“Hay nubes que traen tormentas y otras que solo traen… Tempestades”.

Hace tantos años que pinto, que ahora me cuesta recordar que hice primero, si andar, pronunciar palabras o pintar.

Tengo  imágenes en mi mente, están algo borrosas. En ellas vislumbro los colores de los óleos de mi padre entre los dedos. Recuerdo claramente, la sensación viscosa y placentera que suponía frotarse los dedos untados en pintura. Mucho más, si después me limpiaba en la ropa.

Ese acto tan liviano suponía uno de mis mayores gozos. Mover los dedos encima de la paleta y acto seguido llevarlos  hasta la camiseta o el pantalón, volver a mirarme los dedos y la ropa, y comprobar como se habían intercambiado los colores de sitio.

En los últimos años he descubierto un enorme placer al hecho de pintar en la calle. Me cansé de ocultarme días enteros en un taller oscuro e impenetrable. Ahora vengo todos los días a la Place du Tertre, el ambiente bullicioso, el intercambio de culturas, de idiomas, los olores y el sonido de la gente, todo me incita a pintar. Vengo cada día con la intención de sorprenderme con algo, de admirar la belleza que encierra la vida en movimiento.

Así he conocido a Dominiq. Es un señor mayor, octogenario, de rasgos duros. Su piel está tan curtida que parece que hubiese dedicado por entero su vida a la mar.

Tiene las cejas anchas y una barba bien cuidada que luce espesa y larga. Porta un sombrero cubriendo sus entradas, nunca se lo quita, receloso, como si ocultara un gran secreto bajo el casquete de lino blanco.

Me pide un retrato minucioso, muy detallado de su rostro, sus canas y cada una de sus arrugas. Me ha hecho especial hincapié en que no quite ni un solo año a su imagen. Quiere una versión tan realista de si mismo, que quien la vea, dude si se trata de una fotografía o una pintura en realidad.

Me agrada su conversación, su musicalidad. Es serio, casi severo diría. Sin embargo, tiene facilidad para la sonrisa, he advertido como se le escapa fácilmente, entre esa seriedad imperturbable que desprende.

Ha estado viniendo en las mañanas, muy temprano. Cuando el sol asoma a través de los ventanucos del Sagrado Corazón. Tomamos café en una de las terrazas próximas a la plaza. Me cuenta anécdotas de su vida, vivencias muy interesantes con mujeres, viajes y otros aspectos de su vida. Me habla del gusto por el mar y las embarcaciones. Experto en calafatear botes y echarlos a navegar, coser velas raídas y embrear maderos desvencijados. Le fascina poner las embarcaciones a punto, ponérselo difícil a las tormentas, para nunca zozobrar, dice. Se confiesa un luchador incansable de tormentas.

Día 2-

Dominiq resulta tener una personalidad arrolladora, pujante. Es un hombre muy interesante y a la vez misterioso. Ha corrido mundo, sus vivencias bien podrían dar lugar a una novela. Pero hay algo en él inquietante, es algo que advierto, no mientras hablamos, es solo mientras me observa al pintarlo. No son sus ojos, es como me mira.

Día 3-

Esta mañana me ha confesado algo, hace unos años perdió al amor de su vida, Marussela. Asegura que siente su presencia, que anda de su lado, incluso nota el roce de sus manos al caminar.

Fue la única mujer a quien amó en su vida, al menos de un modo tan intenso, ese tipo de amor que traspasa el horizonte que separa la vida de la muerte.

A Maru la conoció en Curasao, se enamoró de ella nada más verla. Una india de aspecto racial, con una fuerte personalidad, mujer de temperamento y sabiduría indígena que no pasa sin dejar huella.

La historia de su amor me ha impactado, el modo en que se amaban, pero sobre todo, conocer su gran tragedia.

Tuvieron un hijo, Mathiee, cuando el pequeño tenia cuatro años, lo que parecía un placentero día familiar, se convirtió en la peor de las pesadillas. Salieron a navegar en un bote. El día estaba soleado y la mar en calma, nada hacia presagiar que se avecinaba una gran tormenta. El viento sopló, las olas crecieron hasta el punto de parecer fieros dragones hambrientos. La barca zozobró y el niño cayó a las aguas de un mar embravecido, que parecía esperarlo con los brazos abiertos.

Dominiq se lanzó al agua rápidamente, pero el pequeño desapareció sin dejar rastro, se la tragaron las aguas de un bocado.

