Subir una montaña no siempre significa ascender…

Puede un perdedor alcanzar la cima y acto seguido, lanzarse al vacío…

Creo que se trata más bien de caminar hacia el sol, sin saber a dónde se va. Es andar a ciegas, sin rumbo. En sentido ascendente, sí, pero quizás con la única intención de precipitarse y terminar con todo. Como si cualquier distancia fuese pequeña para el daño que te quieres infringir al caer.

Quizás solo se trate del deseo de tocar el cielo. De cerrar los ojos y hundir la mano en el manto azul hasta traspasarlo, y mojarse. Y humedecer el rostro con mil gotas de agua o con esferas de oxígeno. Impregnarse de ese algo fresco que tan solo se prodiga en las alturas.

De tratar de hallar el origen de la lluvia. De alcanzar el rayo y estrecharlo entre las manos y lanzarlo como un dios contra su pueblo. Enfadado. Dominante. Ser y sentirte dueño del burdel donde se administra la ira del mundo. Hacerse entender a golpes, y que el mundo comprenda el dolor que se puede ocultar, tras una sonrisa.

Es cerrar los ojos y buscar por instinto con la punta de la nariz una nube, y frotarse con ella hasta conseguir que surja la magia. Y hundir el rostro y atravesarla por si se ve lo que hay al otro lado. Dicen que la muerte no existe, es un estado de “no ser”, y si no se es, no se está. Estoy, estás, estamos… No estás, no soy, no somos.

Me pregunto cual es el límite de aguante que tiene un cuerpo ¿Y la mente? ¿Es el cuerpo más fuerte? o ¿lo serán los pensamientos? ¿Que perdurará más tiempo? Nunca he sido buena aplicando filosofías fuera de clase. En realidad es fácil comprender que fuera del papel, las teorías no son excesivamente funcionales.

Últimamente me he despertado en la mañana lanzando todo tipo de imprecaciones, al aire, al viento. A ese viento planetario donde no estás. No es fácil respirar el aire donde no habitas. Es algo denso, sucio. Tú eras un filtro, un cristal por donde mirar y descubrir una vida más bella de lo que en realidad es. Tú hacías limpio el aire para mi, y pintabas de colores los objetos, antes de amanecer. Todo comenzaba en ti, para que cuando yo despertase, descubriera un mundo perfecto donde vivirte mejor.

Ahora ya no estás, y no me dejaste dicho como se respiraba el aire sucio, ni como se vivía una existencia en blanco y negro. Y no encuentro el modo de retroceder todo a cómo era antes, en su origen. No es la vida un sistema con switch que al pulsarlo se regresa todo a su modo de fabrica.

La vida antes, la mía al menos, era otra cosa. Era una vida con luz, que brillaba en cada oficio que me proponía. Eras todo lo que necesitaba.

Yo no nací así, fue el tiempo quién se apoderó de mi alma, y la estranguló sin prisa, pero con mano firme. Fue la vida, el caudal que me guió hasta esa montaña impasible, donde los sueños se mezclan con iracundos truenos, o con fugaces nubes, que andan libres sin dueño.

Marley

Un pequeña mota en un inmenso mundo, en constante cambio y evolución. Escribo juntando letras que forman palabras, en ocasiones dan lugar a mundos de color, en cambio otras, borrones de tinta sin forma... de todo ello se alimenta mi espíritu. Amo la música y el cine clásico, el olor que desprenden los libros y la tierra mojada tras la lluvia... Amo estar viva para poder seguir creando cualquier cosa que aporte amabilidad al universo.

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