Cuando Aníbal encontró el cadáver de su asistenta aquella mañana, supo que algo malo, extremadamente perverso, había ocurrido en su casa, por la noche.

No podía recordarlo. Los excesos de alcohol y algún que otro opiáceo, habían deteriorado su memoria operativa. Las imágenes pertenecientes a la noche anterior, simplemente no existían en su cabeza. Cualquier tipo de recuerdo estaba “out”. Un fuerte dolor en el parietal izquierdo, le hizo encogerse de hombros y quejarse. Al hacerlo, la espalda le recordó un nuevo dolor, unido al de su cadera y su pie derecho.

¿Qué demonios había ocurrido?. Un cuerpo destrozado, una asistenta muerta y la  memoria perdida por completo.

Su intención fue extender el pie derecho y comenzar a andar, pero lo único que consiguió, fue estrellarse de pleno contra el suelo de madera. Ahora tenía doloridas partes del cuerpo, que ni siquiera sabía que existían en él.

Su cara pegada al suelo, le dio una perspectiva desconocida. Desde su postura podía observar claramente, las ínfimas partículas de polvo, pelusas y demás guarradas que deambulaban a sus anchas por el suelo de alguien soltero, despreocupado por la limpieza.

Tras el sofá, se apreciaba el brazo de su asistenta, extendido hacia atrás, por encima de su cabeza. Aún sostenía en la mano el candelabro. La mujer debió defenderse de su agresor con fiereza, pero no le sirvió de mucho. El balance de daños se saldaba con un refinado cadáver que reposaba plácidamente sobre una exquisita alfombra persa.

Gladys llevaba un año trabajando con él. Era una señora estupenda, responsable y querida en casa. Amorosa y servicial. Pero tenía un vicio inconfesable. Esto lo contaremos después, no queremos llevar al lector a engaños.

Es que, si os digo que Gladys fumaba marihuana en cachimba, que  bebía ron a palo seco para desayunar, y que mientras planchaba veía el canal porno de la televisión por cable… Claramente vais a pensar que a la asistenta se la cargaron por un ajuste de cuentas. Y la historia no tiene nada que ver con eso.

¿Veis que mal pensados sois?. Ya están aflorando vuestros prejuicios sobre ella. Quedaros con lo bueno. Primero os dije que era una señora estupenda, era, pasado, ya que anoche se convirtió, sin proponérselo, en un fiambre tendido en el salón. Pero mejor voy a dejar que sea Aníbal, el protagonista, quien os cuente todo lo ocurrido:

Intenté incorporarme, debía llamar a la policía, solo ellos podrían ayudarme y esclarecer lo ocurrido. Al incorporarme, sentí un intenso y nuevo dolor de cabeza a la altura de la nuca. Alguien debió golpearme a mí, también.

¡Esperad! ahora recuerdo algo. Yo abrí la puerta de casa y al encender la luz vi una sombra corriendo, saltando por encima del sofá y ocultándose detrás, y acto seguido, volver a irse la luz y un fuerte golpe.

No recuerdo más. He llamado a la policía, tengo la esperanza que a medida que vaya pasando el tiempo, pueda ir recobrando la memoria.

En pocos minutos dos policías de paisano, dos de científica y dos debidamente uniformados, han entrado en casa con disposición.

—Buenos días señor, ¿es usted quien ha llamado dando el aviso de un crimen?

—Sí, soy yo, pero déjeme decirle que he perdido la memoria.

En la cara del agente se dibujó una sonrisilla que no me gustó un pelo. ¿Acaso quería verme la cara de asesino a mi?. ¿A mi? ¡ yo, que soy tan buena gente!.

—Señor agente, no me gusta la cara que ha puesto. ¿No pensará de verdad, que yo tengo algo que ver con esto?. Yo adoraba a Gladys. Soy un tipo tranquilo, jamás he tenido peleas, ni me he visto envuelto en ningún altercado.

—Señor, Willemstand, nadie dijo nada. ¿Se está poniendo usted nervioso por algo? ¿hay algo que quiera contarnos?. Puede hacerlo tranquilamente. A veces una confesión a tiempo, es el mejor aliado para   minimizar una condena interminable.

¡No me lo podía creer!. Aquel “repelente, agente Vicente” vestido y uniformado con traje de gala, me estaba acusando. Sin darme cuenta, comencé a tartamudear, a sudar y me entraron unas ganas incontenibles de ir al baño.

Últimamente me había aferrado a los baños. No solo al de casa, en realidad estuviera donde estuviera, sentía una gana irrefrenable de ir al baño.

Pero la culpa no era mía, es de aquella historia que viví hace unos meses y que sin duda, me ha dejado marcado por un buen tiempo. Como os gusta tanto el chisme, querréis que os lo cuente. Y si no fuera porque está la policía en casa, os lo contaría con mucho gusto.

Bueno, ¡qué diablos!. Estoy en el baño de casa, es mi momento, ¡que esperen!.

