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 Malos tiempos para los dioses Realmente he estado ausente, lo reconozco y pido disculpas por haber vivido intrínsecamente, ensimismado en el reto de descubrir lo que supone no ser uno mismo. Pero no me preguntéis, no sabría contestar, han sido tantos los espectros, tantas las quimeras, tanto el vacío y los talismanes brillando en el lugar equivocado… Fui viajero en un mundo sin estrellas, en el que aprendí a orientarte por los sueños, un desterrado consumiéndose cada día en pura energía oscura -esa forma de ser antimateria de sí mismo-. Porque la ausencia es así, se alimenta de lo imaginario, de “lo otro”, de aquello que algunos también vienen a llamar locura. Pero hoy todo se rompió en mil pedazos y la vida, al fin me embarcó en una grata aventura de inesperada claridad. Inquietante, Marilyn, como una dulce ninfa tras el objetivo de su Canon, apareció de nuevo para desvelarlo todo con su belleza misteriosa y sugerente, y yo entonces -pobre mortal agradecido-, la abracé con fuerza y entendí lo que sienten los dioses.

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