La angustia y el dolor por la perdida de su hijo los unió en una lucha incansable, una búsqueda a la desesperada. Durante meses esperaron que el cuerpo del pequeño apareciera en alguna de las costas, era el único consuelo que les quedaba, jamás encontraron su cuerpo.

Día 4-

El cuadro está prácticamente listo, él no ha querido ver como va el trabajo, dice que se fía de mi y está seguro que el resultado será el esperado.

Me hipnotiza su imagen, no tanto al verlo en persona como al mirar el cuadro. Creo que todas las vivencias que me ha contado han quedado reflejadas en los surcos de su cara. Hay tanto dolor en ellos que es difícil mirarlo sin estremecerse.

Mañana estará acabado el retrato y siento que voy a extrañar a Dominiq. Es un gran conversador y me inspira una ternura desconocida hasta ahora en mí. Me ha conmovido su historia, su amor y su eterno dolor por la  perdida de los dos amores de su vida.

Día 5-

Hoy nos hemos visto en el café. Dominiq apareció vestido con un traje de lino blanco y su sombrero Panamá, especialmente elegante, como se va a los encuentros o a las despedidas.

Se ha presentado con una carta, la última que le escribió Marussela. Me la ha entregado alegando que la emoción le impide leerla y ha querido que fuera yo, en voz alta, quien le pusiera el tono a esas letras que guarda con tanto amor.

—Querido Mathiee: Hubiera querido morir contigo aquel día, entre aquellas negras aguas que te llevaron de mis brazos. He querido morir todos y cada uno de los días de mi vida que no has estado conmigo, no se puede vivir cuando el corazón y el cuerpo viven a distancia.

Dominiq ha sido mi bastón, mi faro. Él eras tú y tú eras él. Vosotros dos habéis sido todo para mí.

Pero querido y amado Mathiee, la esperanza vino hoy a visitarme, justo en mitad de esta enfermedad que me va consumiendo por días. El señor Gaspare nos hizo entrega del mejor de los regalos hoy, vino a contarnos una historia que ha oído en una de aquellas islas.

Hace años un viejo pescador encontró entre sus redes un tesoro, le gustaba pescar a mar revuelto y al recoger la red, halló un precioso niño enredado entre las cuerdas. Rápidamente lo llevó a la orilla y al médico de la aldea, consiguió estabilizarlo y con los cuidados necesarios, salió adelante. Se crió con el pescador y su esposa que no tenían hijos. Para ellos fue un regalo de Dios y como tal lo criaron.

Desde pequeño fue un niño risueño y creativo, le gustaba pintar soles gigantes sobre la arena, en las maderas, en las piedras. Pintaba por todas partes. Al cumplir la mayoría de edad le dijo a sus cuidadores que quería  vivir en París, donde podría aprender de los grandes pintores anónimos que se dan citan por sus callejuelas.

Querido y amado Mathiee, el tiempo y el avance de mi enfermedad no me van a permitir buscarte, pero deposito en Dominiq toda mi esperanza. Sé que él te encontrará y te entregará las raíces olvidadas de tu vida, la esencia de quién eres en realidad. Te ruego que abraces a tu padre como si no hubiera un mañana, pues para él no ha existido jamás el futuro sin ti.

Cuando terminé de leer la carta, sentí que el corazón se me salía del pecho… ¡Soles, soles!… Toda mi vida he pintado soles sin saber porque… ¡Ahora lo entiendo papá!, he seguido pintando soles para que un día me encontraras… tú me enseñaste a pintarlos siendo un niño… Ahora lo recuerdo claramente.

—Querido y amado Mathiee… He querido que pintaras cada una de mis arrugas para que comprendas que ellas son el testigo de la tristeza de tu ausencia… de la búsqueda incansable de nuestro hijo. Aquí acaba aquella tormenta, mi tempestad y empieza la vida, el camino hacia la paz.

—¡Papá!

—¡Mathie, hijo mio!

Marley

Un pequeña mota en un inmenso mundo, en constante cambio y evolución. Escribo juntando letras que forman palabras, en ocasiones dan lugar a mundos de color, en cambio otras, borrones de tinta sin forma... de todo ello se alimenta mi espíritu. Amo la música y el cine clásico, el olor que desprenden los libros y la tierra mojada tras la lluvia... Amo estar viva para poder seguir creando cualquier cosa que aporte amabilidad al universo.

Últimos post porMarley (Ver todos)

Comments

Deja un comentario