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Hace unos días una amiga muy querida me hizo una pregunta…

—¿De verdad crees que esto merece la pena?

—¿A que te refieres exactamente?

—Pues a todo, ya sabes… a vivir. A pagar el precio que supone la vida.

—Vaya, me has despertado con tremenda pregunta, parece que te asaltan dudas existenciales. Y yo sin tomarme aún el café. Déjame ponerme uno y sentarme, quiero escucharte como se merece.

Y bueno, eso hice, me puse mi café extralargo. Encendí el ordenador para hablar con ella, en lugar del movil. Mi amiga vive en Seattle, pero cuando nos ponemos a charlar, desaparece cualquier distancia entre nosotras. Y uno se imagina que está compartiendo un delicioso café en la misma terraza, de la misma ciudad.

Pongamos un nombre ficticio, digamos que se llama Julia.

—A ver, Julia, por donde íbamos… me decías que…

—Ya sabes, hoy llevo un día de lo más estresante, y el caso que no he hecho nada, excepto la comida. Curioso que eche en falta mis años en los que trabaja doce horas diarias allá en España. No imaginaba que el hecho de estar en casa me pasara factura de este modo. Echo de menos sentirme útil, ya sabes.

—Pero mujer, ya eres útil, nunca has dejado de serlo. Eres la directora de tu casa, nada más y nada menos. Tus hijos son felices, eres una madre comprometida con su felicidad, se te ve a lo lejos. ¿Eso te parece poco importante? ¿acaso crees que alguien en el mundo haría mejor que tú ese trabajo?

—Sí, tienes razón y me siento orgullosa de poder dedicarles todo mi tiempo, y me alegra saber que estoy ahí para todo, cuando me necesitan, pero…

—Ah, ya… tu marido… ¿sigue distante? ¿Ya no te mira como hace años? algo me comentaste, te refieres a algo de este estilo.

—Bueno, es verdad. Ya nada es igual. Yo soñaba con tener una relación especial, una de esas para toda la vida. Llegar a viejitos y que me mirara con pasión, aunque sin fuerzas, pero con pasión, –ambas reímos a la par.

—Julia, todos queremos algo así, pero no puedes basar tu infelicidad en que tu príncipe azul, destiña por momentos. Hay otras cosas en el mundo mucho más importantes y gratificantes… Estás tú, por ejemplo. Tú eres lo más importante de tu vida. Cuando tú estás bien, tu vida marcha bien.

—Lo sé pero, es que tengo dudas. Llevo meses dudando de todo. De mi capacidad, de mi utilidad, del futuro. No sé que hacer con mi vida. Los niños están creciendo, ya no me necesitan tanto como antes. Ya ni tan siquiera me apetece pintar…

—¿Qué dices? ¿Ya no pintas? Pero si me dijiste que tenías una exposición a final de año. ¿ Que ha pasado con eso?

—Le dije al dueño de la galería que estoy enferma y no voy a poder cumplir los plazos de entrega. No me regañes. Espero que entiendas lo mal que estoy, tanto como para sabotearme yo misma de este modo. Era lo único en mi vida que me proporcionaba una felicidad completa y real. Pero algo en mi interior me frena a seguir. No soy capaz de agarrar el pincel. Ahora siento que cuando extiendo mi brazo intentando alcanzar el lienzo, no existe comunicación alguna entre mi mente y el pincel. Antes todo fluía, y yo me dejaba llevar por los instrumentos, éramos un gran equipo que danzaba al son de la misma música.

—Bueno, Julia estás pasando una mala racha, eso es todo. Pero no es motivo para abandonar lo que tanto amas. Al contrario, eso debe de darte la fuerza necesaria para salir del bache, agarrarte a lo que te hace feliz, con más ganas, con coraje. Es algo así como un acto de rebeldía hacia lo que no puedes controlar. No dejes que te venza la tristeza. Las dudas son sanas, nos ayudan a crecer. El hecho de pararte a pensar dónde estás, que quieres, a dónde vas, eso es sano y positivo.

