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Escribo. Todo lo que se me pasa por la mente. Lo que sueño. Lo que vivo. Lo que me gustaría vivir. Lo que imagino. Lo que necesito. Lo que tengo. Lo que me falta. Lo que preciso expresar. Todo eso lo escribo. Y me gusta. Me gusta sentir cómo las letras se van entretejiendo en mi cabeza, unas con otras, sin necesidad de ningún hilo conector, formando palabras que se adhieren a otras hasta encontrar un sentido. Y sentir cómo esas mismas palabras se trasladan hasta mi mano y se plasman en esa hoja de papel en blanco que tanto adoro, la que da comienzo a una nueva historia.
Escribo cada historia como si fuese propia, como mi propia vivencia, y realmente lo siento así. Es la historia la que se adueña de mí, de mi mente, la que me maneja a su antojo, inventando para mí las situaciones más variopintas. Solo tengo que dejar a las letras fluir, que se vayan deslizando ellas solas hasta salir de cada uno de los recovecos de mi alocada mente y se plasmen en alguna historia con final feliz. O no. Depende del día, depende incluso del momento.
Entonces escribo, porque lo necesito. Y se trata de una verdadera necesidad. Si no lo hiciese, temo que esas letras indisciplinadas que forman palabras en mi mente terminasen explotando dentro de mi cabeza cual volcán en erupción. Tienen que encontrar una salida, una vía de escape, y así lo hacen cuando escribo y es entonces cuando campan a sus anchas en la hoja en blanco y yo me traslado a otro mundo, al que van formando las indómitas palabras. Y sufro, lloro, río, soy feliz o hago el payaso, según su conveniencia.
Solo tengo que esperarlas. Lo hago en buena compañía, mi vieja Olivetti, mi pluma y una buena taza de café al lado. Quizás un cigarrillo. Una música suave. El aroma de mi incienso preferido. Es ya como un ritual, respirar profundo y llamarlas. «Ya podéis salir». Y nunca, jamás, me defraudan. Siempre acuden a mi llamada, solícitas, pero a la vez orgullosas, sabedoras de que trazarán ellas la historia que se plasme en el papel.
Me preguntas si soy escritora. No sé si con estas palabras he conseguido responder a tu pregunta. Yo solo escribo. Creo que no soy más que una loca que da rienda suelta a sus emociones a través de unos distraídos trazos sobre una hoja de papel.

Madrileña de 40 años. Financiera de profesión, escritora de vocación. Escribo todo lo que pasa por mi mente, dando rienda suelta a esa dosis de locura que todos llevamos dentro, sin encasillamientos. Me encanta partir de una imagen para crear un texto. Y aquí estamos, intentando cumplir mi sueño de la infancia, reinventándome cada día un poquito más. Pero, sobre todo, aprendiendo. Aprendiendo a escribir, aprendiendo a vivir...

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