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Siempre estaré a favor de la humanidad, siempre. ¿Qué clase de persona sería si no lo estuviese?

 Yo estoy a favor de la vida y de los campos de amapolas. Estar de parte de la vida te da mucha ventaja. Lo demás es ir a contracorriente.

Hay gente que quiere morir, y lo intenta, lo sé. En alguna ocasión ha llegado a mi mesa de operaciones algún señor con un cuchillo clavado en el abdomen. Autolesionado con saña y sin puntería, o alguna señora que se lanzó cinco pisos abajo. ¡Agh! odio esas intervenciones. No hay manera de volverlos a recomponer. Y total, les recompones el cuerpo, pero su mente sigue pidiéndoles que avancen a la casilla de salida, hasta la muerte. Tienen suerte los jodíos, algunos nacen con una flor en el culo y llegan hasta mí, justo el día en que estoy de guardia. A más de uno se lo he arrebatado a la muerte.

Yo he sido llamado por el creador, para ser su ayudante en la tierra. No tengo dudas acerca de ello. Lo sé al mirarme al espejo, o al mirar mis manos. La firmeza de mi piel algo violácea, acostumbrada al frío quirófano debidamente higienizado y esterilizado. Uno acaba siendo tan pulcro como una aséptica plancha de mármol nacarado. Siento el frío en mi cuerpo, como si ya fuese parte de mi naturaleza. Como si yo mismo en un acto de natural rebeldía hubiese adecuado mi temperatura corporal hasta convertirme en parte activa del material quirúrgico. He aceptado que tengo un don, no hay que ser humilde para reconocerlo. Carezco de humildad.

Las debilidades y flaquezas del hombre acaban por destruir cualquier civilización. Y yo no estoy dispuesto a extinguirme, ese es el primer paso hacia la eternidad. Salvo vidas, lo hago continuamente, y eso que algunas ni tan siquiera valen la pena. Estoy cansado de ver cuerpos desvencijados, a los que yo tengo que devolverles un mínimo de dignidad. La medicina se rige por principios muy inexactos. Pero siento que he sido llamado a este mundo para traer esa perfección necesaria,  y además con milimétrica exactitud.

Podría decir sin temor a equivocarme que soy hijo de dos mujeres, Ética y Virtud, sin embargo solo tengo un padre verdadero, Don Ego, ego luego existo. No lo digo yo, son mis manos prodigiosas, las que han llegado a este punto artístico de sublimidad colosal. Salvo vidas a diario desde hace más de veinte años. Me gusta como huelen los humanos vivos, detesto el olor a enfermedad, ni que decir de la muerte.

Tengo un olfato poderoso, y sé de antemano quién saldrá con bien de una operación o quién morirá en un corto plazo de tiempo. Percibo el olor del éxito ante una nueva creación. Yo doy la vida en cada precioso y preciso zarpazo de bisturí. No es cierto que hayan mermado mis habilidades, la gente habla demasiado. De repente un día, una cadena de acontecimientos se unen para desprestigiarte sin motivo, una noche de copas, unas fotos, alguna denuncia por negligencia, y ya piensan que estoy acabado. Sé donde está mi limite, mi tolerancia al alcohol ha ido in crescendo  con los años. Ahora después de tomarme algunas copas, dejo de temblar, es mi punto álgido de perfección y equilibrio.

Lo hago tan bien que nadie lo nota, incluso mis compañeros de quirófano, no se percatan de nada. Pero los perros sí. Los perros lo saben, lo saben todo, son demasiado listos esos pequeños cabrones sabuesos. Saben mucho, más de lo que debieran.

Como el caniche de Margaret. Ese odioso chucho que me anda olisqueando cuando llego a casa. Está en el jardín acechando, moviendo el rabo con aires de intelectual, como un lord inglés tomando el té de las cinco, con el meñique hacía arriba. Y Margaret, también lo sabe, lo nota. conoce al caniche, conoce el tono de su ladrido, el modo en que me ladra.

Creen que pueden poner en duda mi integridad. Pretenden dejarme en ridículo con los demás vecinos… él me ladra, y ella resopla a la par que hace unas odiosas muecas con la boca. Es una mujer extraña a la que observo con cierto nerviosismo… No puedo evitarlo, todas las noches sueño con estrangularla. Me regodeo en la escena del crimen, imaginando que el caniche es testigo presencial del asesinato. Pero lo dejo con vida en mi sueño, para que me espere cada tarde al llegar a casa, y me mire sabiendo que saluda a Dios.

Es mi regalo, cada día que pasa y no los mato, les concedo un día más de vida, la vida es fe. No se ha de temer a la muerte cuando se tiene fe

He observado en las últimas tardes, a los vecinos, cuchichean cuando me ven pasar. Se ríen y alguno se ha atrevido a señalarme con el dedo. He dejado la medicación, no quiero hacerles daño. He dejado la… a veces quiero hacerles daño. No, no quiero. Pero me están obligando. Mañana volveré a tomarla. Prometido.

Me gusta saborear este momento. Al salir de trabajar, subo al coche y tomo la avenida principal que me lleva directamente a casa. Disfruto del rojo y el verde de los semáforos, ahora en navidad gozo de las luces y las guirnaldas. Voy llegando a casa. Todo se cruza, todo hierve, todo se quiebra. Ahí está el caniche, está Margaret, están todos asomados a las ventanas. Están esperando para verme llegar, quieren reírse en mi cara. Voy a pensar que no les gusto. No paran de hablar. Lo hacen adrede. Huelen mal, algo se me remueve dentro. Me toman el pelo, parecen felices de hacerlo.

Quiero descansar, ¿porqué me obligan a imaginarlos muertos? No se conforman con que salve sus vidas, ahora también quieren, que salve sus almas. Lo mejor va a ser enseñarles de una vez. No quiero hacerlo, tú sabes que no quiero. Pero alguien tiene que explicarles que su aliento ensucia el aire. Tienen que aprender que la limpieza y el respeto son cualidades indispensables, el dolor es necesario, la educación es dolor. Sí les daré su lección para que la recuerden. Mañana, mañana volveré a tomar la medicación, pero hoy no. Hoy es día de darles su lección. Lo haré en nombre de todos nosotros, porque yo estoy a favor de la humanidad

¿ Qué clase de persona sería, si no lo estuviera?

 

 

Marley

Un pequeña mota en un inmenso mundo, en constante cambio y evolución. Escribo juntando letras que forman palabras, en ocasiones dan lugar a mundos de color, en cambio otras, borrones de tinta sin forma... de todo ello se alimenta mi espíritu. Amo la música y el cine clásico, el olor que desprenden los libros y la tierra mojada tras la lluvia... Amo estar viva para poder seguir creando cualquier cosa que aporte amabilidad al universo.

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