He caminado dos manzanas más de lo habitual. Ha sido raro, las calles no tenían nombre y el cielo amenazaba con una lluvia radiactiva. Un olor a vieja fabrica rondaba en el aire, haciendo del ambiente algo cargante e infumable.

Mis viejos zapatos parecen saber más de mi, que el propio camino que he seguido. Los dejo que avancen, no son torpes a pesar de tener las suelas gastadas. Un chicle late, aplastado sobre el asfalto.

El calor sofocante parece impulsarlo hacia la superficie en una especie de improvisadas burbujas nacaradas. A mi mente ha vuelto un dulzor de la niñez a fresa ácida. El sabor de aquellos chicles con tendencia a ladrillo que compraba por unos pocos céntimos en el quiosco de la esquina 43.

Sumergido y embriagado por el pensamiento lo he pisado sin querer. Ahora camina adherido a mi vieja suela. Y es curioso, pero ya no me siento tan solo.

Ahora somos una cuadrilla de aventureros. Tú, mis “viejos amados zapatos” y este chicle pegajoso e insistente que ha decidido viajar bajo mis pies.

Curiosa cosa es la soledad de mis huesos, que me ha llevado sin proponérmelo a un enorme cartel publicitario… “Taller de Novela y Relatos y algún que otro desafío relámpago”.

Estoy cansado de andar.  He caminado durante días y noches enteras, por el arcén de una carretera sin dirección. Dando vueltas sin rumbo. Necesito aferrarme a una ilusión. Crecer con ella. Moldear y cincelarla con cuidada precisión, hasta transformarla de una vez por todas de sueño a realidad.

Creo que me pararé aquí por un buen tiempo mientras termino mi novela. Y tomaré un refrescante vaso de limonada, agitada y aliñada con esa excelente ginebra que llevo desde hace días en mis labios.

Cuando llegue la  próxima primavera regresaré a Malibú, de donde nunca debí haberme marchado. Hasta entonces, caminaré sobre mis viejos y amados zapatos.

Asistiré a los talleres. Escribiré por fin mi novela, y la chica de mis sueños no tendrá más remedio que regresar a mi lado. Pertenezco al grupo de soñadores a los que la chica siempre acaba dejando. Por eso ahora además de soñar, quiero Triunfar.

Marley

 

 

Marley

Un pequeña mota en un inmenso mundo, en constante cambio y evolución. Escribo juntando letras que forman palabras, en ocasiones dan lugar a mundos de color, en cambio otras, borrones de tinta sin forma... de todo ello se alimenta mi espíritu. Amo la música y el cine clásico, el olor que desprenden los libros y la tierra mojada tras la lluvia... Amo estar viva para poder seguir creando cualquier cosa que aporte amabilidad al universo.

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