenido…

El perro se inclinó hacia el ave para tener el mismo ángulo de visión y extendió su brazo señalando a una de las parejas que se movían al armonioso compás de la música.

— Mire: ¿ve a ese simpático oso bailando tan gentilmente con una gacela?

Ella observó con atención a un enorme y regordete panda.

— Observe bien. En realidad es una boa constrictor. ¿Se da cuenta de lo que significa? ¡Cons-tric-tor! ¡Qué irónico! —rió—. Imagínese qué sorpresa se llevará ella cuando él quiera darle un “abrazo de oso”…

Efectivamente, por la parte de atrás de su disfraz, pudo observar que sobresalía una cola escamosa de manchas marrones que le identificaban con el reptil mencionado.

— ¡Es horrible! —dijo ella.

— Sí; pero intente advertir a la gacela y recibirá una cornada de sus falsos cuernos. Muy raras veces quieren escuchar los consejos en ocasiones como estas. Y mire aquella pareja de allá —el perro señaló a una atractiva conejita tomando unas copas con un animado gallo—. Yo, en su lugar, me lo pensaría dos veces. Ese animal no sabe que está coqueteando con una araña viuda negra.

— ¡Qué horror! ¿Es siempre así de terrible?

— No, no; hay casos más divertidos… ¿Ve a ese guepardo de ahí? Ella se ha fijado en él porque necesita a alguien que sea rápido y despierto, ya que se trata de una siempre ocupada hormiga. Pero no se ha dado cuenta de que está hablando con un perezoso… Y él solo ha visto de ella su disfraz de ruiseñor; seguro que espera que le cante nanas a la luz de la luna… ¡Lo lleva claro! Lo que le cantará será las cuarenta, cuando llegue la ocasión.

— ¡Es asombroso! ¡Nunca lo hubiera pensado…!

Y juntos rieron mientras él le señalaba al cobarde ratón disfrazado de león flamante, a la indomable pantera vestida como una doméstica gallina, a un aparente búho, tras el cual se ocultaba un cegato topo, y a la hermosa y coqueta mariposa que escondía el lúgubre y tacaño rostro de una vieja urraca.

Se lo estaban pasando estupendamente cuando ella interrumpió su resuelta conversación.

— Bien, me has convencido —dijo—. Creo que tienes razón. Ya sé lo que debo hacer.

Todavía riendo, el labrador parecía no entender lo que quería decirle. La guacamayo procedió entonces a quitarse el disfraz y apareció en su lugar una sencilla y común paloma. Por un momento permaneció atónito. Después mostró una expresión de alivio.

— Ah, bien… Bueno, me alegro; no hubiera sido capaz de estar a la altura de… —carraspeó nervioso—. Parecías demasiado sofisticada. Mejor así.

Ella le miró profundamente y le hizo un gesto con su cabeza. Lo comprendió; era su turno.

— De acuerdo. No te sorprendas… Lo cierto es que no estoy acostumbrado…

El perro se quitó su máscara para dar lugar al rostro de un estrafalario ornitorrinco.

— Bueno… Ya sabes —dijo haciendo un esfuerzo por levantar la mirada—; no me gusta que me identifiquen como un animal… raro.

— Yo iba a decir… interesante —dijo la paloma.

Ambos sonrieron. Se acercaron a la mesa y tomaron un par de copas de champán, levantándolas para hacer un brindis.

— Ahora podemos empezar a conocernos.

 

(*dibujo de Juan Sauce)

 

Juan Sauce

Lector y dibujante de cómics desde que tengo memoria, descubrí mi interés por los libros a una edad tardía, casi acabada la adolescencia, con dos obras muy concretas: “El Principito”, de Antoine de Saint-Exupéry y “El joven peregrino”, de Helen L. Taylor. Ambos relatos repletos de metáforas; quizá por eso es mi forma favorita de narrar, una manera imaginativa de compartir mis ideas. Me gusta la fantasía, la ciencia ficción y la aventura. Me interesa la psicología, la religión y la naturaleza. Sueño con escribir para niños y jóvenes, aunque desde esta ventana voy a intentar llamar la atención de lectores de todas las edades. A ver si lo consigo...

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Comments

  1. Magistral enseñanza, Juan. Todos llevamos o hemos llevado máscaras cuando nos enfrentamos a la sociedad. Y todos escogemos la que nos haga parecer lo contrario a lo que somos. Nos entretenemos más en ocultar nuestros defectos que en mostrar nuestras virtudes. Y al final el implacable tiempo acaba desenmascarandolo todo. Gracias una vez más por este texto tan lleno de sabiduría y valores.
    Un abrazo infinito.

     

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