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El profesor George Margú, yace tumbado de espaldas, en la arena.

Tendido plácidamente a la luz de la luna. Con los brazos abiertos en cruz y la piernas extendidas. Parece el propio hombre de Vitruvio varado en la playa.

Observa las estrellas con detenimiento. Intentando arrebatarles el misterio a sus destellos, a los guiños. Cómo si existiera entre ambos un lenguaje que tan solo ellos comprenden. Y llega a la firme conclusión, que el espacio es finito.

Y se siente en calma y seguro, tras meditar sobre el universo y pensar, que un día todo explotará en mil pedazos.

«Es una alivio pensar que todo termina. Nada más esclavo que la eternidad», piensa para si mismo.

Y acto seguido, recuerda la última frase de Helena, su amante, confidente y cómplice: “Cariño, lo que es bueno no se olvida nunca, yo nunca me olvidaré de ti”

Pero las palabras pesan y oprimen y se convierten en una carga, como esos muebles asfixiantes que uno compra “para toda la vida”. Y George piensa, que es mejor olvidarla, para no tener que recordarla. Que querer a alguien, cansa, y obliga a mantener cierto compromiso de comunicación. Y que Helena, como todas las mujeres, acabará por reclamarle su poco interés, su falta de atenciones. A él, le aburre lo eterno, y además tampoco cree en ese tipo de relación. El amor no solo caduca, también perjudica seriamente la salud. Lo ve claro, no hay amor eterno, ni cuerpo que lo aguante.

Es un hombre atribulado, solitario y taciturno desde la cuna. Cierra los ojos, imaginando lo que podría ser su historia con Helena. Y por un instante, siente el deseo incontenible de estrechar esa visión en sus brazos, y decirle al oído, que es la mujer con la que ha soñado toda su vida.

Pero luego analiza mejor la situación, y le falta el aire, y el espacio. Y la deja ir, como quién extrae el anzuelo de un pez y lo devuelve al mar.

En realidad no quiere romanticismos, ni amor, solo belleza pasajera. Prefiere un amor en zona de tránsito, que esté más próximo a partir, que a llegar.

Así que, se consigue una aventura francesa, que sea mucho más “finita” y llevadera. Y se entrega a las noches de magnolia y jazmín. Y embriagado por las notas dulzonas de las Comores,  celebra en la intimidad su acertada elección.

Pero Ninette, la chica del perfume francés, a la que conoció en la braserie , tampoco necesita cargar con el señor de Murcia para siempre. Ella tiene sus propios planes, más finitos y caprichosos, en cuanto al amor se refiere. Y se asegura un embarazo, un bebé y su correspondiente cheque paterno, que el profesor se ve obligado a extender puntualmente, todos los días “1” de cada mes.

A George, a menudo, le gustaría olvidarse de la misma “Francia”, pero los gastos de su nuevo bebé son infinitos. Y ni el retoño, ni su mamá, tienen interés en contemplar las estrellas, tampoco les importa si el universo explotará en mil pedazos. Tan solo se  aseguran de recordarle, que las transferencias y las pensiones alimenticias, se hacen del 1 al 5 de cada mes, en Francia y hasta en China.

Cuando cae la noche, el profesor Margú, descansa en silencio, y observa con detalle  la lámpara del techo de su cuarto. Ya no mira a las estrellas, ni piensa en el universo. Sus realidades se han cargado al soñador que llevaba dentro.

Pero busca incansablemente en su interior, el espacio cálido, de luz y creatividad, donde vive aún escondida la mirada de Helena, la sonrisa de aquella chica, a la que olvidó para no tener que recordar.

Y como si de una maldición se tratase, descubre apesadumbrado…

Que no hay ni un solo día, en que no tenga que soñarla, para sobrevivir en su mundo de realidades cotidianas, odiosamente finitas.

 

 

Marley

Un pequeña mota en un inmenso mundo, en constante cambio y evolución. Escribo juntando letras que forman palabras, en ocasiones dan lugar a mundos de color, en cambio otras, borrones de tinta sin forma... de todo ello se alimenta mi espíritu. Amo la música y el cine clásico, el olor que desprenden los libros y la tierra mojada tras la lluvia... Amo estar viva para poder seguir creando cualquier cosa que aporte amabilidad al universo.

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