Veréis, conocí a una mujer por Internet. Está muy visto ¿no?. Vale. Pero es lo que hay. Mi trabajo de oficina me hace tener el ordenador continuamente encendido y quieras o no, eso facilita el contacto con personas de otros mundos.

Bueno resumiendo, para no haceros muy largo el chisme.

Después de unos meses de hablar con ella, sentí un deseo enfermizo de verla en persona y   darle un achuchón.

Ella era un mujer muy antipática, feota y escuchimizada. ¿Qué habíais creído? ¿que quería rollo con ella?. Pues estáis muy equivocados, tan solo quería comprobar que alguien tan indeseable podía existir en realidad.

¿Ha colao?. No mucho ¿no?. Bueno, vale. Sí, quería verla. Estrecharla y apretarla y susurrarle cosas guarras al oído. Vamos la deseaba, como se desea la primavera en invierno.

Su trabajo, era el problema. Nunca tenía tiempo libre. Cuando no estaba cuidando a su madre, estaba trabajando, limpiando en los baños de la estación de metro de La Sagrera, la línea naranja. Tenía un trabajo de media jornada. Doce horas del tirón, así que, si quería verla y estar con ella, tendría que ser en un baño.

Quedamos un Viernes, a eso de las 4 de la tarde que hay menos gente. Al llegar la reconocí en seguida, con su pelo suelto y estrujando la fregona en el cubo con tal gracia, que me enamoré enseguida. Pensé: “Esta es la mujer que quiero ver en el baño de mi casa, cada mañana”.

Ella lo tenía todo previsto, había fregado a conciencia uno de los baños. Lo había dejado cerrado con candado para que al llegar yo, nos metiésemos dentro y poder besarnos con tranquilidad.

Hay personas que necesitan el hall del Waldorf Astoria para tener un encuentro apasionado. Pero nosotros, no. Nos bastó un cutre baño de metro, para dar rienda suelta a nuestra cita con verdadera pasión e ilusión.

Me gustó tanto poder besarla y apretarla contra mi cuerpo, que aún hoy en día cuando huelo a lejía o siento una cisterna correr, se me ponen los pelos de punta, incluso me dan escalofríos en la espalda. Siento unos deseos irrefrenables de volver a verla.

No me importa si de nuevo es en un baño. Aunque ahora la han trasladado al Museo de cera de Barcelona, el que está cerca del mirador de Colón. Puede ser una relación inviable, como dice ella. Pero mientras sigan quedando baños públicos, seguiré manteniendo viva la esperanza.

Pues no pasa nada, allí será nuestro próximo encuentro. A fin de cuentas no hay nada más excitante que un beso apasionado y vertical, con prohibición de horizontalidad.

¡Ah!, por cierto, voy a salir del baño, que me está diciendo la poli, que Gladys no está muerta. Que lo que tiene es una resaca tremenda, y que anoche, víctima del cebollón que llevaba encima, y al verme entrar, pensó que yo era un ladrón, me arreó con el candelabro y parece que ambos caímos en redondo al suelo.

Bueno, pues nada. Me alegro que no esté muerta. Me gustan sus albóndigas en salsa y lo bien que me plancha las camisas. Y yo no estoy para perder el tiempo buscando nuevas asistentas. Tengo que recuperarme a tope, para poder ir a ver de nuevo a mi adorada Verticalidad.

Si tienes alguna historia parecida, puedes escribirla aquí, en Desafiosliterarios.com. No es por chismorrear, es para que el mundo conozca tu talento. Anda, escribe, ya.

Recuerda It`s Now or Never ;)

 

 

 

 

Marley

Un pequeña mota en un inmenso mundo, en constante cambio y evolución. Escribo juntando letras que forman palabras, en ocasiones dan lugar a mundos de color, en cambio otras, borrones de tinta sin forma... de todo ello se alimenta mi espíritu. Amo la música y el cine clásico, el olor que desprenden los libros y la tierra mojada tras la lluvia... Amo estar viva para poder seguir creando cualquier cosa que aporte amabilidad al universo.

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Comments

    1. Mira quien fue a hablar!! Muchas gracias Jordi, entiendo que son historias extrañas, pero que le voy a hacer, si es que los personajes me rodean y me dicen lo que quieren hacer, y a mi me gusta consentirlos y concederles lo que desean. Un Beso Guapetón!

       
    1. Luisa, pues no sabes la alegría que me da que tú te rías conmigo!!!. La historia como podréis entender está basada en hechos reales. Se nota de lejos. Esto no sale de una cabeza así de repente, por muy sicópata que yo parezca, que tb. No. Es que lo presencié y vi clara la historia!!. Cada vez que paso por allí creo que voy a ver el segundo o tercer encuentro de la W.C-Pareja. Creéis que es mentira?. Quedamos cuando queráis. Un beso grande Luisa!

       

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