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La gente pasa a mi lado, sin percatarse que andan junto a una persona muerta.

Un cuerpo que ya no está pisando el suelo, sin embargo mi presencia ocupa un lugar, un espacio con su propia claridad. Me deslizo entre la marea humana y observo que el mundo sigue exactamente igual que cuando lo dejé. Todo gira con ese ritmo monótono del cual ya no formo parte.

Nadie se percata de mis colores, de mi sonido. Soy un habla sin eco ni voz, soy más que un canto, un lamento difuminado en el aire.

¿Es posible que no me vean? en serio ¿esto es lo que pasa cuando una criatura muere?. ¡Vaya! tanto esfuerzo en la vida para acabar siendo invisible.

Ahora soy un ser intangible que ni besar puede. Ya no están mis manos, ni mi cuerpo, pero yo aún me siento. Hoy debe ser jueves, tendría que estar con mis amigos en alguna terraza. Si pudiera llegar hasta ellos y verlos de nuevo… si pudiera contarles esta ultima hazaña.

Extraño todo eso que antes quería o lo quiero, sin embargo noto que he dejado una pesada carga atrás. Es como una liberación, lo que antes me conmovía, ahora es agua tibia, que ni mancha ni da calor. No necesito nada y esa sensación resulta muy agradable.

Ahora me siento la música que esta en todas partes, deambulo como partitura incompleta que anda buscando las notas que aún le faltan.

Si me hubieran dicho que al final me convertiría en brisa y melodía, todo hubiera sido mucho más fácil, habría comprendido la inutilidad del sufrimiento, de las riquezas y posesiones terrenales. Todo aquello que gané en vida, lo perdí. Me da cierta tristeza comprobar que mis huellas se van borrando sin que yo pueda evitarlo.

Debería haberme  dedicado a vivir la vida que no he vivido. A gozar de esas pequeñas cosas que nos pasan a menudo desapercibidas. A reír sin parar con las charlas y ocurrencias de los amigos, a disfrutar las cenas familiares en torno a una mesa más grande, pero en una casa más pequeña. Abrazar la risa espontánea de mis hijos, y a tocar todo con las manos, percibir la belleza del mundo a través del sentido del tacto.

Ahora nada material puedo cargar encima, las riquezas que llevo conmigo tan solo son espirituales y de esas en vida, tuve muy pocas. Las huellas que dejé fueron mínimas y escasas, en el tiempo ya se fueron borrando, como las pisadas en la arena blanda de las orillas.

De niño no pude jugar mucho, tenía que estudiar para ser el primero en clase. Quise dominar varias artes marciales, aprender diversos idiomas,  llegué a terminar incluso dos carreras universitarias, conseguí un buen trabajo como gerente nacional en una empresa de reconocido prestigio. Mi dedicación y afán de superación me hicieron trabajar día y noche, apenas veía a mis hijos, cuando llegaba a casa en la noche ya estaban dormidos. Con el tiempo mi esposa se cansó de todo y de mi, con los años se marchó con un “hippie windsurfero” que la amaba en libertad, eso decía ella.

Por mi parte tuve muchas amantes, exóticas mujeres exuberantes y llamativas. Yo buscaba compañía, ellas un sueldo a fin de mes. Los hijos se fueron marchando de casa, incluso del país, los niños “bien” necesitan buenos estudios y mejores universidades.

A la edad de 54 años, sin nadie a mi alrededor y en soledad, fundé mi propia empresa, la cual requería aún más de mi presencia. Durante siete años trabajé sin parar, alternando mujeres y trabajo por igual.

Hace unos días exploté, durante una reunión con unos clientes japoneses. Caí desplomado sobre la fuente de sushi, makis y nigiris, echando a perder toda una vida y hasta mi maravillosa corbata azul cobalto de Ferragamo.

Parece ser que me estalló el corazón de golpe, sin previo aviso, como pasan las mejores cosas en el mundo.

Pocas personas vinieron a mi entierro. Mi ex-mujer se encontraba en Hawai viviendo una segunda juventud y mis hijos, bueno ellos estaban en época de exámenes, sin embargo tuvieron la amabilidad de enviarme un telegrama y una preciosa corona de flores. No sabían cuáles eran mis preferidas, pero se aseguraron que la chica de la floristería les pusiera unas apropiadas, las que se usan “en estos casos”.

Que necio y loco fui, como puede enturbiarse tanto una mente, dejamos nuestra vida en manos de esa niebla que distorsiona la realidad, vivimos espejismos de felicidad, pero nunca bebemos de su fuente.

Intenté alcanzar la luna sin ni tan siquiera haber conquistado las flores que pisaban mis pies. Perdí el norte y la senda, perdí en el camino tantas sustancias y esencias como la fragancia del amor verdadero. Llegué a vender  el alma y el cuerpo sin tener conciencia de lo que ahora observo tan claramente, si se pudiera volver atrás, si tan solo me permitieran regresar una vez más, todo seria distinto, mucho más fácil, mi vida seria sencilla.

Si pudiéramos morir antes de nacer, aprender del cuento y nacer con la lección ya aprendida, llegaríamos a este mundo con el secreto de la felicidad en nuestro equipaje.

Solo así seriamos dueños y portadores de la fórmula magistral que construye la felicidad, de la que se alimenta nuestra alma.

Amor, Amar, El Mar, La Música… Escribir en Desafiosliterarios.com y poco más.

 

Marley

Un pequeña mota en un inmenso mundo, en constante cambio y evolución. Escribo juntando letras que forman palabras. En ocasiones dan lugar a mundos de color, en cambio otras, borrones de tinta sin forma... De todo ello se alimenta mi espíritu. Amo la música y el cine clásico, el olor que desprenden los libros y la tierra mojada tras la lluvia... Amo estar viva para poder seguir creando cualquier cosa que aporte amabilidad al universo.