Algo no estamos haciendo bien en nuestro actual modelo de sociedad. Mejor dicho: lo estamos haciendo cada vez peor. Nos pasamos media vida trabajando como burros (pido perdón a los burros) para ganar y ahorrar dinero (los que puedan, hoy en día es muy difícil) para cuando lo necesitemos en un futuro, cuando seamos mayores y estemos jubilados. Durante ese proceso perdemos la salud. Todo lo ahorrado nos lo gastamos para intentar recuperarla cuando ya es tarde. Resultado: ni vivimos durante los años de vida activa ni vivimos cuando somos ancianos y enfermos. Esta reflexión que comparto cada vez más , creo que es del Dalai Lama. La leí en una de esas numerosas fotos con mensaje positivo que corren como la pólvora por Facebook. Una de las causas es que hemos cambiado un modelo de sociedad que durante siglos ha funcionado por otro más justo, pero que tiene lagunas que nadie ha solucionado ni se tiene la intención de hacerlo porque es insostenible. Lo peor es que se ha degradado la estructura social y familiar de forma alarmante. Hemos sustituido la familia por asistentes, educadores, sanitarios y cuidadores profesionales. Esperamos que sea el estado quien soluciones problemas particulares. Hemos delegado la educación, el pensamiento, la salud, la responsabilidad y el cuidado de nuestros ancianos. A veces creo que también hemos delegado la inteligencia. Hemos dejado de tener obligaciones, sólo tenemos derechos y esos vienen dados, al parecer, por nacimiento. Así nos hemos convertido en personas sin carácter, sin capacidad para el esfuerzo y el sufrimiento y donde esperamos que sean otras personas, otros entes, quienes nos guíen, nos alimenten y nos digan cómo vivir y cómo pensar. Tenemos intervenidos cada minuto y cada actividad de nuestra vida. Luego nos quejamos y eso es hacer trampas al solitario.

Pasamos una tercera parte de nuestra vida durmiendo. Añoramos pronto la cama donde pasamos la mayor parte de la noches. Cuando salimos de viaje y regresamos sentimos un placer enorme con el reencuentro. En ningún sitio se descansa igual que en nuestra cama. Incluso nos gastamos muchísimo dinero en obtener un colchón ultramoderno para que nuestra columna repose confortablemente, con un somier articulado que permita muchas posturas diferentes. Con el tiempo se convierte en una de nuestras mejores pertenencias. Por eso creo inhumano que en el momento final, cuando las noches se confunden con el día y prácticamente pasamos las veinticuatro horas en la cama, nos trasladen a un hospital. Un lugar desconocido, inhóspito y en muchas ocasiones lúgubre. ¿Por qué las zonas donde aparcan a los viejos siempre es la más oscura, la mas antigua, la más fea y desapacible?. Nos depositan en una habitación pequeña, incómoda y acompañados de desconocidos. Personas que, en mejor de los casos, piensan lo mismo que nosotros de esa situación. Moriremos conectados a máquinas y con agujas insertadas por los brazos y tubos introducidos por los orificios más indignos. Con un poco de suerte minutos antes del fatal desenlace la familia estará allí presente, avisados con urgencia por el personal sanitario. Llorarán, se discutirán y algunos, los más respetuosos, callarán y reflexionaran sobre todo esto que estoy diciendo. Poco antes , si aun no estoy sedado, miraré a mi compañero de habitación con ojos vidriosos y labios temblorosos buscando consuelo o confirmación de que ahora sí que es la definitiva. «¡Coño!, te podía haber tocado a ti» , será mi último pensamiento.

Por eso cuando llegue ese momento, que espero que sea muy tarde, reivindico el derecho de poder morir en mi cama.

Meco

Inquieto e inconformista de pensamiento. De vida tranquila y convencional. Sobrevivo a esa supuesta contradicción gracias a la ironía y al humor. No soy escritor; pero me gusta escribir. Lo intento encadenando palabras con sentido para describir aquello que todavía me conmueve. Buscador incansable...sigo sin poder contestar a la pregunta que me hacían de pequeño: "¿Y tú, de mayor qué quieres ser?".

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Comments

  1. Hay un sentimiento generalizado ahora de que los políticos van contra nosotros. Nos toman el pelo. Siguen defendiendo dos sistemas enfrentados imperfectos. Carecen de imaginación. Solo quieren el poder, no importa para qué. Solo para quién, es decir, para ellos. La ortodoxia preestablecida y el recambio crítico preestablecido, más o menos radical, pero sin ninguna expectativa de aportar otra cosa que no sean quiebras, y paro. Tan “oficial” en nuestras democracias unos como otros, los llamados conservadores o los autodenominados progresistas. Lo cierto es que hoy, tampoco hay dinero al llegar a la vejez en la gran mayoría de los casos. Se acabó eso de que cada generación viviera mejor que la anterior. El ligero bienestar (tampoco tanto realmente… ) de los que ahora tienen más de 80 años se apoya en la pobreza de generaciones futuras. Se sabía. Siempre se supo, pero nos tapábamos los oídos como las niñas que no quieren reñir con su hermanito. No tendremos buenas pensiones. El futuro no está siendo preparado por nadie. Y no hablamos de un tiempo lejano. El fanatismo de los ciudadanos favorece a los políticos sinvergüenzas porque impide pensar y escuchar. El fanático es un irresponsable, un niño peligroso y grande que necesita un líder y o abraza al primer oportunista que llega vendiendo una loción crecepelo, o se deja vencer por su inercia ideológica. Dos caras opuestas de la misma moneda. Un ciudadano sin autoridad ni criterio. La culpa es nuestra.
    La tentación es decir que la democracia no es tal, ese es el peligro populista. Cuidado con ese que compara el Parlamento con “la voz de la calle” a la que dice representar, ya sea de derechas o de izquierdas. Otra tentación es decir que hay que profundizar en la democracia… Esto suena muy bien. Pero no sirve de nada si el ciudadano no aprende que debe saber, debe escuchar, debe pensar, debe tener criterio, debe ser caval, sin ambigüedad, pero sin radicalismos, Sin inmovilismos, pero sin dejarse llevar por slogans. El voto no es un medio de expresión. Para desahogarse hay cosas mejores. El voto es para pensarlo muy bien. No hay que ponérselo fácil ni a unos ni a los otros. Hay que pensar en temas concretos a solucionar. Por ejemplo, el futuro de los viejos dentro de solo 15 años o lo que nos plantea Meco.

     
  2. Meco, disfrutamos de muchos adelantos tecnológicos que nos ayudan a vivir más pero que acaban deshumanizando la vida y la muerte.
    Aún así, ahora que ya entré en el último cupo, espero poder disfrutar el máximo tiempo posible aunque sea a base de pastillitas. Una sonrisa y un abrazo enorme.

     
  3. El comienzo me recordó aquella frase: “Cuando eres joven, posees tiempo y salud pero no dinero; cuando eres adulto, posees salud y dinero pero no tiempo; cuando eres viejo, posees dinero y tiempo pero no salud. ¡No se puede tener todo en esta vida!”

     

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