Las certezas en realidad están sobrevaloradas. Cuando uno ya tiene la seguridad de algo, es como el final de una etapa. Mientras que la duda te invita a soñar, te hace continuar en esa búsqueda, sea de lo que sea. Dudar es crecer mentalmente. Es replantearse lo que puede mejorar, lo que uno debe cambiar, o reforzar lo que ya sabemos que nos va bien.

—Es que además estoy pensando en separarme y no tengo medios para independizarme, y luego está él…. el otro chico del que estoy ilusionada…

—Madremía, Julia… déjame ir por otro café que tú necesitas hoy terapia 24h. ¿Desde cuando te ocurre todo esto? Nunca me habías comentado nada de otro chico… pero vamos que tampoco me sorprende.

—Hace tiempo que lo conozco, primero fueron unas risas, un buenas noches, y ahora…ahora creo que más o menos tengo controlado el sentimiento, pero sigo pensando en él.

—Mira Julia, te voy a decir lo que dicen en mi tierra, tú lo que tienes es la “picha hecha un lío”. Descansa, duerme, baila, ríe, pinta, por el amor de Dios, ¡pinta! que es para lo que has nacido. No desperdicies tu talento, trabaja por él. Se lo debes a todas esas personas a las que les gustaría tenerlo pero carecen de él. Y encima tienen que esforzarse el doble que tú.

Nadie dijo que la vida fuese fácil. Si tu relación no funciona arréglala o deshazte de ella. Pero lo que no puedes es dejarte tú a ti misma. No renuncies a lo que te hace feliz. Aunque ahora dudes de todo, en el fondo de tu corazón sabes que es lo único que puede salvarte. Por cierto. Pienso cruzar el mundo si es necesario, para asistir a la inauguración de tu exposición, déjate ya de pendejadas y ponte a pintar, faltan once meses para tu puesta de largo.

—Joder, Marley, te odio por decirme las cosas que quiero que me digas. Gracias, tienes razón, como siempre. ¿Tienes un ratito más? Me gustaría contarte las ideas que tenía para la exposición, jejejeje…

Hace dos años de esta conversación. Es real, aunque esté algo dramatizada.

Julia estuvo a punto de abandonar todo lo que amaba en su vida, pero una conversación sencilla, que duró varias horas, le hizo replantearse ciertas cuestiones, y tengo que deciros, que su exposición fue todo un éxito. Hoy en día sus cuadros gozan de cierto prestigio, en breve recibiré el que me ha regalado. Espero que a alguien le sirva esta sencilla conversación para algo en su vida. A ella le sirvió. A veces las personas solo necesitan un pequeño empujoncito  para creer en ellas mismas.

Yo creo en ti… ¿Y tú?

 

 

 

 

Marley

Un pequeña mota en un inmenso mundo, en constante cambio y evolución. Escribo juntando letras que forman palabras. En ocasiones dan lugar a mundos de color, en cambio otras, borrones de tinta sin forma... De todo ello se alimenta mi espíritu. Amo la música y el cine clásico, el olor que desprenden los libros y la tierra mojada tras la lluvia... Amo estar viva para poder seguir creando cualquier cosa que aporte amabilidad al universo.

Comments

  1. Los textos de nuestra detective Marley son balsámicos. Todos muy diferentes. Me siguen impresionando las mil Marleys dstintas que se asoman por aquí escribiendo con soltura. ¿Será verdad que es una sola? Todas ellas escriben con gracia, y una demostración de una cabeza con una creatividad extraordinaria. Se percibe que escribes sin sufrimiento y con lucidez. Naturalidad y espontaneidad, que no significan en tu caso superficialidad ni vulgaridad. Unas veces provocas pero otras lanzas mensajes de calado.

    En fin… Magnífica Marley.

     
    1. Que barbaridad, las cosas que me dices Desafíos. Pero tienes que saber que todas las personas que habitamos dentro de mí, incluida yo misma, te damos las gracias por tan precioso comentario. Seguiremos aprendiendo en su taller.