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Fragmento de una historia que forma parte de una serie titulada…

Bésame En Esta Esquina.

Afuera seguía soplando el viento. Silbando. Contemplábamos en silencio el fuego de la chimenea. Estábamos un poco a oscuras. De vez en cuando, uno de los dos bebía y el otro observaba, esperando que alguno comenzara a hablar. La noche se prestaba a confesiones.

Revelaciones, secretos que se guardan en un lugar sombrío y casi inerte del alma. Un lugar tan oscuro, que rara vez alguien consigue adentrarse e iluminarlo.

Pero ella lo merecía. Eva era la única mujer a la que yo había deseado contarle todo lo referente a mi vida anterior. Hablarle del amor de mi vida. He de volver al comienzo de todo, para recordar una vez más, como fue que me volví loco por aquella mujer. La chica misteriosa que caminaba en solitario, aquella noche de invierno, seis años atrás.

Me sentía tranquilo, sereno, sin temor a nada. Con ganas de contarle mi historia, me levanté de nuevo para coger la botella que estaba encima de la mesa, llené nuestras copas.

Eva miraba mis labios, esperando el menor movimiento que indicara que daba comienzo la charla. Y sin más… comencé por el principio:

—Yo amé a una mujer, la amé de un modo que no existe ni tan siquiera en los libros. La amé con ese tipo de ardor, o de pasión o de locura, que no tiene definición posible. No hay concepto terrenal que pueda expresar lo que sentí por ella.

Jamás pensé que ese tipo de amor se pudiera dar fuera de la gran pantalla.

Pero ella era algo ajeno a este mundo, y cómo tal debía amarla, con el sentimiento que no es propio de los mortales, con la magia de lo irreal e inalcanzable. La primera vez que la vi, me pareció que sus pies no tocaban el suelo al caminar, que flotaba por encima del suelo. Algo del todo angelical.

A veces somos tan ingenuos como para pensar que controlamos el rumbo de nuestras vidas. El curso y el ritmo de nuestro pulso con el destino. Que sabemos de antemano lo que está escrito para nosotros.

Marucca sorteaba los charcos ganando la batalla a un viento gélido y salvaje que racheaba con fuerza. No pude evitar increparle, advertirla que corría el peligro de enfermar. Pero ella me respondió con una gran sonrisa… “La lluvia no mata, la lluvia acompaña”.

Por aquel entonces mi corazón andaba algo estropeado, y yo tan solo pude entregarme a la calidez de su sonrisa. Ella me sonreía y yo me deshacía por dentro. Hubiera querido que el mundo se diera la vuelta para no verme, que nada ni nadie la descubriera. Había encontrado mi Santo Grial, intuí el alma que escondía aquel cuerpo bajo la lluvia. Y supe que querría amarla para toda la vida.

La recuerdo, como se recuerdan las mañanas frescas de primavera.

Ella sabia a pan crujiente, dulce y almidonado. Poseía el don de hacer felices a todos cuanto rodeaba. Porque entendía la vida, la comprendía. Y bailaba y se mecía al compás de ella como si fueran un solo cuerpo.

Siempre me recibía con una gran sonrisa. Yo le mostraba mi corazón herido entre las manos, y ella lo acariciaba y lo envolvía con las suyas. Podía sentir el calor de su abrazo recomponiendo todos mis trozos uno a uno.

Me gustaba hablarle, contarle mis cosas, y ella me escuchaba y sonreía, siempre sonreía. Y yo no me cansaba de besar su sonrisa. Como si al besarla pudiera contagiarme de su magia. Cuando estaba con ella la vida era sencilla, mucho más fácil, podía sentir que el mundo me pertenecía.

Me gustaba su risa, su ingenio, su dulzura encubierta. Ella la guardaba para que yo no me cansara… ¡Cansarme, yo!, como podía cansarme de lo único tierno y sincero que existía en mi vida, yo, que andaba tan falto de lo que ella me regalaba.

Nunca le prometí amor, ahora me arrepiento. Tal vez si lo hubiera hecho, tal vez si hubiera sido capaz de declararle lo que sentía. Pero no, yo tan solo esperaba a que ella lo notara, daba por hecho que ella vería mi alma y sabría leer lo que significaba para mi.

Se cansó de esperarme sin verme. En aquel tiempo yo quería ver el mundo al completo. Y no me di cuenta que ella era el único mundo que yo necesitaba conocer.

La perdí, querida Eva. La perdí como se pierde la juventud, sin darme apenas cuenta de la gran tragedia que eso suponía para mi.

La perdí, la perdí como se pierde la vida en la guerra. Sin posibilidad de regresar.  No hay día que no me despierte en mitad de la noche, repitiendo su nombre en voz alta…

Continuará.

“Bésame En Esta Esquina” es una serie de historias basadas en hechos reales de gente como tú y como yo, que fuimos capaces de besarnos en aquella esquina, a pesar de la lluvia y las tormentas periféricas… Para que nunca olvides que sucedió, una noche… o dos.

 

Marley

Un pequeña mota en un inmenso mundo, en constante cambio y evolución. Escribo juntando letras que forman palabras, en ocasiones dan lugar a mundos de color, en cambio otras, borrones de tinta sin forma... de todo ello se alimenta mi espíritu. Amo la música y el cine clásico, el olor que desprenden los libros y la tierra mojada tras la lluvia... Amo estar viva para poder seguir creando cualquier cosa que aporte amabilidad al universo.

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