Tengo la cabeza ardiendo.
Es la pesadilla que avanza,
Indefinida, Inexacta, Oculta,
Te espero
 
Tengo la cabeza ardiendo.
Es la pena que acecha.
Es la oportunidad perdida
Eres el tiempo y te vas.
Te espero.
 
Siento la cabeza ardiendo
Y pesa el sueño agarrado.
profundo , febril, agitado
Agonizo y me muero.
Te espero.
 
Tengo la cabeza ardiendo
Guardo el corazón oculto
y al mismo tiempo expuesto.
lo sabes, lo ignoras.
Lo sufro y presiento
 
Guardo el corazón oculto.
Es grande. Es pequeño.
Es duro, está roto.
Un entierro, un lamento.
Te espero.
 
Guardo el corazón oculto.
Muestro la lengua arrugada
Reseca, de hambriento.
Una lengua de muerto.
Podrida de hormigas e insectos.
 
Tengo las manos tendidas.
De amigo. Depende:
o de hambriento.
Ofreciendo o pidiendo.
Señalando un lugar
Apuntando a un momento.
Te espero.
 
Muestro la lengua arrugada.
Tengo las tripas rotas.
Entre las vísceras salen
espumas oscuras y rojas
Lo sabes, lo notas.
Me miran los cuervos
Y te espero.
 
Tengo las manos tendidas.
Arrastro los pies malheridos.
Sufren las rodillas rotas.
Desolado, el alma torcida.
Eres el tren que no para.
y yo la estación vacía.
 
Tapa mis dedos gastados
rascando tablones y hierros.
Somos la loca y el loco.
Nubes oscuras
pero seco el lodo..
Te espero.
 
Arrastro los pies malheridos.
Mis salmos son ciertos,
de fractalidad errada y perdida.
Acércate un poco
y dame tu bebida.
 
Tengo la cabeza ardiendo.
Es la pesadilla que avanza,
Indefinida, Inexacta, Oculta,
Marchas. Febrero.

Photo by jacilluch

Soy una maquina de escribir que lleva mucho tiempo sin usar y quiero hablarte de mí: Español, varón. Adolescente desde hace décadas. Mi educación no fue de letras pero mi pasión sí. Soy al mismo tiempo emprendedor y perezoso. Me gusta mucho hablar, pero hablo poco cuando hay poco que decir o que escuchar. Me encuentro muy bien tomando algo en cualquier terraza, tanto en compañía de buenos conversadores, como con algo para leer o para escribir. Disfruto con la polémica. Veo mejor de lejos que de cerca. Odio los detalles. Tengo una relación contradictoria con lo convencional que se refleja en todo lo que escribo. Mi firma, como mi vida, está hecha de trazos paralelos, es decir, que no convergen. Soy algunas veces demasiado cándido, otras desconfiado. Noto que puedo influir en la gente, pero no suelo aprovecharme de este poder. Al contrario de lo que ocurre en nuestro tiempo, no siento fascinación alguna por el mal, porque me parece terrenal y simple y dentro de mí hay un arzobispo sin religión ni fieles. Soy solitario y sufridor. Soy un ermitaño en la ciudad. Un audaz aventurero: un explorador ante un despacho. Tengo los pies grandes y los hombro pequeños. Soy el viento de bohemia que se mete en una celda. Sería el mejor de los amigos, si los tuviera, ya que exijo en los demás la madera del árbol que nunca existió. Aprecio la indulgencia y la compasión. Puedo estar ofuscado o lúcido, pero escribiendo me siento mejor. Escribir no es para mí ni un viaje al infinito ni a mi propio interior, sino al centro de la Tierra.

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