Corre, corre… (I)
¿Dónde vas Caperucita? (II)

¡Qué asco de vida, joder! Siempre la misma rutina. Sale el sol y se esconde todos los días y yo, ¿qué hago? Nada de nada… No ocurre nada. Las semanas transcurren en completo orden. Por no haber, no hay ni multas de coches mal aparcados. No sé qué tiene este barrio, pero parece que esté bendecido por alguna mano divina. Cada una de esas tediosas almas que pasean por sus calles, todas y cada una, son desconocedoras de la avaricia, de la ira.. Ignoran lo que es la envidia, mmmmh, la envidia, ese sentimiento de desdicha por querer lo que es del prójimo, ¡me encanta! Y mejor aún es el rencor, ¡sííí! Ese gran resentimiento surgido a raíz del daño causado por alguien. El rencor es el paso previo a la ira, y con la ira…. ¡ay, hasta me pongo nervioso de lo que puede desencadenar la ira! Pero no, esa muchedumbre aburrida y metódica irá directa a ese cielo que algunos iluminados auspician. Hasta debe haber una pasarela escondida en algún callejón por donde sus muertos ascienden y entran directos en el Paraíso, sin pasar por el filtro de San Pedro. Vamos, por creer, creo que la gente de este distrito tiene pódium asegurado año tras año en el ranquin de beatos.

Mi inteligencia y mi intuición están siendo menospreciadas y yo… y yo me estoy consumiendo con esta falta de actividad. Incluso mi compañero es un pringado. Dice que sí, que le gustaría tener algo de acción, pero en el fondo es un “cagao”. Lo único que hace es mostrar sus abdominales en el vestuario, porque no puede lucir de neuronas. Siento verdadero desprecio por este tipo de mamarrachos que cultivan el cuerpo y hacen de él el centro de su universo, desviándose de lo realmente importante: el poder de la mente. Me tengo que llevar bien con él porque no me queda otra, porque así lo ha establecido el jefe, que si no.. De todas formas, tampoco hay mucho donde escoger. Prefiero a este “metro sexual” sin sesera que al barrigudo de Santana, la verdad. Al menos a éste le “encolomo” todo el papeleo mientras yo leo el periódico.
Tengo que hacer cambiar mi suerte. Algo debo hacer y pronto. Si pudiera llamar la atención de los de arriba de alguna manera.. Si pudiera hacerles ver el valor de mi cerebro, mi superioridad, mi privilegiado intelecto, quizá así me cambiarían de destino. Conseguiría acercarme un poco más a mi objetivo real: formar parte de Asuntos Estratégicos, el gabinete de criminólogos de más élite del país. Allí está mi sitio, lo llevo grabado en la frente desde que tengo uso de razón. .y lo conseguiré.

Los días que me despierto sin que sea la hora de levantarse, son indicadores de que algo saldrá mal. Me temo que hoy va a ser uno de esos días; no puedo dormir y todavía falta una hora para que suene el despertador. Ah no, me niego a esperar tumbado mirando el techo, me hace recordar la mierda de vida que tengo. Hoy me levanto y no sé, hago cualquier cosa, como.. como.. ¡Mira, ya está! Voy a probar esas deportivas nuevas que me compré por recomendación del “atleta” ese que tengo por compañero. Lo de atleta va con retintín, claro. Dice que son las mejores para correr, que él ya no usa otras. Como me salgan ampollas, se las meto por el culo.

Un-dos, un-dos, un-dos.. Buff, estoy en baja forma. Esto de correr es para tontos que no saben hacer otra cosa. ¡Ostia! Menudo tortazo se han dado esos dos. No se han visto y han chocado de frente uno contra otro. Lástima que no se hayan caído al suelo, me hubiera tronchado de risa. ¡Mierda! Es mi compañero, no quiero que me vea, se reiría de mí si descubriese que he salido a correr. ¡Escóndete, Juan, escóndete! ¿Pero, dónde? Eh.. ¡aquí! Sí, sí, aquí, detrás de este matorral estoy resguardado. A ver.. Ahora que no me ven, voy a cotillear. Vaya, ella está bien buena, la verdad. No me había dicho este “gilipichis” que había tan buen ganado corriendo a estas horas de la mañana. Ay, ay, ay, madre mía, ¡madre mía! Se me está ocurriendo una idea fenomenal. Por fin algo de suerte. Pronto mi sino tendrá otro rumbo.

