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Estimado monsieur Dupond, disculpe mi atrevimiento. Pero siento la necesidad de escribirle estas letras para agradecerle varias cuestiones de índole personal.

A lo largo de nuestras conversaciones diarias he descubierto ciertos sentimientos en mi. Sentimientos que pensé, había perdido como consecuencia de mi triste y turbia vida.

Como ya sabrá, el hecho de quedar viuda a tan temprana edad, ha hecho mella en mi carácter, ya de por sí, resentido y frágil.

La imposibilidad de tener hijos y esta soledad, han contribuido a que me sienta más cerca de usted de lo que jamás estuve de nadie.

Con usted soy más yo, que yo misma. Nadie anteriormente había conseguido despertar en mi esta serie de sensaciones que sacuden día tras día, a este alma empobrecida de valor, de fuerza. Tan lastimada y sin el menor atisbo de sueños o esperanzas. Nada me interesa más que usted. Espero que entienda que es un amor desinteresado el mío, casi servil. Es un amor sincero, sin exigencias, que nada pide, aunque todo lo espera.

Debo confesarle que he paseado algunas tardes por delante de su casa, con la vana esperanza de verlo aparecer. Un segundo con usted, es lo máximo a lo que aspiro cada día. Un momento fugaz, un saludo, o el roce de sus manos con las mías.

Recuerdo el momento en que probé sus labios por primera vez. ¿Como no recordarlo? Jamás probé manjar más delicioso, ni más deseado. Sueño despierta que suceda de nuevo el milagro. Lo espero y lo sueño, como quién aguarda la gloria.

Le escribo mi amado monsieur Dupond, para darle a entender, cómo desde el principio ejerció una poderosa influencia en mí.

Apenas faltan unos días para el comienzo de una nueva estación, el Otoño. Y siento, que nuestros paseos por la rivera del río dejarán de existir. No sé aún como podré sobrevivir sabiendo que ha de llegar y pasar incluso el invierno, antes de poder verlo de nuevo.

Me retiraré al campo. Siempre lo hice desde pequeña, cuando la tristeza era tan grande que me costaba incluso respirar. Mi madre pensaba que era una niña enfermiza, aquejada de un asma crónico, así lo diagnosticó el médico de la familia.

Pero esa enfermedad rara y crónica que todos me achacaban, no era más que una extrema sensibilidad. Una profunda tristeza, que en ocasiones me acusaba con fuerza, causando verdaderos estragos en mi cuerpo y mi mente. Llenando mis días de  oscuras tinieblas.

En aquellos momentos, mi madre solía enviarme al campo, a la casita de verano que recibimos como herencia por parte mis abuelos paternos.

Era en el campo, en la soledad más absoluta, en el silencio de aquel bosque de inmensos álamos, donde me sentía libre. Donde respiraba la paz necesaria para curar todas mis heridas emocionales.

Ahora que siento que estaremos lejos el uno del otro por unos cuantos meses, comprendo que es al campo donde debo volver para encontrarme a mí misma.

Querido monsieur Dupond, aprovecharé esta ausencia para escribir. Los paseos por la campiña, el aire fresco y su recuerdo, me servirán de inspiración. Y le prometo, que pase lo que pase, el mundo conocerá nuestra historia. Nada me conmueve, excepto usted.

A veces me parece oírlo, como un susurro mezclado en el viento. Se esconde entre los álamos, silbando. Se oculta y desaparece. Y vuelve con fuerza, para recordarme que sigue estando ahí, que aún me espera. Me persigue su recuerdo como una sombra de la que no puedes separarte. Su mirada y su eterna sonrisa me alimentan en estas noches de soledad.

Terminaré mi novela antes de primavera. Me gustaría que me esperase un día de Abril en el embarcadero del lago, el que hay junto a su casa.

Espero que esté orgulloso de mi, cuando pueda presentarle al fin, escrito de mi puño y letra, la novela que contará nuestra maravillosa historia de amor.

Suya que lo es—Elisabetta.

 

*Esta carta fue encontrada dentro de una botella, a la deriva en el mar, entre los restos del naufragio de Le Séduisant.

Hace seis años pude localizar por fin a monsieur Dupond, y tuve el gusto de entregarle en mano, esta misiva que la fatalidad junto al destino manipuló.

Me consta que desde entonces, todos los años en Abril, Jack Dupond acude fiel al embarcadero, esperando alguna noticia y por si el agua le devuelve, la novela de su vida.

*Hay formas más sencillas de terminar tu novela, y mucho menos peligrosas.

Taller de Novela de Enrique Brossa y Desafiosliterarios.com

 

 

 

 

 

 

Marley

Un pequeña mota en un inmenso mundo, en constante cambio y evolución. Escribo juntando letras que forman palabras, en ocasiones dan lugar a mundos de color, en cambio otras, borrones de tinta sin forma... de todo ello se alimenta mi espíritu. Amo la música y el cine clásico, el olor que desprenden los libros y la tierra mojada tras la lluvia... Amo estar viva para poder seguir creando cualquier cosa que aporte amabilidad al universo.

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Comments

  1. Como se puede ver, en Marley no hay una verdadera escritora. Yo diría que hay un par de docenas de verdaderos escritores, porque es capaz de captar los más diversos estilos y bordarlos. Lo que no logra jamás Marley es dejar de sorprendernos, unas veces con su humor disparatado, otras con su romanticismo o con su seriedad. Tiene un talento natural privilegiado. Tiene sensibilidad. Posee ese buen oído que yo, modestamente, creo que es la mejor herramienta para escribir bien. Y una facilidad que impresiona para captar pautas estéticas diversas y manejarlas “a su antojo”, como dirían algunos. Hoy por ejemplo, nos trae algo diferente a todo lo que le hemos leído antes. Se ponga en el campo que se ponga, puede ser la primera. ¿Por qué no administras tu tiempo y tu talento para hacer algo a la altura de tus enormes posibilidades? ¿Os imagináis lo que podría ser leer una novela entera de Marley, en cualquiera de los muchos estilos que podría abordar?

     
    1. Vaya, creo que enmarcaré este comentario, y lo pondré sobre el escritorio, para recordarme cada día, que debo seguir escribiendo. Muchas gracias, has sido muy generoso con tus palabras.

       

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