Los edificios tienen memoria.

Está oculta en cada una de las piezas que lo componen. Entre el cemento y el ladrillo.

Silentes voces que cuentan una historia, la suya propia. Como  pertinaz testimonio de una vida anclada a la tierra. Estática. Sin respiración. Son voces templadas que soportan regiamente su condición de inmovilidad. Un edificio no tiene prisa, pues contiene la templanza del que nada espera.

Son voces calladas que susurran en el silencio, con voz muda. Sin eco ni proyección. Pero aguardan clamando a gritos con fuerza, su identidad y el porqué de su existencia. Su presencia repite una y otra vez un mensaje, que espera paciente ser escuchado por quién ose pisar su suelo. Proclama su libertad, ser despojado de las cadenas que lo atan a la tierra. Sus paredes abrigan y abrazan al intruso que se adentra y se pierde entre sus plantas,  intentando fundirse con él para impregnarse de la vida en movimiento.

Es terrible querer escapar y ver tus grilletes antes que el sol. Ver la vida llegar, pasar e irse… sin ti.

Posee el profundo conocimiento que le otorga la derrota de una batalla, que se pierde antes de estallar. Un edificio acepta que nunca se echará a la mar. Ni aún siendo faro, sus raíces de piedra jamás caminarán entre las aguas. Podrá enamorarse del movimiento de la vida, de las personas que discurren entre sus pasillos. Del ruido del viento, del trajin de las olas que golpeen sus muros. Pero siempre será el movimiento, una virtud inalcanzable, para él.

Una construcción nace sabiéndose atalaya de observación. Conocedor del avance del tiempo, y del desgaste que acabará mermando la fuerza de su armazón. Pero es el tiempo también quien le aporta la conciencia y lo acerca a su realidad.

Hay algo grande y poderoso en cada construcción. Nace en una mente, como una sencilla idea y acaba por convertirse en algo prodigioso y tangible.

Cada edificio es único e irrepetible. Aunque se construyan mil siguiendo los mismos planos, cada cual siempre tendrá un código genético distinto al anterior. Los edificios son eternos escuchadores de secretos, que jamás revelarán a nadie.

A lo largo de mi vida me he enamorado de muchos edificios. Pero ahora solo puedo recordar el último. Se trata de un antiguo y elegante edificio de correos, que guarda un secreto. De lo que vieron y escucharon sus paredes, poco puedo deciros, tan solo que una parte de mi alma la dejé allí. Quizás nunca regrese a buscarla. Pero siempre podré ir a visitarla.

Marley

Un pequeña mota en un inmenso mundo, en constante cambio y evolución. Escribo juntando letras que forman palabras, en ocasiones dan lugar a mundos de color, en cambio otras, borrones de tinta sin forma... de todo ello se alimenta mi espíritu. Amo la música y el cine clásico, el olor que desprenden los libros y la tierra mojada tras la lluvia... Amo estar viva para poder seguir creando cualquier cosa que aporte amabilidad al universo.

Últimos post porMarley (Ver todos)

Comments

Deja un comentario