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Ella deseaba ser madre más que nada en el mundo. Lo había intentado por todos los medios. Que no tuviera pareja no era un obstáculo, al contrario, le resultaba más que una carga una liberación, así no tendría que compartirlos jamás con nadie.

En la noche de los jueves, salía a cenar con varias amigas. Tenia la firme creencia que los tipos más interesantes salían esa noche en concreto, hombres de negocios, inteligentes, con carácter y disposición, que no necesitaban esperar al sábado para salir.

Seleccionaba cuidadosamente a su amante para esa noche. Pero en realidad, buscaba tan sólo al espermatozoide perfecto. En más de una ocasión se llevó a la célula perfecta, morfológicamente hablando, al menos desde fuera, lo que ella podía percibir sin microscopio. Pero camino al hotel,  siempre le encontraba alguna pega al envoltorio. O poco hablador o el que habla pura paja. Conversaciones que no llevan a nada, tipos de aspecto elegante y maneras incómodas.

Pero un día… uno de esos jueves de polvo y paja… apareció en escena “El Hombre”.

Desde luego no tenía nada que ver con los que había escogido anteriormente. Al principio le pareció incluso mal educado. Por su aspecto no demostraba ser el portador de la célula perfecta, sin embargo su sonrisa era tan espectacular que hubiera podido hacer temblar los cimientos de la mujer más exigente.

Tenía una de esas barbitas de dos días, acomodada en una mandíbula perfecta. Perfil griego lo miraras por donde los miraras. Su torso y brazos estaban tonificados, poseía un buen cuerpo. Fino pero fibroso, justo como le gustaban a ella.

Él le contó que era el dueño de una fabrica de juguetes, eso a ella le demostró que estaba delante  del hombre perfecto para ser padre. Le pareció muy tierno que dedicara su vida a los juguetes. Así que lo enfiló rápidamente dando comienzo a su juego de seducción.

Durante días estuvieron quedando  para cenar. Se entendían a la perfección. Reían y hablaban sin parar. Parecía un niño, sonreía tan  ampliamente con todas sus ganas, que incitaba a todos a la risa. Disfrutaba cada segundo sus salidas con él, le gustaba tanto que valoró la posibilidad de crear una familia  juntos. No solo usar sus espermatozoides, sino quedarse con el kit completo.

No le costó trabajo imaginarse a ambos rodeados de chiquillos, y a él regresando cada noche del trabajo, con un juguete especial para cada uno de sus hijos.

Al cabo de un mes, ella le confesó su ilusión por tener una gran familia, y él le correspondió en seguida, tan ilusionado con la proposición que solo pudo decirle que sí. Que estaba dispuesto, que valía la pena arriesgarse por ella y que desde luego quería hacerle todos los hijos posibles. Y rápido, no podía esperar ni un segundo más.

A la mañana siguiente, él le hizo llegar por mensajeros un paquete. Un muchacho uniformado se presentó en casa de la chica con una caja de Famobil dentro de una de Playmobil, y una carta.

-Querida y amada novia mía, aquí te dejo la familia que me pediste. Disculpa que no pueda quedarme a criarla contigo, pero se me acabó el permiso en el psiquiátrico del estado, debo regresar. Puedes traerme a nuestros hijos los domingos a eso de las cinco, jugaremos a los indios y lo que tu quieras, mi amor.

Te amo locamente. Tuyo que lo es… el padre de tus hijos.

 

Marley

Un pequeña mota en un inmenso mundo, en constante cambio y evolución. Escribo juntando letras que forman palabras, en ocasiones dan lugar a mundos de color, en cambio otras, borrones de tinta sin forma... de todo ello se alimenta mi espíritu. Amo la música y el cine clásico, el olor que desprenden los libros y la tierra mojada tras la lluvia... Amo estar viva para poder seguir creando cualquier cosa que aporte amabilidad al universo.

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Comments

  1. ¡El estilo de Marley es único! Tengo unos cuantos textos por leer (llevo retraso…) pero si veo un escrito nuevo suyo, vale la pena colarla…
    Me encanta tu originalidad. ¡Y hoy no has matado a nadie!

     

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