Él se va y ella parece que va hacia el parque. Síguela, síguela, Juan, que la pierdes. No te acerques tanto que te descubrirá. Mierda, se para… qué le pasa. Se toca la cabeza. Le dolerá por el golpe, claro. Ya no corre, camina. Mejor, no estoy acostumbrado a este ritmo. ¿Qué hace? Ha cogido el sendero del pastor tuerto. Ja, ja, ja.. Uy, calla, que te oirá. Parece increíble, pero es verdad. Hoy es mi día de suerte de todas, todas. Esta tía no sabe dónde se está metiendo y yo me voy a beneficiar de su ignorancia. Miro a un lado, al otro…nadie. Ni un alma cercana ha visto que esta jovencita desaparece entre los matorrales. Seguro que piensa que está cogiendo un atajo y donde se está metiendo realmente es en la boca del lobo. Hablando de lobo…

>¿Dónde vas Caperucita?
>¡Ahhhh!

La tengo a tres zancadas, la cojo seguro. Ella no esperaba que hubiera alguien detrás suyo y la he asustado. Perfecto, el factor sorpresa está funcionando. Ahora me acercaré a ella y justo cuando la tenga a tiro, la inmovilizo y crac, le rompo el cuello. ¿Te estás oyendo, Juan? ¿Te la vas a cargar?..¡Sí! Es la única forma de conseguir el ascenso. En este barrio de mierda no ocurre nada y debo demostrar mi valía para que me tengan en cuenta. Les daré la víctima y también al verdugo, que no seré yo, claro.., y sonrío maliciosamente. Después de este caso, mis superiores me felicitarán y es cuestión de tiempo que me propongan pertenecer a…. ¡Mierda! Ha echado a correr. Claro, imbécil que soy, ella también conoce el cuento y quién hace la pregunta.

>Mierda, joder, me cago en todo. ¡No irás muy lejos, zorra! > le grito.

Sigo sus pasos, oigo sus jadeos por el esfuerzo, está cansada. La pendiente se agudiza, ¡joder!, a mí también me está costando subir. Venga, Juan, sigue, un poco más y la alcanzas. Alzo la mirada y me alarmo porque queda el trecho más corto aunque, me anima pensar que también es el más difícil. Ella ya ha llegado a la piedra que hace de escalón indicando que empieza el último tramo del sendero. No puedo dejar que consiga superarlo. Al final está la cueva, la cueva del pastor tuerto. Llegando allí, ya no tendré más oportunidades. Un poco más, un paso más y…. ¡la tengo! ¡Eres mía! Tengo su pie izquierdo y tiro de ella. Ella se resiste, se ha agarrado a unos hierbajos. ¡Joder la tía tiene fuerza! Pero no se saldrá con la.. ¿qué pasa? Se ha soltado y se impulsa hacia atrás. ¿Qué diantre está..? ¡Apártate Juan, rápido! La veo pasar. La veo volar por delante de mí. Sus brazos y manos extendidos. Su mano izquierda me toca el pecho, se intenta agarrar sin éxito. La trayectoria está hecha, cae, toca suelo. Su cara muestra dolor al recibir el impacto en el culo. Por la inercia, el torso va hacia atrás y la cabeza da contra una piedra. No se mueve. Me mira sin ninguna expresión. ¡Joder, que ha muerto! ¡Me cago en todo! Que así no tenías que morir ¡joder! ¡Te tenía que matar yo! ¿te enteras? ¡Será posible! Muriéndose así me ha hecho una verdadera faena. Esta tía es gilipollas, bueno, era…

Photo by Hernan Piñera

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Verónica Fabra Godó

Me gusta la idea de que el camino se hace al caminar y por ello pienso que no hay que tener miedo a lo nuevo. Los cambios nos hacen mantener la mente despierta, sana, ágil para afrontar con ilusión aquello que la vida nos tenga asignado.

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