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 Intento imaginar entre líneas el roce infinito de sus manos disponiendo mi cuerpo, esos ojos intensos, fijos en mí, insinuando la fuerza de su carácter o esa boca que adoro, moldeando en silencio mi espíritu. Y es hermoso sentirse así, poseída y táctil, amarrada a él por la fuerza invisible de sus palabras, dócil detrás de cada una de sus órdenes, subyugada a cada uno de sus gestos, excitada, plena, tan hambrienta de obedecer sus deseos, que no terminaría nunca de amarle, de buscar saciarme de placer en el abatimiento, en la adoración que me embarga cuando me tiene entre sus manos.

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