Porque vivir de verdad, supone aceptar que en cualquier momento el azar, con un golpe de dados, te puede hacer retroceder a la casilla de salida, que por muchas aventuras que emprendas o rutas que recorras, ninguna te va a conducir necesariamente a la Ítaca soñada. Ese lugar mítico que nunca enriquece, ese destino impreciso e ingrato, que jamás te dará lo que buscas.

Lo importante es el viaje, escuchas siempre, y crédulo, pasas la vida perdido por arteros laberintos de noches en blanco y días en turbio, hasta que comprendes que en realidad TÚ ERES EL CAMINO Y LA PUERTA DE TODO, y que de todas las Ítacas que has encontrado, en realidad, nada te concierne, que lo único valioso será lo que has aprendido en el viaje, porque el destino no existe más allá del azar y los sueños.

Yo, que deslumbrado por la aventura, me lancé enardecido una y otra vez a la vida, sin entender que la pasión, con ser mucho, no es ni será nunca la única ni la mejor compañera de viaje.

Pero al final, me quedó la poesía. Ella me acogió, y sin hacer preguntas aceptó compartir mi entusiasmo. Con ella aprendí que a veces hay que elegir entre contarlo tal cual fue, o como si realmente hubiera sucedido de otra manera. Me enseñó a ser optimista, a interpretar las señales, a confiar en que a pesar de todo, aunque te equivoques, siempre aparece la musa que llenará de nuevas y bellas historias lo que pensaste que había sido tu última apuesta.

Decía Gabriel Celaya, “la poesía es un arma cargada de futuro”, y tenía razón. A mí, la Poesía me ha permitido no aceptar nunca el fracaso o la decepción como respuesta definitiva. Me ha mostrado, que aunque no busques, siempre hay alguien que te aguarda embozada entre sueños, alguien que sin saberlo, sin que tú la elijas, te ayudará a liberarte del miedo, el fracaso o el desamor. Alguien que sin que se lo pidas, atenta, recogerá contigo los pedazos. Alguien que cree en ti, y que para tu sorpresa, se ofrece a acompañarte un tramo más del camino.

Alguien que te enseña que en la vida, no importa que sea o no la primera vez, sino que lo verdaderamente hermoso, es que siempre, siempre, todo suceda como si fuera la primera vez.

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