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(2) La rana que no se llamaba Gustavo

Violeta continuó sobrevolando el caprichoso curso del rio que serpenteaba de forma incansable mientras transcurría lentamente. No dejaba de pensar en su imperial amiga aunque rápidamente tuvo que concentrarse  en su particular odisea al notar, una vez más , que las fuerzas le abandonaban.

Esta vez cayó sobre el cuerpo de una rana. De nada sirvió la lucha titánica contra su naturaleza delicada.

Perdona, no quería molestarte

La rana la miró con cierto desdén sin entender cómo había llegado allí ese condenado insecto. No podía prestarle mucha atención porque tenía que estar concentrada en la navegación: estaban sobre una hoja que era desplazada por la corriente del río. Aunque de momento esta transcurría tranquila, la experiencia del capitán batracio le decía que se podía tornar salvaje en cualquier momento.

¿Qué haces sobre mi espalda?

Descansar, no lo ves. No podía seguir volando y he caído sobre ti sin poder evitarlo porque la alternativa era mucho peor. No sé nadar y he preferido arriesgarme a ser devorada por un anfibio como tú, a la muerte segura que me esperaba si caía en el agua. Acabo de perder a mi mejor amiga , un águila aunque te pueda resultar extraño, y estoy cansada y asustada porque no sé ni dónde estoy ni que intenciones tienes conmigo. ¿Te molesta?

Si no hablas mucho, puedes quedarte…

¿Pero no me vas a utilizar como apetitoso manjar?

Tienes suerte, solo como babosas y lombrices y tampoco me gusta nadar. Ya sé que es extraño en mi especie, pero por eso suelo viajar sola y casi siempre sobre una embarcación como esta…

Yo quiero ver mundo.

La rana ya no contestó. Había hablado más en esos minutos que a lo largo de toda su vida. Estaba extasiada y confundida, tanto por la belleza de aquella mariposa como por su incontinencia verbal, así que solo tuvo fuerza para emitir un lacónico: ¡Croac!

Los siguientes días transcurrieron surcando el río con su nueva compañera que, aunque no era muy habladora, tenía mucha pericia al mando de aquel delicado navío. Violeta había visto el mundo desde las alturas y había contemplado maravillosos paisajes a vista de pájaro, ahora lo podía examinar a ras de suelo y le asombró que también era abrumadoramente hermosa la naturaleza desde aquella perspectiva. El río se adentraba y se abría camino entre una espesa vegetación, en ocasiones tan rebosante que no se veía el curso más allá de un metro. Cuando parecía que la oscuridad de la selva les caía encima, se abría a la luz de nuevo , ensanchándose el canal y dejando a la vista nuevamente el sol y las nubes.

La rana que era muy lista y no se llamaba Gustavo, cuando había un remanso saltaba hasta la orilla para poder nutrirse. Violeta se tenía que agarrar fuertemente sobre sus escamas y mientras el batracio peleaba —con fuerza desigual a su favor— contra un gusano , ella alzaba el vuelo para posarse sobre alguna flor que despuntaba tímidamente entre aquella maleza.

Creo que debemos cambiar de hoja. El río más abajo tiene mucha más corriente y necesitamos algo más grande y resistente…

¿Me estás llamando gorda? —le pregunto con sorna Violeta y no pudiendo evitar la carcajada al ver la cara de sapo que puso ella. ¡Es broma, no te enfades!

No lo hago, pero soy poco sociable.

Eres muy amable por dejarme viajar contigo.

Todavía no sé por qué lo hago…pero me gusta tu compañía.

¡Lo sabía! No podías ser tan gruñona como aparentas, ja,ja,ja.

¡Negaré haberlo dicho nunca, croac, croac,croac !—era su forma de sonreír.

Transcurría plácidamente el día. Violeta disfrutaba de la calma , el silenció y la salvaje naturaleza que le rodeaba junto a su nueva amiga. No necesitaban hablar mucho para entenderse a la perfección. Se sentía afortunada y reconfortada porque se estaban cumpliendo todos sus sueños. Estaba pletórica. Podía volar sin riesgo y volver junto a la rana cuando se cansaba. Le podía advertir de algún peligro que la ventaja de la altura le proporcionaba.

Y así fue cuando de repente el cielo se cerró adquiriendo un color gris oscuro. El viento dejó de soplar, el silenció se hizo sepulcral y ningún ser vivo daba muestra de su presencia. Hasta la corriente del río se detuvo súbitamente como esperando algún acontecimiento… El aire se volvió irrespirable consecuencia del aumento de humedad que se acentuaba más con aquel cielo plomizo. La calma daba miedo porque muchas veces era el anticipo de la tempestad. Pero aquella era diferente. Diminutas gotas difuminadas de agua empezaban a flotar en el ambiente , pero cuando Violeta miraba al cielo no veía caer agua. Poco después un rumor lejano rompía la tensa calma.

Creo que hasta aquí ha llegado nuestro viaje juntas —dijo la rana.

¿Por qué ? —Se asustó Violeta.

Mira adelante.

Lo que vio la dejó paralizada y muda. El río se perdía de vista como si hubiera sido cortado. Como si a pocos metros el mundo se precipitara hacia su final. Y no le faltaba razón. El río y todo lo que en él habitaba caía en picado por aquella catarata. A medida que se acercaban, la corriente se aceleraba bruscamente. Ahora llovía desde abajo y eran arrastrados hasta aquel abismo que a ella le parecía la entrada al mismísimo infierno. Apenas quedaban unos metros cuando las miradas asustadas de las dos se encontraron.

Cuando yo salte, tú vuelas.

Te echaré de menos, amiga —le contesto Violeta.

La rana dio el salto de su vida para intentar alcanzar la orilla antes de que la corriente le arrastrara definitivamente. Violeta agitó sus alas con exasperada torpeza. Comenzó a volar. Le costó atravesar la nube de agua que anunciaba el precipicio, pero finalmente consiguió dejar atrás la poderosa fuerza que la succionaba. Cuando se sintió segura miró hacia abajo pero no encontró el final de aquel torrente. El agua parecía ser engullida violentamente. El ruido era ensordecedor aunque le pareció bello la espuma blanca y espesa que formaba el agua chocando contra sí misma.

Buscó con la mirada a su amiga y tampco la encontró. Descendió poco a poco hacia la orilla del del río, manso otra vez. Le entraron ganas de llorar por la pérdida, pero no tuvo tiempo pues su vuelo fue interrumpido de golpe. Había sido atrapada por una red.

Meco

Inquieto e inconformista de pensamiento. De vida tranquila y convencional. Sobrevivo a esa supuesta contradicción gracias a la ironía y al humor. No soy escritor; pero me gusta escribir. Lo intento encadenando palabras con sentido para describir aquello que todavía me conmueve. Buscador incansable...sigo sin poder contestar a la pregunta que me hacían de pequeño: "¿Y tú, de mayor qué quieres ser?".

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