Estas ahí enfrente mío mirándome, y mientras lo haces, la habitación se llena de silencios, de ausencia de todo y de todos. Te miro y busco en tus ojos aquello que algún día hubo, no reaccionas, no dices nada. Los míos se llenan de lágrimas al descubrir que los tuyos están ahí impasibles, ausentes. Busco en ellos algún resquicio de lo vivido, tus caricias, tus besos, tus abrazos….te busco a ti. ¿Dónde estás? ¿Hacia dónde te has ido? Quiero que vuelvas, no quiero perderte, necesito que estés aquí conmigo. Necesito que me ames, que tus manos y mi cuerpo sean uno, que me devores con la pasión que antes lo hacías. Pero tú sigues ahí, inamovible…Mi alma, todo mi ser clama por el que eras hace nada, por ese hombre que me amaba, me llenaba de besos y de caricias mientras me susurraba un “te quiero” al oído. ¿Qué pasó? ¿En que parte del camino se soltaron nuestras manos? Nos hemos ido alejando sin darnos cuenta, poco a poco la distancia cada vez se acrecienta más. Mis manos ya no alcanzan las tuyas, las extiendo hasta que el dolor ya es insoportable pero no puedo alcanzarte a pesar de la cercanía. No dan más de sí, intento tocarte, sentir la suavidad de unas manos que un día fueron mías, de unos besos que me hablaban de amor, de un cuerpo que sólo sabía de deseo, de unos ojos que gritaban a los cuatro vientos que me amaban. Y mientras te miro, mientras observo tu cuerpo frente al mío, tomo conciencia de que sin saber cómo, sin planear nada, sin ni siquiera saberlo, nuestro paseo juntos esté llegando a su fin

Begoña Rosa

Begoña Rosa

El susurro del mar es mi nana favorita mientras me dejo atrapar por sus idas y venidas incesantes. Soy parte de su bravura en los días de tormenta y remanso de paz en las tardes de verano en las que el sol coquetea con la luna antes de sumergirse lentamente entre sus aguas. La exquisitez del aroma del chocolate, su fuerza y su cuerpo forman parte de mí como lo hace el aire. Sin oponer resistencia soy presa de su embrujo como lo soy de las palabras, que se agolpan en mi pensamiento pidiendo a gritos a mis manos que las deje volar. Y como un soplo de aire fresco que entra por la ventana las libero y permito que viajen por un folio en blanco que en pocos segundos recibe parte de lo que soy capaz de crear.
Begoña Rosa

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