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En Nashville, Pennsylvania, un hombre se ha levantado aquejado de una fuerte carraspera.

La esposa le acerca infusiones con jalea y miel con la intención de hacer desaparecer la horrible tos que padece. Pero la garganta del hombre ha mutado a un ser con vida propia. Los decibelios han aumentado drásticamente en 30 km. a la redonda. De nada sirven las plegarias del vecindario que rezan reunidos para evitar que el tsunami carrasperil les alcance.

En el condado han repartido octavillas con la intención de saber como parar el mal que les aqueja. La última plaga bíblica.

En el pueblo no recuerdan nada parecido. El anciano más longevo del lugar dice no haber conocido tragedia parecida, y eso que sus enormes ojos azules y su espesa barba blanca han presenciado a lo largo de su vida, acontecimientos que a más de uno helarían la sangre, no en vano el viejo lobo de mar varado, Nicolai, tiene 107 años.

Se alimenta de sardinas en lata y peras en almíbar. Dice no comer nada que no se presente en lata o embotellado. Como exfuncionario de los servicios secretos alemanes, sirvió en varias misiones trabajando para el BDN, un doble agente, ruso de nacimiento, cree que el KGB aún anda tras él.

Grandes conocimientos y secretos de estado se almacenan en su cabeza, casi por orden alfabético. Bullen sin freno, a presión, deseando escapar. Pero se ha propuesto no desvelar jamás, todo cuanto sabe. Es hombre de palabra. Instruido en diversas artes y disciplinas. Ha estudiado a los grandes clásicos rusos. Hombres pensantes, filósofos del frío, todo tipo de artistas, pintores y alguna que otra reina. Corre por el pueblo el runrun que tuvo un romance con una descendiente de los Romanov. Él nunca desvelará que de cierto hay en semejante rumor, pero sonríe recordando las tardes pasadas junto a la chimenea al lado de su amada Alejandra Romanova.

Nicolai, que así se llama nuestro lobo estepario, guarda para si, importantes secretos de alcoba y de palacio. Secretos que, si contara,  cambiarían  el curso de la historia de un modo insospechado.

Es la única persona en el mundo que conoce el paradero de la archifamosa, Cámara de Ámbar.

El día que Nicolai muera, morirá con él la última posibilidad de saber que pasó realmente con esta joya histórica y su misteriosa desaparición.

Escribe un diario, en él dibuja planos, y pensamientos. Incluso se atreve con alguna cancioncilla. La importancia de una melodía que encierra un secreto, unas coordenadas… Una partitura que guarda un mensaje cifrado. Es importante para él no olvidarla, pues en ella se desvela el verdadero paradero de la joya ambarina. Cuentan que…

Con las tropas del ejercito rojo avanzando por la Prusia oriental, se dio orden de evacuar los tesoros de sus palacios. Cuadros y esculturas fueron trasladadas por tierra y mar. Una de sus más preciadas obras de arte, era La Cámara de Ámbar, conocida como la octava maravilla del mundo. Voluminosa, difícil de desmantelar y transportar, sin levantar sospechas.

Con tanta premura hubo que actuar, y en medio de un gran revuelo, que no hubo tiempo para nada, ni siquiera para establecer un orden en la seguridad, custodiar de forma privilegiada las seis toneladas de ámbar puro. Cuando quisieron saber de ella, nada se pudo hacer. Como si la tierra se la hubiese tragado, desapareció sin más. Y ahí comenzó uno de los grandes misterios del mundo del arte y la historia.

Pero Nicolai, gran amante del arte, y testarudo, no cejó jamás en su empeño de encontrarla. Al jubilarse, ya retirado del servicio secreto, se dedicó por completo a investigar por su cuenta. Se entregó por entero a su misión con más pasión que compromiso moral.

Hasta que la encontró.

Después de muchos viajes y entrevistarse con una serie de personajes, localizó a una cocinera, que durante años sirvió en un castillo, a unos cientos de kilómetros de Berlín.

La señora en cuestión recuerda como una noche llegaron varios camiones de la SS y aparcaron en el patio de armas, para descargar. El personal del castillo tardó varias noches en transportar las cajas en el más estricto de los secretos.

