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Tímida, divertida, valiente, la vida la ha hecho fuerte, una auténtica atleta, sin renunciar ni un ápice a su extrema y encantadora dulzura. Hedonista, luchadora, generosa, curiosa. Raquel una superviviente acostumbrada a las sacudidas de muchas contiendas – pero de esas en las que te juegas el tipo de verdad – navega hoy, algo perdida entre las brumas de lo cotidiano y las escaramuzas de una disciplina necesaria para sobrevivir cada día. A veces te sorprende con finos tacones, medias negras, un conjunto de ropa interior Lise Charmel con encajes fucsia y fondo oscuro como el color de la grosella negra, vestido bustier de Dolce & Gabbana con escote de copa, que realza su figura, y una larga melena suelta de color casi fuego. Otras, aparece con el uniforme y ese aire marcial del personaje que tiene que representar, al que no obstante, procura mantener a raya para que no invada demasiado su corazón de azúcar. Su mirada penetrante y decidida, advierte que no tiene miedo a nada ni nadie. Solo se rinde a la lealtad y al amor, porque Raquel es leal como pocas y, sobre todo ama, ama apasionadamente y sin límites. Estas son sus debilidades, sus más celosos secretos en medio del mundo arriesgado y competitivo en que se desenvuelve, donde el éxito tiene mucho que ver con la supervivencia, la astucia, la intuición y la capacidad de adaptación al peligro. Por eso, nunca abandona, por principio, nunca te abandona, nunca tira la toalla. Compañera incondicional, sonriente y divertida como pocas, a pesar de su arrogante firmeza castrense y su voz que a veces suena extrema y tremenda. Ella -mi amor- como los grandes vinos, aunque al principio sorprende por la firmeza de sus taninos, al final te cautiva por la sensualidad de sus más secretos atributos. Coqueta y sofisticada, adora los perfumes de DKNY, y necesita abrirse con delicadeza, eso sí, porque la embriagadora recompensa que te ofrece cuando se pasa la barrera, en ese momento, es una potente explosión de aromas y sabores, un estallido de hermosos sueños, abrazos y besos, la mayor concentración de flores, locura, perversión y misterio que he conocido, Porque todo en ella es tan inolvidable, como nuestra más embrujada y apasionante noche de verano.

¡Brindo por ti Raquel, porque leal, nunca renunciaste!

¡Brindo por ti Raquel! tan lejana y tan próxima, tan parecida y tan diferente.

Ese ángel guerrero, que una vez me rescató del infierno.

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