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Ya no le quedaba nada. Buscara por donde buscara, no había nada que salvar.

Se lanzó a la cama derrotado, a dejarse morir. Permaneció así un buen rato, como si navegara abrazado a su almohada. Sin rumbo y a su suerte, en un mar de nada. Y se sintió perdido, solo y a la deriva. Y lloró durante seis días y cinco noches.

Y volvió a comprender, que no le quedaba nada.

Pero la verdadera pobreza no estaba en sus manos, ni en sus bolsillos. La carencia más terrible residía junto a sus costillas, agazapada detrás del esternón. En silencio, una niebla densa y ácida, extendía su manto gris, conquistando sin hacer ruido entre la penumbra de aquella nueva oquedad. Algo así como el humo que desprenden las ascuas, en la letanía de su muerte.

No siempre había sido así. En otro tiempo, ahí mismo, en mitad de esa oscuridad, existió un corazón. Un corazón que latía con tal fuerza, que hubiera sido capaz de derribar uno a uno, los muros que componían y sujetaban aquel armazón de piel y huesos. Nada era igual.

Pero contra todo pronóstico, en medio de aquella terrible oscuridad, en aquel lugar triste y sombrío, ya existía abriéndose paso, una semilla en estado de hibernación. Un vergel dormido y latente. Esperando que un flamante rayo de luz, calentara cada una de sus células, para devolverlas así, de nuevo a la vida.

No era el fin de nada.

Era el comienzo de algo que esperaba con ilusión… un merecido golpe, de magia.

 

 

Marley

Un pequeña mota en un inmenso mundo, en constante cambio y evolución. Escribo juntando letras que forman palabras, en ocasiones dan lugar a mundos de color, en cambio otras, borrones de tinta sin forma... de todo ello se alimenta mi espíritu. Amo la música y el cine clásico, el olor que desprenden los libros y la tierra mojada tras la lluvia... Amo estar viva para poder seguir creando cualquier cosa que aporte amabilidad al universo.

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Comments

  1. Un relato escrito con magia, suave como la seda del oriente. Es un placer leerte (incluso cuando no sacas el cuchillo al final jejejejeje)
    No obstante no comparto tu optimista visión de la esperanza. A veces, te das cuenta que ese corazón ha sido destruido de tal manera que ya no existe, que al final consiguieron matarlo y sientes la certeza de ser incapaz de volver a querer y a latir de aquella forma. No Mara…a veces las cosas no tienen arreglo y las ruinas son perpetuas. Sigues adelante por inercia, porque debes de seguir y tienes gente a tu lado que, sin decirlo ni sospechar el drama, te lo piden. Sólo has ganado una cosa: que dejó de importante cuándo llegará el final.

     

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