El castillo fue remodelado en distintas ocasiones, sus muros extraños pueden verse rodeados por un bosque de enormes abetos. Es una construcción curiosa, numerosos elementos superpuestos confieren un aire extravagante al castillo. Densas paredes de hiedra, sobre grandes rosetones de piedra gris, salpicada de nieve de un blanco brillante.

Parece el lugar ideal para ocultar un tesoro, de difícil acceso ya que se alza sobre una cumbre puntiaguda, al final de un estrecho sendero. Junto a la entrada un desvencijado puente levadizo nos da la bienvenida. Es un lugar que atrapa y fascina por igual, envuelto en un halo romántico y misterioso… Nadie sabe que tras sus muros se guarda un enorme secreto. En una de las estancias del castillo y tras una serie de muros superpuestos, se halla magna y triunfal, La Cámara de ámbar… La octava maravilla del mundo.

Nicolai ha salido al porche de su casa, a respirar el aire fresco del amanecer con el que cada mañana empieza el día, Pero la tranquilidad de su espacio vital, de su rutina diaria, es brutalmente alterada por la carraspera exasperante de su vecino Manuel, el español emigrado desde Alpedrete dos años atrás.

Un escritor madrileño, que se ha trasladado hasta el tranquilo condado de Nashville, para terminar la novela que comenzó hace años. Falto de inspiración ha decidido cambiar de aires y hospedarse en la casa que su tía abuela le dejo en herencia.

Pero Manuel es alérgico, sin saberlo, a la hierba, a la tierra, a la madera y los barnices de todas las casas de la comarca. La culpa es de un hongo que se aloja en todo el lado este de Pennsylvania. Él no lo sabe, sus vecinos tampoco… pero sin saberlo, la ira se ha apoderado de todo el vecindario… todos quieren y sienten el irrefrenable deseo de matarlo.

Manuel se ha encerrado en casa, intenta no molestar, pasar indavertido, pero su alergia y el nerviosismo que le produce la continua carraspera, no hacen sino aumentar el ritmo y el tono de la serenata.

Nicolai es un hombre duro, curtido. A lo largo de su vida ha sufrido torturas para hacerlo hablar, le han clavado palillos en las uñas, han sujetado sus párpados con grapas, ha sido rociado con gas pimienta. Todo ha podido soportarlo, excepto la carraspera de Alpedrete.

Ni corto ni perezoso se dirige hasta la puerta de Manuel para buscar una solución, en un intento desesperado de ser amable va y le dice aquello de “Manolete, Manolete, anda y tira pa Alpedrete”. Pero en ingles tirando a ruso.

Manuel se confiesa con Nicolai… “Solo abandonaré Nashville cuando termine mi novela. No tengo inspiración, necesito una buena historia. Solo así regresaré a mi tierra, Alpedrete con mi gato.

Nicolai tira la toalla, en un segundo ve su vida pasar y manda al carajo sus valores y su moral. No puede oír ni un segundo más esa tosecita que se le clava en el cerebro. Ha decidido contarle su secreto, no solo el paradero de la cámara de ámbar, también lo suyo con Alejandra Romanov, y todas y cada una de las intrigas palaciegas a las que ha tenido acceso.

A Manuel se le ha pasado la carraspera, ha terminado su novela. Todo un best seller sobre espías que ha sido llevada con éxito a la gran pantalla.

Pero antes de regresar a Madrid, ha asistido al entierro de Nicolai, que murió de gusto al dejar de oír el insistente ronquido del madrileño de Alpedrete.

Marley

Un pequeña mota en un inmenso mundo, en constante cambio y evolución. Escribo juntando letras que forman palabras, en ocasiones dan lugar a mundos de color, en cambio otras, borrones de tinta sin forma... de todo ello se alimenta mi espíritu. Amo la música y el cine clásico, el olor que desprenden los libros y la tierra mojada tras la lluvia... Amo estar viva para poder seguir creando cualquier cosa que aporte amabilidad al universo.

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