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Un paso solo es el comienzo de algo, aunque tan solo sea el inicio del siguiente paso. Un trayecto no es más que una porción de una vida completa.

Mis pupilas siguen el ritmo del antiguo metrónomo que reposa sobre mi escritorio.     Vuelvo a caer rendido en ese sueño que me envuelve cada noche. Noto la pesadez de mis párpados, no pueden aguantarse más.

Una especie de switch interno desconecta mis sentidos, dejándome a oscuras por unos segundos. Respiro, puedo oír el compás de mi respiración, alterada y rítmica. Premonitoria de algún tipo de acción. Cuando regresa la luz a mi mente, advierto que camino dentro de un paisaje, parece una acuarela difuminada y borrosa. Pero a medida que avanzo, noto como se perfilan las líneas, dejando ver un panorama nítido y colorido.

Puedo notar los trazos de pintura en el contorno de las imágenes. Nubes que dibujan animales, o de repente se deshacen formando interrogaciones y exclamaciones, incluso   puedo ver una línea interminable de puntos suspensivos.

Todo es extraño, un sinfín de imágenes y formas vienen a mi mente, mostrándome detalles de algo que no logro comprender.

Y miro a un lado del camino y veo la vieja botella de Hayman’s y aquellos amados zapatos, y son imágenes recurrentes que no entiendo, pero que aparecen una y otra vez en mis sueños.

Camino enredado dentro de una gran madeja, inmerso en una maraña de sueño, apartando ramajes de arbustos que enredan y se adhieren a mis tobillos, me frenan, no quieren que avance y luchan con las suelas de mis zapatos, pero ellos se sienten imparables. Más soñadores y exploradores que nunca.

¿Que quieren decir las señales de mi sueño?. Parece por momentos una pesadilla, sin embargo se percibe en el aire un toque de libertad, ese viento fresco en la cara que anuncia grandes tempestades.

Ahora camino además con mi guitarra, me gustan los amigos que voy haciendo en esta senda de azulejos de colores, algunas losetas son pegajosas, otras resbaladizas, pero todas brillantes y luminosas. Cuadrículas que invitan a seguir, cómplices de algo que está a punto de llegar.

Hay luces de neón y una extensa fila de árboles verdes con flores blancas,  un intenso perfume de azahar y naranja amarga se adhiere a mis labios, esperando ese beso perdido entre el viento y la calima. Y siento un escalofrío porque percibo nubes con rayos y lluvia sobre mi cabeza. Una lluvia que nunca termina de caer.

Los perros siguen ladrando, pero con menos fuerza, como si estuvieran pendientes de otra cosas, de comer o lamerse el rabo y no de los caminantes.

Necesito sentarme bajo un gran árbol, saborear mi nueva ginebra que llevo en la mochila, y tocar unos acordes con mi guitarra. Está esperando ser tocada, acariciada como un sutil beso que no se da, uno de esos besos donde no llegan a juntarse los labios. Necesita sentir que somos cómplices de algo grande.

Respiro hondo y puedo oler en el ambiente unas notas de enebro y naranja amarga. Mis dedos se extienden hasta rozar las cuerdas, se despiertan tímidamente unos acordes de jazz que me acompañan como fiel amigo de borrachera.

Necesito sentir la melodía, componer la canción que será la banda sonora de mi novela.

Música, letras y sueños. Que sería de mí, sin mis viejos y amados zapatos, compañeros infatigables de aventura.

Necesito sentarme bajo la sombra de un gran árbol, acariciar mi guitarra y mirar al cielo con los ojos cerrados, y sentir tu beso, mientras me dejo llevar por el perfume de un extenso campo de naranjas amargas.

 

 

 

Marley

Un pequeña mota en un inmenso mundo, en constante cambio y evolución. Escribo juntando letras que forman palabras, en ocasiones dan lugar a mundos de color, en cambio otras, borrones de tinta sin forma... de todo ello se alimenta mi espíritu. Amo la música y el cine clásico, el olor que desprenden los libros y la tierra mojada tras la lluvia... Amo estar viva para poder seguir creando cualquier cosa que aporte amabilidad al universo.

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