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Caballero, ¿aún cree que no pienso en usted? ¿Aún cree que estoy en un juego? ¿Acaso no sabe que tengo todas las de perder?
No es un juego, caballero. Me muero por sus recuerdos, por aspirar ese aroma que sale de sus adentros, que enturbia el aire que aspiro y que enloquece mi razón. Si yo tan solo pudiera pedirle a mi corazón que no sienta lo que siente, que reniegue de su esencia, que no se muera por verle. Pero pedirle no puedo, es autómata y es libre, va queriendo sin quererlo, no entiende de situaciones, no hace caso a la razón.
Yo quisiera, caballero, amanecer a su lado. No una, sino mil veces, y a su lado contemplar también las puestas de sol. Sumergirme de cabeza en su vida, tan dispuesta, que no hay sitio para una dama que le alegre el corazón. Quiero sacarle sonrisas en ese rostro tan serio, hacer que pierda el sentido, que acepte esta sinrazón. Sin importar circunstancias, nada importa, caballero, deje libre el sentimiento, deje que fluya el amor.
Quisiera aislarle del mundo, de todas sus obligaciones, tan intensas que le absorben el tiempo que jamás vivió. Quisiera enseñarle a vivir una vida de alegría, de caricias compartidas, de besos, vino y pasión. Que se deje de absurdeces, que ya la vida es absurda, construyamos nuestro mundo donde siempre haga calor. Caballero, por su aliento yo me pierdo y quedo ciega, solo déjeme demostrarle de lo que es capaz la vida cuando se dejan las bridas y se mece en el amor.
Pierda conmigo el sentido, déjese fundir entre mis brazos, amémonos sin mesura, enredados, que se aúnen nuestros cuerpos, perdamos la compostura. Porque aunque sea una dama, por usted pierdo, caballero, el decoro y sutileza que deba esperar de mí. No es un juego, caballero, cuando escondo mi alianza para guiarle en la danza que nos lleve al mismo sol.
Y le pienso, caballero, como nunca antes había hecho. Me pierdo en sueños prohibidos, ya ni cuento los latidos de mi pobre corazón. Usted ha entrado en mi mente, en mi corazón, en mi vida, no pretenda escudarse en juegos para encontrar la salida.
Se lo dije, caballero, soy una dama y no juego.

Photo by Fernandes!?

Madrileña de 40 años. Financiera de profesión, escritora de vocación. Escribo todo lo que pasa por mi mente, dando rienda suelta a esa dosis de locura que todos llevamos dentro, sin encasillamientos. Me encanta partir de una imagen para crear un texto. Y aquí estamos, intentando cumplir mi sueño de la infancia, reinventándome cada día un poquito más. Pero, sobre todo, aprendiendo. Aprendiendo a escribir, aprendiendo a vivir...

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