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Miro a través de la ventana de mi cuarto y sólo veo oscuridad en la calle. Me fijo en los edificios de enfrente y sus luces me llaman la atención. Me pregunto si esas familias estarán también a punto de cenar como nosotros.

Me acerco al salón y me encuentro la mesa puesta y un telediario en el plasma. Mamá me ha dicho que me lave las manos pues ya trae la cena. Papá habla por el móvil, lo veo a través de la puerta de cristal que da al recibidor.

Un guirigay de voces me llama la atención y vuelvo la vista hacia la tele para escuchar la noticia que se explica en ese momento. Unos periodistas, con sus cámaras y sus micros, acosando a una pareja de ancianos que caminan apesadumbrados y con dificultad hacia la entrada de un edificio oficial. Me pregunto qué habrán hecho estos dos. La cara de él me resulta familiar, ¿dónde lo habré visto? Mamá siempre dice que en las noticias sólo se habla de corrupción, y al mirarla sin entender, aclara añadiendo que todos son una panda de ladrones. No me imagino a estos abuelos atracando un banco, la verdad, aunque mamá también dice que los “chorizos” actuales ya no llevan pistolas y navajas, que se roba con los ordenadores, apretando una tecla que hace desviar fondos. No entiendo muy bien qué significa eso de desviar fondos pero intuyo que no es bueno.

Mamá se acerca al comedor alertada por el follón que están causando los periodistas al preguntar todos a la vez. Se queda plantada ante la escena de los ancianos y su talante alegre se evapora mostrando tristeza o preocupación o quizá desprecio, no sé, a lo mejor es todo eso a la vez. Me mira y me acaricia la barbilla, medio sonríe y me anima a que vaya a buscar a papá para cenar. ¿Qué ocurre, mamá? Le interrogo con la mirada pero no obtengo respuesta. Ella apaga el televisor y marcha de nuevo a la cocina negando con la cabeza y diciendo, qué barbaridad, qué barbaridad, dónde vamos a ir a parar. Me quedo unos segundos de pie, incómodo por no entender lo que quiere decir. Papá acude a mi lado justo cuando mamá desaparece. Tranquilo hijo, no pasa nada, no te preocupes, mamá se disgusta cuando ve las noticias pues no cuentan cosas buenas. Lo miro extrañado porque me resulta increíble que dos ancianos puedan crearle a mamá tanto malestar, pero callo, pues no me apetece oír otro sermón de papá si muestro más interés. De repente noto una vibración en el bolsillo y aprovecho para moverme de su lado. Es mi amigo Javi, que me ha mandado un mensaje para decirme que mañana, después del “insti” iremos a dar una vuelta con Álex y Roy. Sonrío, despreocupado ya de la realidad e imaginando las risas que los cuatro nos echaremos al día siguiente explicando paridas.

Verónica Fabra Godó

Me gusta la idea de que el camino se hace al caminar y por ello pienso que no hay que tener miedo a lo nuevo. Los cambios nos hacen mantener la mente despierta, sana, ágil para afrontar con ilusión aquello que la vida nos tenga asignado.

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